El miedo que tengo


Luis María Valero (@mondo_moyano)

«Todo es movimiento irregular y continuo, sin dirección y sin objeto» (Montaigne, 'Ensayos').
«El miedo que tengo, no lo quieras saber. Es peor si pienso, no me hagas pensar otra vez» (Astrud, 'El miedo que tengo').

San Fernando, 3; Real Murcia, 2
¿Sabes lo que me da más miedo esta noche? Más incluso que otra derrota sádica, más incluso que nuestra defensa de gelatina formada casi íntegramente por tipos que en junio eran de Segunda División y que probablemente entonces habrían vomitado si les dices que en octubre jugarán en San Fernando. No, no, eso es césped, eso se puede arreglar, y en consecuencia no asusta tanto como lo que atañe a la institución, porque esto último sí que toca hueso. Lo que más pánico me da es sospechar que si Moro fuera un millonario clásico, si fuera un Samper de principios de los años 2000, hace tiempo que habría mandado a Deseado Flores a su casa, o al menos a otras labores que sonasen importantes y no lo fueran demasiado, no sé, manager de algo no decisivo. Es decir, se le aplicaría la misma guillotina que al resto, la misma que a la plantilla del año pasado, la misma que a Mir (!), la misma que a Sanlúcar, la misma que a tantos empleados del club, ojo, porque los nuevos dueños quizás hayan echado hasta a la que limpiaba Cobatillas, y puede que justificándoselo con informes y gráficos de rendimiento. Pero a Deseado no se le juzga, a pesar de que ha dado más motivos que los anteriormente ajusticiados, a pesar de que el fútbol no se le da bien, por decirlo suavemente, según informan muchos de los que le han tratado. Lo que más miedo me da es que Deseado sea incuestionable, porque eso me hace pensar que Deseado pone pasta, y que esa pasta es necesaria y le asegura ser manager de cosas decisivas, hasta que él quiera. Por tanto, eso derriba a Moro del pedestal del millonario clásico, del pedestal de Samper años 2000, y lo sitúa en el pedestal de las incógnitas, y al Murcia en el pedestal de los que tendrán problemas gordos pronto.

El Murcia perdió en San Fernando como sólo él sabe perder, o al menos como sólo muy pocos saben. 1-0; 2-0; 2-1; 2-2; 3-2. Sólo números, pero detrás de ellos, un arrasamiento. Humanos arrasados por ese 3-2 a última hora, después de que el empate de Chamorro nos hubiera puesto a todos en pie, mirando fijamente a la radio y moviendo todas las extremidades a la vez. No hay artículo en la Constitución que nos pueda proteger de ese gol del San Fernando al final del partido. El Murcia está ahora en promoción de descenso a Tercera División. El Murcia iba para músico esta temporada, iba para tenor, y de repente se descubre a sí mismo como un pequeño tendero, entre otras cosas porque echó a (bastantes) jugadores válidos y fichó a (bastantes) mediojugadores. Fichó a muchos futbolistas de esos que parecen, parecen, y despreció la necesidad de fortalecer con perros de presa las dos posiciones más importantes en esta perra categoría: central y mediocentro. Cuando uno que va para tenor se encuentra de repente siendo un pequeño tendero, cuidado: le cuesta aceptarlo, no está preparado para ello, y lo mismo hasta se muere. Si eres pequeño tendero, hay que olvidarse de Mozart rápidamente, o es tu fin. Íbamos para otra cosa, íbamos para músicos. Hay que escalar. En el mundo del pequeñotenderismo no sé si podremos sobrevivir, porque ser pequeño tendero es un arte, pero ese arte no lo dominamos nosotros, que somos de puerta grande o enfermería, y lo mismo en junio aparecemos muy quietos en un charco de sangre. Auxiliar administrativo, o algo. Progresar, pronto. Sólo Salmerón. Estamos en sus manos. Como pequeños tenderos, deprimición, balanceo  tembloroso en postura fetal en mitad de un pasillo del Carrefour, y gente avisando por teléfono al psiquiátrico de El Palmar. Tirar los discos de Mozart por la ventana, o morir. "Aparece ahorcado un pequeño tendero que no sabía ser pequeño tendero y que de hecho nunca lo aceptó". Llamadas al 'Hablar por hablar': "Yo quería ser tenor", y llanto en directo. Nueva llamada al psiquiátrico de El Palmar. Salmerón: tú, tú, arréglame-arréglame-arréglame. Aún podemos, ¿verdad? El mejor portero de la categoría, dicen, o qué. El Real Murcia Club de Fútbol, de buena familia. ¿Estamos a tiempo? ¿Podemos reconducir todo esto? Íbamos a ser tenores. 

Tengo miedo.

Real Murcia: El mejor portero de la categoría, etc.
Goles: Mellor non falar.

El boli rojo


Luis María Valero (@cobreyestanio)

Real Murcia, 3; Marbella, 0
A la clase de Francés de 3º de la ESO no vino ese día la profesora titular, la de siempre, esa bajita de pelo corto y gafas, la tonta aquella cuyo nombre he olvidado por completo. No apareció la supuesta dueña de la plaza, aquella tonta, la que una mañana, de repente nos lanzó un "he rechazado una oferta para dar clase en la universidad, y ha sido por vosotros", muy tonta, aquella, queriendo actuar, queriendo ganarse nuestro afecto al fingir que renunciaba a no sé qué plaza porque nos apreciaba mucho, lo cual era falso, porque su indiferencia al impartirnos clases sólo era empatada por nuestra indiferencia al recibirlas. Un día no apareció, digo. Aquella. Se nos informó de que esa mujer iba a estar aproximadamente un mes de baja porque había sufrido algún tipo de fractura, la tía, si bien soy incapaz de recordar qué le pasó exactamente. Sólo se enteraron de los detalles las chicas de clase, porque su empatía, siempre tres zancadas de rinoceronte por delante de la nuestra, tiró de ellas y las arrastró a hacer las preguntas exactas, a los individuos que conocían la verdad ampliada sobre mi profesora. Yo sólo sé que un día no apareció ella (aquella), sino que apareció otra (otra), cuyo nombre sí recuerdo: Flor. Se llamaba Flor, la que vino, aunque perfectamente podría haberse llamado Victoria Basadre. 

Muy difícil todo, para Flor, que tendría unos sesenta años. Muy complicado ganarse al vestuario, porque sabíamos que ella no decidiría quién renovaba y quién no en esa clase de Francés, a final de temporada; sabíamos que ella no cogería nunca El Boli Decisivo para anotar lo igualmente decisivo junto a nuestros nombres. No, no, Flor carecía de legitimidad moral para coger ese Boli; ella lo sabía, nosotros lo sabíamos. De Flor solamente se esperaba que fuera y que estuviera, que apareciera por clase y hablara durante unas cuantas semanas, hasta que regresara aquella, la bajita con gafas, para mí no muy lista. Sabíamos que Flor se iría pronto, igual que los jugadores del Murcia sabían que Basadre se iría pronto, y, por tanto, todo avance que Flor logró arrancarnos en el ámbito del Francés tuvo un doble mérito, igual que todo avance que Víctor Basadre haya logrado arrancar del Murcia (esencialmente estos tres puntos) tiene un doble mérito. De Flor se esperaba poco pero ella se rebeló contra la fecha que tenía tatuada en su frente, contra la duración, y realmente peleó por enseñarnos Francés, a nosotros. Igualmente, Basadre se rebeló contra la fecha que tenía tatuada en su frente, contra la duración, y realmente peleó por que el Murcia mejorara y ganara puntos. Lo primero no lo ha conseguido, porque el Murcia ha firmado con él los dos partidos más desastrados de la temporada, pero quedará esta victoria, y su orgullo de sustituto, de aspirante un día a coger el Boli Decisivo, y entonces sí, entonces poder decirle con toda la legitimidad a Santi Jara: "Oye, Santi, tú, el que se toca la orejica mirando a la grada cuando celebra un gol: esa ruleta a lo Zidane que te has jugado después en el centro del campo para regalar la bola y provocar un contraataque del Marbella que casi acaba en gol... sabes en lo que te convierte? Exactamente. En el extremo titular del decimotercer clasificado del Grupo IV de Segunda B".

Y después guardar silencio, esperando su respuesta, desde la legitimidad del que es el propietario de la plaza, y del que sabe que sólo exponiendo muy claramente y a la cara verdades muy crudas puede comenzar este Murcia a tener algo de la seriedad que se necesita para competir. Y luego seguir con Forniés, y preguntarle qué entiende él por defender. Y llegar a Pedro Martín, y analizar su actuación después de repantigarse en el 1-0 que marcó nada más empezar. Muchas cosas, muchas cosas. Y no estamos tan lejos, ojo, no tan lejísimos, pero Salmerón tiene que sacar el boli rojo ya enseguida. No un boli de cualquier otro color, no, sino del color más temido. El boli rojo. El Boli Decisivo. 

Real Murcia: Biel Ribas; Fede Vega, Forniés, Pedro Orfila, David Mateos (Juanma, 67'), David Sánchez, Santi Jara, Armando, Elady; Pedro Martín (Llorente, 61') y Víctor Curto (Salva Chamorro, 44').
Goles: Pedro Martín, Santi Jara y Elady.

Cehegín, 1995

Alejandro Oliva (@betandtuit)

Córdoba B, 4; Real Murcia, 3.
Hablo de memoria, así que perdona si fallo en algún despeje o me resbalo en algún dato. Hablo sólo de memoria, porque hay un año de nuestras vidas que, como no está en bdfutbol, sólo está en la memoria. Fue el único año de Tercera, de la tercera actual, o sea de cuarta, hace ya 22 temporadas. Aquel año empecé a estudiar lejos de Murcia, a unos 700 kilómetros, y quizá por eso tenga pocos recuerdos pero bien almacenados, de los que no se borran. Aprovechaba cada viaje a Murcia para intentar ver al Murcia, incluso en algún entrenamiento, y entre puentes, vacaciones y alguna locura conseguí ver buena parte de la temporada. También tuve algún golpe de suerte: un Cehegín-Murcia que se aplazó en el descanso, o poco antes del descanso (hablo de memoria) se reanudaba justo la tarde en la que regresaba a casa por Navidad, así que mi padre y mi hermano me recogieron en la estación de autobuses, en el viejo Lancia granate, y después de tomar algo rápido salimos para el polideportivo de Cehegín. El partido se había suspendido con 2-0 en contra, ojo, pero en aquel Lancia, con esa ilusión de regresar a casa, del inicio de la Navidad y de volver a ver al Murcia, no se contemplaba una derrota. Quedaba toda la segunda parte, o casi toda. Pero nada más reanudarse el partido, el Cehegín nos clavó el 3-0, ante la euforia histórica de la parroquia local y la cara de tonto del murcianismo desplazado. Hacía frío, lo recuerdo todo muy oscuro, había estado 12 horas en un autobús y perdíamos 3-0 en Cehegín, en Tercera, o sea, en cuarta, cuando a mis 20 años más de la mitad de mis recuerdos eran de un Murcia en Primera o campeón en Segunda. Creo que nos costó muchos minutos reaccionar, pero lo hicimos. Fue la gran tarde (hablo de memoria) de un zagal que se llamaba Reche. Él metió dos y Herrera otro, casi todos en la recta final, el último incluso en el descuento, en un huracán final que nos hubiera dado la victoria si el partido hubiera durado un par de minutos más. Habíamos puntuado en Cehegín después de ir perdiendo 3-0 y, aunque a mis 20 años más de la mitad de mis recuerdos eran de un Murcia en Primera o campeón en Segunda, volvía feliz a casa en aquel viejo Lancia granate.

Este lunes, casi 22 años después, el Córdoba B marcó el 3-0 poco antes del descanso y mi cabeza se fue a Cehegín, claro, al año que, como no está en bdfutbol, sólo está en la memoria. Casi nada  recordaba al escenario de entonces, salvo el 3-0 y el riesgo de desaparecer, pero mi cabeza se fue a Cehegín para encontrar un lugar en el que el Murcia reaccionó, para agarrarme a algo en mitad del naufragio. Era el primer Murcia de Basadre, que durante la semana nos había ilusionado a los que somos de ilusión fácil. Leímos que era gallego y apasionado, que tenía 47 tacos y las cosas claras, que era hombre de fútbol de toda la vida; leímos que, desde los 16 años había visto de tres a cinco partidos en directo cada fin de semana, y que estaba ante la oportunidad de su vida. Los que somos de ilusión fácil nos ilusionamos, y pensamos que por fin podía ser la nuestra, que este tapado podía ser nuestro hombre. Pero Basadre nos desencantó algo de inicio con su once, al menos a los que creemos que todo proyecto futbolero serio a corto plazo pasa por no encajar goles. Y además sin Armando, Basadre, socio. Marcó el Córdoba B el 3-0 poco antes del descanso, y mi cabeza se fue a Cehegín. Pero Curto marcó tan rápido el 3-1 y empatamos tan cómodamente en la segunda parte que parecía mucho más fácil que en Cehegín. Ojo a Basadre, que arregla esto y despegamos. Los de ilusión fácil lo vimos ganado. Quedaba un cuarto de hora, el partido se había templado y Basadre, 47 tacos y ante la oportunidad de su vida, desde los 16 años de tres a cinco partidos en directo cada fin de semana, tenía en el banquillo a un futbolista con unos 27.000 partidos en Segunda B y a otro con 66 minutos en Segunda A. Parecía una decisión fácil, pero qué difícil es el puto fútbol. Qué complicado debe ser. El cuarto gol del filial fue un palo muy duro, de esos que enciende al más pusilánime, que crucifica a inocentes, que irrita hasta la desesperación y te deja sin hambre ni sueño ni esperanza. Por suerte, mi cabeza se había ido a Cehegín. Se había refugiado en un lugar en el que el Murcia reaccionó, como tendrá que hacer este año. Mi cabeza estaba en los recuerdos del año que no está en bdfutbol, y acaso también en los recuerdos de todos los años que están en bfdutbol, montado en aquel viejo Lancia granate, junto a mi padre y a mi hermano, camino de algún lugar donde jugara el Murcia.

Real Murcia: Biel Ribas, Fede Vega, Pedro Orfila, David Mateos, Forniés, Santi Jara, Juanma, Fernando Llorente (Armando, 56'), Elady (Nadjib, 78'), Pedro Martín (Salva Chamorro, 87) y Víctor Curto.
Goles: Demasiados.

Misterios

Alejandro Oliva (@betandtuit)

Real Murcia, 1; Mérida 1.
Un misterio recorría las calles de Murcia en los días más fríos del mes de enero; un misterio a la altura del que nos empuja a los murcianos a sacar al balcón la bandera de España, el país que nos maltrata y nos arrincona, nos desprecia o ignora, según el día, nos da menos dinero del que nos corresponde por cabeza, y por justicia social; el país que, además, permite que un merluzo de extrema derecha nos descienda a Segunda B saltándose su propio ordenamiento jurídico; un maltrato real y tangible, y no como el basado en símbolos o en discursos de irresponsables agitadores de odio. Pero era otro misterio aquel que, en los días más fríos del mes de enero, nos desvelaba durante la noche y nos desconcertaba durante el día, un misterio que recorría bares, peluquerías modernas, mercados medievales. ¿Por qué el Baleares había dejado marchar a David Sánchez? ¿Por qué un equipo que quiere ascender prescinde de un futbolista así, que además lo había jugado allí casi todo? Después, lo vimos jugar, mandar, dar sentido y criterio al juego de un Murcia que creció con él, y el misterio se acrecentó. ¿Por qué? ¿Por qué David aquí? ¿Por qué ha tardado tanto en llegar El Mesías? ¿Por qué este tío, por qué el Fernando Redondo de este siglo, no ha jugado más, no ya en Segunda, pijo, sino en Primera? La vida está llena de misterios, se ve, es imposible explicar todo, nos decíamos.

El último Murcia de Sanlúcar se presentó ante el Mérida con un once transformado, el más parecido al primer Murcia de Sanlúcar, quizá porque Sanlúcar intuía que era el último Murcia de Sanlúcar. Bien conducido por Juanma y Carnicer, fantásticamente sostenido por el mejor Mateos del año, dominó el partido a placer, y llegó bastante y bien a la portería rival, mientras que el Mérida apenas se acercaba a Biel. Era el clásico partido que suele durar lo que tarda en llegar el primer gol, vista la llegada del rival. Pero el que no llegó fue el segundo gol, y eso, en la situación del Murcia, te condena a la agonía. Desde el arranque del partido, la necesidad de volver a ganar se había reflejado en imprecisiones y errores tontos, provocados por la presión del Mérida, que olía nuestro miedo, la gran amenaza de la tarde para el Murcia. Pero los fallos se multiplicaron en la última media hora. El equipo necesitaba el empujón de la grada, y la grada, una vez más, no falló: acompañó las dudas del equipo con un recital de pitos y protestas desmedidas (el Mérida no había tirado a puerta), en una comunión perfecta de despropósitos entre los jugadores y la grada, como hacía tiempo que no se vivía. Fueron unos minutos vergonzosos, en los que no parecía extrañar nada: ni que el equipo no defendiera con un mínimo de seriedad una falta lateral ni que parte de la grada celebrara el gol del rival. Todos unidos, como una sola alma, que dice el himno, contra Manolo, y sólo una gran acción de Biel evitó la derrota. Manolo se va y con él vuela otro proyecto, uno más, de armar un Murcia reconocible, nuestro, con estilo propio, con un técnico y un puñado de jugadores que permanezcan en el club cinco o seis temporadas; vuela otro proyecto de construir por fin un equipo de fútbol con mayúsculas, esté en la categoría que esté, con jugadores que no vendan el escudo en el campo con el beneplácito de parte de la grada. ¿Por qué en cien años jamás un entrenador ha podido entrenar más de dos temporadas seguidas y enteras al Murcia? La vida está llena de misterios, se ve, es imposible explicar todo, pero también de cosas que tienen una explicación sencilla. En estos cien años hemos aprendido bastante bien a esquivar muchas de las balas que nos llegan desde fuera, a sobrevivir maltratados, arrinconados y despreciados, pero resulta imposible sortear los tiros que nos disparamos al pie año tras año.

Real Murcia: Biel Ribas; Fede Vega, Orfila, David Mateos, Xiscu (Juanra); Juanma, Carnicer (David Sánchez); Santi Jara, Jordan, Elady; Chamorro (Víctor Curto).
Goles: 1-0, Javi Chino, en propia puerta (37'). 1-1, Ante la pasividad de la defensa (84').

La buena vida


Alejandro Oliva (@betandtuit)

Villanovense, 1; Real Murcia, 1.
Henry Howard, precursor de la poesía renacentista inglesa, conde de Surrey y alguna que otra cosa, fue ejecutado con tan solo 30 años, por tarjeta roja injusta, parece, pero el tío tuvo el tiempo suficiente para entender en qué consiste esto de la vida, y hasta de dejarlo por escrito. "Dejar volar lo que se fue", dice Howard, con dos cojones, que es la buena vida para él. "Con mente limpia y siempre en calma", propone el conde, entre otras cosas. "Saber dormir sin ansiedad", remata, finísimo, revelando en sólo un verso casi todos los secretos de la vida, cinco siglos antes del boom de los libros de autoayuda. Saber dormir sin ansiedad, sí, sí. No hay otro secreto para ser feliz, por muy buena que esté la gamba roja, el jamón ibérico o el tocino plancha. La vida sosegada, la paz interior; tan fácil y tan inalcanzable, tan alejada de nuestra naturaleza humana, que tiende a la insatisfacción, a la ansiedad del que piensa en la cena mientras come. El Murcia de este año, este nuevo buen Murcia ambicioso e ilusionante de Raúl Moro, ha corregido con trabajo, ganas y murcianismo muchos errores de planificación que cometía el samperismo (presamperismo y postsamperismo incluidos), pero ha cometido en su origen un error mayúsculo: ha prometido el ascenso, que en Segunda B es algo parecido a prometer que te tocará la lotería. Imagino que fue una reacción rabiosa tras la (inesperada) eliminación contra el Mestalla, y la maniobra llegó hasta el punto de concretar precios para Segunda A en la temporada 2018/2019 (!); imagino que fue un intento, acaso inocente, de reclutar a ese murcianismo que quiere mucho a su Murcia, pero sólo cuando gana y sube. El problema es que nos lo hemos creído todos. El murcianismo duerme mal, como encabronado porque no ha ascendido en septiembre, tan centrado en la meta que ha olvidado disfrutar del camino. "Ya va siendo hora de ser grandes", nos han dicho, como si no tuviéramos bastante ya con ser del Murcia. Es un enfoque que confunde la ilusión con la soberbia; que cambia la esperanza por promesas absurdas. "Con mente limpia y siempre en calma", nos dice Howard, desde el siglo XVI. Nada más lejos del histerismo que vive el murcianismo este año.

El Murcia de Sanlúcar camina firme en Liga, retrasado, sí, pero firme. Sin perder en tres salidas complicadas y con un solo tropiezo en casa, en el primer partido (en la otra derrota no nos dejaron puntuar). Con las deficiencias de un equipo que está por hacer, claro, pero compitiendo formidablemente (incluso en el partido en el que no nos dejaron puntuar) y con unas ráfagas de fútbol ofensivo que anuncian un estilo atractivo, que nos llevará muy arriba, seguro, en cuanto estos jugadores sean un equipo. El Murcia de Sanlúcar camina firme en liga y, además, se ha mostrado soberbio en Copa, ojo, con tres victorias jodidas e impecables de las que el murcianismo, sin embargo, ha salido serio, sin una sonrisa en la cara. Ha salido encabronado. El murcianismo está durmiendo mal. "Deja pasar lo que se fue", aconseja el conde de Surrey, que parece referirse al descenso administrativo, al Hércules, al Toledo, al cabreo con Aira y con Chavero, con el mundo en general. "Deja pasar lo del Mestalla", nos susurra el cabronazo del conde desde el siglo XVI. Déjalo pasar y disfruta de la elegancia de Juanma, que aún no tiene 20 años el payo, de cada gol de Curto, hasta de los que parezcan intrascendentes, de cómo la baja Pedro Martín. Disfruta de la jornada 11 y de la 24, disfruta incluso del típico pinchazo prenavideño, de las tardes oscuras de febrero, de cada desplazamiento, aunque sea al campo de un filial de mierda. Disfruta del camino, sobre todo porque el resultado va a ser el mismo. E intenta dormir sin ansiedad, hombre. Ya nos avisó Henry Howard, tuvo tiempo de hacerlo a pesar de ser ejecutado con tan solo 30 años. No hay otro secreto para ser feliz, por muy buena que esté la gamba roja y el tocino plancha. Si hay algo seguro es que ningún ascenso futuro te hará recuperar la sonrisa que no esbozaste ayer. 


Real Murcia: Biel Ribas, Juanra, Orfila, Mateos (Álex Ortiz, 79), Xiscu; Juanma (Jordan, 46'), David Sánchez, Elady (Abel Molinero, 74'), Fran Carnicer; Víctor Curto y Pedro Martín.
Goles: 1-0, Annunziata (20'). 1-1, Víctor Curto (64'). 

Que te echan, Manolo


Luis María Valero (@bot_de_colores)

Real Murcia, 1; Ucam, 2
Manolo, míster, no sé si lo sabes, pero estás muy cerca de que te echen. No te pienses que este club lo manejan nórdicos trajeados; no te pienses tampoco que queda algo en el Murcia de esa paciencia casi artística de Jesús Samper. No, no, eso ya se acabó, y nuestro único puente con aquella etapa es el reclutamiento de su histórico secretario técnico, José Antonio García Franco, el pobrecito Franco, que siempre sabía lo que había que hacer, siempre sabía a quién había que fichar, pero nunca le escuchaban. Te digo, Manolo, que éste es otro Murcia, uno que es de comida rápida e incluso rapidísima. Para Samper, este arranque habría resultado casi que prometedor, y probablemente te habría emplazado a una reunión en noviembre "para volver a hablar de la marcha del equipo". Los de ahora son otros lópez. Nuestros actuales gestores tienen el convencimiento de que te han dado plantilla suficiente para pasearte, y de ahí no los vas a sacar. Ellos no tienen ni zorra de fútbol (a priori), pero saben lo que le están pagando a Santi Jara, saben que han traído muchos jugadores de Segunda, y tú, Manolo, no eres nadie para ellos. Alguien de quien tenían buenas referencias, nada más. Tú no vienes de Segunda, tú no traes contigo grandes triunfos, tú has sido siempre el primero en caer en la historia del Murcia, esto ya lo he visto antes. Tú tenías otros rostros, tú tenías otros nombres, pero el epitafio siempre fue el mismo: "Le vino grande".

Le sacaron pegas a Vicente Mir, Manolo, fueron irrespetuosos con él, y ni siquiera le ofrecieron la renovación. Si así trataron a un hombre que hizo números de líder, tú ya tienes que empezar a vigilar tus espaldas cuando llegues al portal de casa. Son jóvenes pero tienen el viejo concepto: "inconcebible perder con el Écija". Por eso te sugiero, Manolo: haz lo que quieras, de una vez, mientras sigas con vida. ¿Viniste a jugar con mediapunta? Pon a tu mediapunta. ¿Te apetece sentar a algún ojito derecho de Deseado? Mándalo a la grada. Sé valiente, Manolo. No sé si lo fuiste este verano, no sé si tenías los galones o el coraje para levantar la voz y decirle a Deseado: "A ese que me propones no lo quiero. Quiero a estos dos del Villanovense, hostia, y a este otro del Mérida, quiero a los que yo sé que valen". ¿Dijiste esa frase? No tengo ni idea. Pero ahora estás en peligro.

Fue un partido igualado, contra un rival que debía ser extremeño o de Andalucía occidental, supongo, porque vinieron pocos y silenciosos, como cansados por un viaje agotador. El Murcia estuvo condicionado por la temprana e injusta expulsión de uno de sus mejores jugadores en ataque, Santi Jara, que, por lo demás, es un jugador con tendencia a desaparecer, y de esos a los que no le duele la pelota cuando un rival la conduce cerca de él. Es decir, anárquico, como varios de los futbolistas que ha fichado Deseado. En otro orden de cosas, el Murcia sigue fiel a su heroico intento de ascender a Segunda con un mediocentro que no puede. David Sánchez es, desde el calentamiento, el mejor jugador sobre el césped: nadie tiene tanta visión de juego como él, nadie tiene tanta personalidad, tanto toque a balón parado. Pero no puede. David, que tras el descanso del partido de playoff en Mestalla no debió volver a jugar un solo minuto de esa eliminatoria, comete, lastrado por su físico, fallos que condenarían a Siberia a Juanma o cualquier canterano, pero para los que él sí parece tener licencia. Con él sobre el césped, al Murcia le terminan comiendo el centro del campo antes o después, siempre. Pero Manolo sabrá. Lo que no sé si sabe Manolo es que en la cocina del Lizarrán hay un hombre afilando cuchillos mientras susurra el viejo epitafio: "Le vino grande... le vino grande..."

Real Murcia: Biel Ribas, Juanra, Pedro Orfila, Álex Ortiz, Forniés (Xiscu, 62'), David Sánchez, Armando, Elady Zorrilla, Santi Jara, Víctor Curto (Salva Chamorro, 79') y Pedro Martín (Fran Carnicer, 72').
Goles: 0-1 (Quiles, 8'), 0-2 (Quiles, 64'), 1-2 (Elady, 91').



Un día en Los Palacios


Alejandro Oliva (@betandtuit)

Recreativo de Huelva, 1; Real Murcia, 1.
El tipo bajó cuatro o cinco filas del Nuevo Colombino y se acercó a la zona donde unos diez murcianistas nos habíamos juntado en la Lateral. Casi antes de sentarse, y como si hiciera falta un motivo para estar viendo al Murcia en Huelva, nos explicó el suyo: su jefe lo había mandado a Los Palacios a montar un Día. A montar en Los Palacios un Día, repitió, y pensé en lo poético que le hubiera quedado a Garcilaso hace cinco siglos y en lo prosaico de la vida de aquel zagalón murciano encargado de instalar un supermercado Día en la localidad sevillana de Los Palacios. Entró al estadio algo tarde, por las formidables colas del Colombino, pero pronto mostró ser un hincha de los que no necesita calentar y empezó a cagarse en todo lo imaginable, sobre todo en la puta, con un tono enérgico, vibrante, futbolero, que nos hizo respetables en aquella grada. “Ojo, que estos no han venido de Murcia de paseo: han venido a cagarse en la puta”. Fino, serio, ágil y menudo, con gafas metálicas y aire despistado, preguntó por el Murcia contra el Écija, por los nuevos, por las sensaciones, pero parecía saberlo casi todo, estar muy al día del equipo de su tierra. Su jefe le había encargado montar un Día en Los Palacios, sólo eso. Y no parecía quedarle mucho para dejarlo montado y volver a casa, que ya estaba bien. Me cago en la puta, hombre.

En el Nuevo Colombino, a 125 kilómetros de Los Palacios, el nuevo Murcia empezó a dar señales de lo que puede ser el Murcia de Sanlúcar. No era fácil plantarse en Huelva tras la primera derrota, ante más de 10.000 recreativistas (que, ojo, aunque pueda sorprender, también quieren ser primeros de grupo) y dominar el partido, no dejar apenas llegar al rival, adelantarse en el marcador y seguir mandando después, hasta el descanso. Pero en la segunda parte el Recreativo aceleró, sacó la chispa, la calidad (con la que, ojo, aunque pueda sorprender, también quieren ser primeros de grupo) y superó al Murcia en 20 minutos en los que pudo ser goleado. Falta mucho, falta montar el equipo, pero la sensación es que Sanlúcar ya ha dado con un mínimo para competir mientras trabaja para encontrar su Murcia, a pesar de partir de cero, de que ha tenido que construir desde la nada. Falta mucho, pero el equipo incluso terminó mandando, tras los cambios, y pudo terminar ganando en una recta final en la que logró encerrar a los locales. Una de Curto a la media vuelta hubiera sido demasiada felicidad para los diez murcianistas que nos habíamos juntado en la Lateral. Me cago en la puta, gritó por última vez el tipo, pero casi sin aliento, como si ya tuviera la cabeza en Los Palacios y diera el empate por bueno. Se despidió con una mueca amistosa, subió las cuatro o cinco filas del Nuevo Colombino, ágil y menudo, con aire despistado, y pensé, mientras empezaban a resonar en Murcia las primeras dudas de los descerebrados hacia el nuevo míster, en si a Sanlúcar le dejarán al menos montar su Día en Los Palacios.

Real Murcia: Biel Ribas, Fede Vega, Pedro Orfila, Álex Ortiz, Armando, David Sánchez, Fernando Llorente, Abel Molinero (Xiscu, 60'), Santi Jara y Pedro Martín (Salva Chamorro, 73').
Goles: 0-1 (Pedro Martín, 29') 1-1 (Boris, 55').