Un colista con pasado


LM Valero (@mondo_moyano)

Real Murcia, 1; San Fernando, 2
¿Nunca te has perdido a ti mismo en un bar de mierda? Un sábado noche cualquiera se impone de repente el criterio del amigo equivocado, y te ves hacinado en un local de pachangueo murciano-madrileño (aspirante a madrileño, esos son los peores) que te hace ser menos tú, que te desgarra y te disminuye. La música, el ambiente, incluso la iluminación, todo se te clava, porque no concuerda con tu espíritu, sea cual sea ese espíritu, sea cual sea su calidad. Es un presente que te duele, en el que das vueltas dentro de una lavadora: desarraigado, golpeado, expuesto. Si hablas, dices cosas menos interesantes. Si te mueves, son movimientos menos coordinados. Es fácil dejarse arrastrar, aceptar esa versión reducida de ti mismo, normalizar la deriva. Pero no, no: hay que rebelarse. En mitad de ese caos, es fundamental recordar que hay una raíz a la que agarrarse, un pasado que te define. Tienes que abrir la puerta de ese presente, salir un instante fuera y asomarte a ti mismo. Una vez has recordado quién eres dentro de ese bar de mierda, tienes que enunciar en voz alta: "Pero qué hago aquí" (se gira sorprendida una chica). "Pero si a mí no me gusta esto" (se gira otra chica). Ahora en voz realmente alta: "¡Pero si yo siempre me lo he pasado bien en otro tipo de sitios!" (un portero de seguridad se dirige hacia ti). Todos podemos ser colistas un sábado noche, si se impone de repente el criterio del amigo equivocado, pero el problema es no protestar espiritualmente: no ser conscientes de que tu trayectoria de sábados noche, tu pasado, es otro distinto. Hay un pasado y a eso te agarras en los momentos de crisis, ésa es la brújula. El Real Murcia está tambaleándose ya en la jornada cuarta, pero tiene que abrir la puerta de ese presente, salir un instante y mirarse desde fuera, fijándose especialmente en su pasado, en los pasados que acumula esta plantilla, y que desde la lógica deben servir de brújula.

En el colista del Grupo IV no juegan ni Armando, ni Josema ni Curto, tres jugadores con pasado, tres jugadores que han demostrado ya cosas en un club donde pocos han demostrado algo. Lo que voy a decir a continuación no es un menosprecio, sino la cruda descripción de la realidad: es la primera vez que nuestro director deportivo hace un equipo de fútbol, el entrenador viene de Tercera, y gran parte de esta plantilla carece de experiencia en un equipo de la exigencia del Murcia. Esas incógnitas pueden despejarse para bien, los dados pueden sonreírnos, pero todo es un misterio. No hay un pasado. Y cuando llegan las tribulaciones, la trayectoria gana prestigio. "No sé si es que nos tiemblan las piernas", dijo Adrián Hernández en rueda de prensa. "Yo creo que es algo escénico, porque hay jugadores que se están viendo en una situación nueva", añadió. Ante ese tipo de palabras es imposible no acordarse de los que ya han demostrado que tienen piernas firmes. Armando ha sido titular indiscutible en un Murcia que se metió cuatro temporadas consecutivas en playoff de ascenso. Ese pasado (reciente) está ahí. Si Armando puede jugar sobrado en un Murcia que aspira a subir y no puede jugar en un Murcia tan limitado como éste, es que algo falla. Y si es que Armando está desconectado, hay que enchufarlo como sea. Por su parte, Josema es el único jugador de esta plantilla que quizás pueda estar en Primera dentro de dos o tres temporadas, y precisamente el único por el que un equipo de Primera ha ofrecido dinero este verano. No vinieron ni me temo que vendrán a por ninguno de los jugadores que le están sentando ahora mismo, sino a por Josema, que lógicamente estará pensando ahora mismo en largarse de aquí cuanto antes. En cuanto a Curto: a la pata coja, con tuberculosis y gateando sobre el césped tiene más calidad y más gol que toda la plantilla junta.

El San Fernando nos recordó precisamente que tus delanteros pueden ser capaces no sólo de rematar lo que les caiga, sino también de recibir de espaldas, bajar el balón, devolverla con criterio, inventar jugadicas, tirar paredes... jugar al fútbol. Lo que solía hacer Curto. Bien es cierto que esos delanteros no volverán a tener un partido tan cómodo como el que les facilitó la mantequillosa defensa del Murcia, con centrales que ni mordían, ni se anticipaban ni ejercían la más mínima intimidación. La primera parte fue un meneo del Sanfer, y el gol llegó en el minuto 45 como pudo llegar al principio o en el minuto 20. Fue el gol psicológico menos psicológico que recuerdo, porque se veía venir desde hacía mucho: fue consecuencia del juego y de la superioridad demostrada por el rival, que es mejor que nosotros sobre el papel, hombre por hombre, y también lo fue sobre el campo. Toda la primera parte fue psicológica.

Por supuesto, no existe la verdad absoluta, sólo aproximaciones desesperadas y dudosas y deformadas a la verdad, pero igualmente uno tiene que ejecutar esos intentos. Dice el filósofo Enrique Ballester que para escribir de lo que sea hay que tener un punto de ego, un creértelo, porque con una excesiva humildad, el folio siempre quedaría en blanco. Y sí, sí, seguramente ni puta idea de fútbol, pero el folio lo lleno igual, con mis aproximaciones. Una de las aproximaciones de Adrián a la verdad es que a este equipo "le está pesando la dinámica negativa de la que vienen muchos jugadores", en alusión a la mala temporada anterior del Murcia, supongo. Mi aproximación deformada y dudosa a la verdad se queda en territorios mucho más simples: a este equipo le está pesando algo tan sencillo como las carencias futbolísticas, y mejorará cuando disimule esas carencias o directamente no jueguen sus protagonistas. Cuando tu centro del campo tiene tan poca calidad, cuando tu lateral derecho (el único fichaje que ha mostrado potencial, si le enseñan a defender) le regala a su extremo diestro el espacio para que se meta tranquilamente por dentro en el borde del área y dispare precisamente con su derecha, cuando has plagado la posición de central de misterios insondables, cuando ninguno de los dos porteros mejora a Simón Ballester, cuando tu lateral izquierdo ha cometido ya todos los fallos graves que puede permitirse un defensa en una temporada, y cuando algún que otro jugador ha dejado ya muy claro que quizás nació en una pedanía de Moratalla o en Espinardo o en el último pueblo de Águilas antes de Almería, pero que difícilmente tiene nivel para estar en este club, a mí no me sale apelar a factores como 'la dinámica de la temporada pasada'. Yo imagino que cuando estos jugadores salen al campo no se acuerdan ya de si el año pasado fueron primeros, quintos o vigésimos, o si estaban más alegres o más decaídos entonces, igual que el Murcia campeón de Vidal no se acordaba de que el año anterior estuvo a punto de bajar a Segunda B.

No estoy entendiendo esas explicaciones de Adrián: tampoco entendí que moviera a Juanma a la mediapunta desde el puesto de mediocentro, donde venía destacando y ofreciendo su mejor virtud: el despliegue físico. Juanma no puede recibir de espaldas, no tiene claridad para eso. Quien sí demostró claridad y va a ser necesario en un equipo tan tosco es Víctor Meseguer, que debutó con muy buena nota y puede ser importante si dos pivotes le arropan y le permiten centrarse en tareas creativas. De esa valentía de Adrián también se beneficia Alex Melgar, que puede desahogar al equipo y abre una opción que han abordado muchos colistas a lo largo de la historia para salir de ahí abajo: encerrarse, defender a muerte, tirarle pelotazos a un gigante y luchar la segunda jugada. En cualquier caso, estos dos jóvenes representan tiradas de dados que pueden salir bien o mal, pero que exigen el apoyo de unas certidumbres mínimas, en otros puestos. Y debemos encontrarlas entre los nombres que todo el mundo imagina, precisamente aquellos que ya estaban aquí antes de que Algar viajara a Lorca, a Jumilla y a Guijuelo: Josema, Chumbi, Curto, Juanma, Armando, ¡incluso Bertomeu, que se ha esfumado de repente y que hoy estaría ya en Siberia junto a Simón si hubiera cometido alguno de los fallos que acumulan nuestros actuales defensas! Dice Ramón Andrés que un hombre sin memoria es un hombre condenado a extraviarse, y a este Murcia puede ocurrirle algo parecido. Nuestra memoria debe ser nuestro rumbo. Colistas sí, pero con pasado.

Real Murcia: Lejárraga, Álvaro Rodríguez, Antonio López, Julio Algar (Álex Melgar, 65'), Iván Pérez, Manolo, Juanra, Juanma (Meseguer, 65'), Marcos Legaz, Peque (Dorrio, 73') y Chumbi.
Goles: 0-1 (Omar Perdomo, 45'). 0-2 (Hugo Rodríguez, 60') 1-2 (Álex Melgar, 68').

Lo fácil que es perder


LM Valero (@mondo_moyano)

Córdoba, 1; Real Murcia, 0.
Ganar es muy difícil, casi imposible, y eso es algo que tenemos todos bastante claro. Dicen que hay equipos que se ponen 1-0 por delante en los primeros minutos del partido y que, tras navegar todos los mares de este mundo y enfrentarse a dioses prehistóricos, terminan sobreviviendo, es decir, acaban con ese mismo 1-0 que tan quebradizo parecía en un primer momento. Resguardan ese resultado, no se sabe bien cómo; lo acarician y lo protegen del equipo rival, que no está de acuerdo con que el partido acabe así. Transcurridos los siglos, el árbitro pita el final y resulta que el marcador está de su parte. Acaba el tiempo destinado al juego y todos les miran con un reconocimiento unánime: han ganado. No debe existir nada más complicado. ¿Pero perder? Perder es la cosa más sencilla de este mundo. Estornudas y has perdido. Le sueltas no sé qué frase desacertada a la humana que te gusta y lo mismo se marcha airada, tras una noche en la que habías encadenado prometedores acercamientos al área. Sólo un error basta, sólo un despiste. En dinámicas positivas, el error queda disimulado o compensado por otro error del rival, pero en las dinámicas que más abundan, es decir, en un día normal y corriente con calor de siesta en El Arcángel, pagas por ese error un precio muy alto, e incluso el más alto precio. 

El Murcia, que fue mucho mejor que el Córdoba, está pagando precios muy altos en este arranque de temporada, y es sólo por 'detalles', pero a mí no me nace vincular esa palabra a la suerte, el calendario o cualquier otro argumento etéreo. Los detalles tienen una raíz. Kevin hizo un penalti increíble en Cádiz, luego evidenció en la falta del gol del Algeciras que a él le gusta defender tirándose al suelo, aunque los entrenadores siempre hayan enseñado a sus defensas que al suelo sólo se va en situaciones límite, y contra el Córdoba volvió a estar fuera de posición en la jugada del (grosero) penalti de Juanra. Nada, son minucias, pero que se van acumulando: Álvaro también se despistó en el centro del gol del Algeciras, el domingo pasado. Un detalle aquí, otro allá... Son matices que te invitan a clamar al cielo y preguntar qué hemos hecho nosotros para merecer tanta mala suerte. Pero eso sería confundirse. Me gusta que Adrián no sea de los que se cree esas milongas del azar: a esa excusa se aferrarían el 90% de entrenadores, porque es lo sencillo. Lo crudo es mirar a los ojos a la realidad. Todo pasa por algo. También este inicio. 

Y el caso es que el Murcia tiene cosas, tiene cosas. Tiene a Chumbi, si le caen balones dentro del área, y especialmente dentro del área pequeña. Cuando eso ocurra, hará su trabajo. Tiene a Marcos Legaz, al que por primera vez le asomó toda la clase que lleva dentro, y que es mejor no encorsetar. Tiene a Juanma, que se ha convertido ya en Juan Manuel. Y por encima de todo, este equipo tiene fijada una virtud que parpadeaba dubitativa el año pasado: nadie se esconde, todos creen, y parecen preparados para sufrir. El año pasado, a saber. Regresando a las carencias: no tenemos mucho gol, pero imagino que casi nadie en Segunda B lo tiene todavía. Llegado el caso de que esa carencia de pólvora se hiciera estructural, no sería algo dramático: puedes salvarte con una delantera floja. Con lo que difícilmente puedes salvarte es con una mala defensa. 

Ah, la defensa, la singular defensa diseñada por Julio Algar sénior. De Kevin no hay nada más que decir, y si Álvaro se sosiega en defensa, será un jugador válido por su banda. Llegamos a nuestros dos jóvenes centrales: curiosamente, hacía tiempo que no teníamos ahí atrás dos tipos con condiciones técnicas tan sobradas. Edu Luna tiene poderío y calidad, y Julio Algar júnior (que fue uno de los mejores en Córdoba) tiene una gran visión de juego y una zurda de Primera División. Dicho lo cual: ¿Me los imagino disfrutando de la agonía de defender un 0-1 en La Línea de La Concepción?  Me cuesta. No sé si los veo navegando todos los mares de este mundo y enfrentándose a dioses prehistóricos. Lo que me apetece es verlos crecer, evolucionar, porque quizás puedan convertirse en muy buenos futbolistas, si resuelven sus limitaciones. La limitación de Edu está en la mente, y desconozco si tiene solución: demasiado acelerado y potencialmente propenso a meterse en líos (el actual mundo de Kevin). La limitación de Algar, intuyo pese a sus buenas actuaciones hasta la fecha, está en el físico: es muy sospechoso que la Cultural Leonesa no hiciera debutar el año pasado en su primer equipo a un central con esa zurda y esa clase. En cualquier caso, a los dos les falta mili para un puesto tan determinante, y por tanto son incógnitas a resolver con el tiempo. En Luna, por ejemplo, la conclusión quizás sea radical, en un sentido o en otro: o no puede jugar en el Murcia o lo mismo es un central para Primera, si desenreda su juego. Eso es lo que desconcierta de la planificación de Julio sénior: que el Murcia ha plagado los dos puestos más importantes de un equipo (portero y central) de misterios. Allí donde hay que vestir siempre de negro, Algar ha traído el arcoiris. A jugadores con poca experiencia (Tanis, Lejárraga, Luna, Algar) les ha sumado un futbolista que viene de un calvario de lesiones (Antonio López) y otro que ha estado fuera, dentro, queriendo irse, queriendo quedarse, recortado de sueldo e imagino que más que quemado con este escudo (Armando). No me cuadra demasiado.

Quería constatar una última realidad: qué poco se han reído del Murcia este verano. Qué poquísimo. Eso es bueno y es malo también. Es bueno, en lo institucional, porque por primera vez en milenios estamos haciendo las cosas con seriedad, y ese compromiso con lo real, con lo que podemos permitirnos, empieza a calar. Pero también es malo que no se hayan reído de nosotros, en lo deportivo. Yo esperaba un verano de titulares periodísticos en los que se anunciara que el Albacete se mofaba de nuestra oferta económica  de 300 euros para obtener la cesión de no sé qué jugador, o que el Valencia nos pedía esperar hasta el 20 de agosto para decidir si nos cedía gratis a ese delanterico prometedor del Mestalla. Esperaba incluso un desplante del Fuenlabrada, o del puto Alcorcón. Que nos mirasen por encima del hombro cuando les dijéramos que no hay equipo como el Murcia en Segunda B para lucir a un jugador con talento. Que peleáramos como perros por algún segunda gratis, nosotros, que tantos segundas gratis cedimos en aquellos años en los que íbamos de espléndidos. Que escarbáramos en el San Fernando, y que fuéramos a muerte a por ese mediocentrazo del Melilla que prefiere jugar en el Murcia antes que ganar 500 euros más. Pero no: hemos cogido el carro de la compra, hemos ido a Jumilla y a Lorca, y hemos vuelto a casa en silencio. El resultado es un Murcia más humilde incluso de lo que dicta su presupuesto, un Murcia que ha arrancado renqueante pero que cuenta con una gran virtud, inoculada por su entrenador: llegado el momento, será capaz de mimetizarse con el Sanluqueño. Peleará en ese mismo barro, de tú a tú. Y poco a poco aprenderá a hacer una de las cosas más difíciles que existen en esta vida: ganar partidos de fútbol. 

Real Murcia: Lejárraga; Álvaro, Edu Luna, Julio Algar Junior, Kevin; Juanra, Juanma (Alex Melgar, 67'), Manolo, Peque, Marcos Legaz (Josema, 70'), y Chumbi (Toril, 82').
Goles: Qué fácil es perder.

Perdidos

Oliva B (@beandtuit)

Real Murcia, 1; Algeciras, 1.
En toda pretemporada que se precie hay dos cosas que conviene no dejar de hacer nunca, aunque sólo sea una vez cada pretemporada: ver un partido de tu equipo in situ e ir al cine de verano, o cine de pretemporada, como lo llamamos los hinchas. Ir a ver a tu equipo al campo, además de servir para familiarizarte con los 35 nuevos jugadores de cada año, es siempre una inyección de esperanza, que te llena de futuro, de ganas del nuevo curso; ver a tu equipo de nuevo, después de tantas semanas, es algo que siempre, aunque te metan cinco, te deja buenas sensaciones, siempre ilusiona y que de alguna manera te proyecta a un futuro feliz en junio. El cine de verano, en cambio, te traslada al pasado, es como un viaje nostálgico a nuestras raíces, al niño que fuimos; como un viaje mágico que va del bocadillo de tortilla que tu abuela te preparaba a ti al bocadillo de tortilla que tu madre le prepara a tu hijo. Ir al cine de verano es como volver a las gradas de un viejo estadio, con sus butacas rotas, el suelo lleno de pipas y olores que te devuelven al siglo XX. Así que, un par de días antes de empezar la liga, quizá apurando demasiado este verano, coges a Martín y te metes a ver la cuarta entrega de Toy Story, ese Quijote contemporáneo que nos sacude cada cierto tiempo escondido en su traje de cuento infantil. Y no es buen lugar el cine de verano para que te sacudan la conciencia, pero los putos juguetes lo han vuelto a hacer. Ya nos habían hablado antes del ser (o no ser), de la identidad, del sentido (o el sinsentido) de la vida, y de lo trascendental que resulta en la vida el sentirse querido (o abandonado), pero en esta ocasión, además de recordarnos todo eso, nos plantean la figura del juguete perdido, del juguete que queda desahuciado y sin hogar, oficialmente con la etiqueta de ‘perdido’. ¿Pero quién está realmente perdido?, nos preguntan, putos jugueticos. ¿No lo estamos, o lo estaremos en algún momento, todos? ¿No estarán perdidos, sobre todo, los que no saben dónde hay que perderse, los que se resisten a perderse y se agarran a un mundo que ya no es el suyo? No encontraremos respuestas fáciles en el cine, como tiene que ser, y saldremos felizmente destrozados. Y piensas que menuda manera de terminar la pretemporada, con más preguntas y menos respuestas, entre las migajas del bocadillo de tortilla que te preparaba tu abuela y alguna lágrima que intentas esconder para que el chiquillo siga viviendo durante un tiempo en un cuento infantil. 

Se plantaba el Algeciras en Nueva Condomina tan sólo dos meses después de haberse cargado en tres rondas de playoff al Hospitalet, al Jaén y al Socuéllamos, en una última eliminatoria en la que le endosó un global de 1-7. Al Socuéllamos, socio, al Socuéllamos (91 puntos, 3 derrotas, líder con 16 puntos de ventaja en su grupo de Tercera). Se plantaba el Algeciras con el bloque (el mismo entrenador y nueve de los jugadores) que arrasó a media España y al Socuéllamos hace tan sólo unas semanas, y con ello sabíamos que el primer partido en casa era casi imposible para este Murcia actual. No hay nada más peligroso que un recién ascendido a principio de temporada, aunque algunos, incluso con pelos en los huevos y en la espalda, sigan sin saberlo. No lo saben, no, y aunque Osasuna le empate al Barça, el Granada se mee en el Espanyol o el Fuenlabrada se pasee por Segunda A con el mismo equipo que en Segunda B, seguirán sin saberlo. Sabíamos del peligro del Algeciras, sabíamos de su hazaña contra el Socuéllamos (el Socuéllamos, socio), pero la realidad fue aún más aterradora. El Algeciras, sobre todo en una primera parte memorable, superó por completo al nuevo Murcia de Adrián Hernández. Y a nadie debe extrañar que este Murcia, un club que intenta salir de la UCI desde hace más de una década, que no sabe bien si llegará más allá del 31 de diciembre, y que cambia por completo su plantilla cada verano (incluso cada invierno), sea hoy en día un equipo que apenas puede competir con el Algeciras. El Murcia necesita tiempo y paciencia. Y tiempo no es un mes, sino un año; y paciencia no son unos cuantos partidos, sino una temporada. O una vuelta, al menos. La afición, que ha respondido en número con una lealtad brutal, se debate confusa entre los primeros pitos o aceptar el significado de la palabra paciencia; entre creer que el Murcia está perdido en Segunda B, fuera de su lugar, y que debe regresar a sus éxitos deportivos del pasado, o confiar en un nuevo camino para ser algo diferente, algo más humilde, al menos a corto plazo. El Murcia lucha por su identidad y por su lugar, y parece estar perdido. ¿Pero quién está realmente perdido? ¿No estarán perdidos, sobre todo, los que no saben dónde hay que perderse, los que se resisten a perderse y se agarran a un mundo que ya no es el suyo? Y saliendo de Nueva Condomina te acuerdas del cine de pretemporada, de los putos jugueticos, de la mirada de Woody cuando por fin se da cuenta de que, a veces, el único camino para encontrarse es perderse. El Murcia de Adrián sólo está dando sus primeros pasos de un camino que será muy jodido, pero que de momento es el único camino posible. El camino del tiempo y la paciencia. El camino para seguir viviendo pretemporadas que se precien, en las que podamos ver a nuestro equipo in situ, al menos una vez; el camino para regresar al cine de verano a esconder nuestras lágrimas entre las migajas del bocadillo de tortilla que tu abuela te preparaba.


Real Murcia: Tanis, Álvaro, Edu Luna, Julio Algar, Kevin; Armando, Juanma (Curto, min. 76); Josema (Peque, 57'), Alberto (Manolo, 57'), Iván Pérez; Chumbi.
Gol: Chumbi

"Si salimos de ésta, en unos años vamos a ser un cohete"


LM Valero

Es la sorpresa del verano. Ha emergido de repente desde una pedanía de la capital, sin que nadie lo esperase demasiado, y puede que su nombre habite mucho, mucho tiempo en nuestros labios. Podría estar hablando de la Confitería Agustín de Churra, impecable escenario de esta entrevista, pero me refiero a Adrián Hernández Abenza (Murcia, 37 años), el hombre que llega al Murcia tras haber multiplicado panes y peces las dos últimas temporadas en el Churra. Enseguida toma la iniciativa en el encuentro ("Pide lo que quieras, invito yo") y desde las primeras palabras llegas a una conclusión: es Adrián Sin Miedo, alguien que pasa de largo ante los tópicos, que es humilde pero no va de humilde y que tiene sueños de aficionado, más que reservas de entrenador de un club con economía de guerra. Quizás porque además de entrenador, es un hincha. Y un hincha siempre sueña.

¿Eres de Churra?
Sí. He vivido en Churra toda mi vida, salvo siete u ocho años en Cabezo de Torres.

He estado tomando algo en Casa Ismael, aquí al lado. Un cortado y una tostada con jamón y queso me ha costado dos euros.
El Casa Ismael es uno de los sitios más baratos de Murcia. Luego por aquí tienes también Los Pachequitos y La Pacheca. Los tres son primos segundos míos. A Los Pachequitos vienen muchos hinchas del Murcia en las previas de los partidos en casa. Se forma ambiente. 

Javier Martínez Gilabert, un amigo común que fue contigo al colegio, dice que llenabas los cuadernos de alineaciones, pero no sólo de equipos de élite o del Murcia como dijiste recientemente en otra entrevista, sino que eran también alineaciones de tus propios compañeros de clase.
Así es. Los profesores siempre estaban detrás de mí pidiéndome la libreta, a ver qué estaba escribiendo. La parte final de las libretas la llenaba siempre de alineaciones, hasta que resultaba que casi había más alineaciones que notas de clase. Por ejemplo, organizaba a mis compañeros para el partido del recreo o para los campeonatos del colegio. Si ese día se jugaba, pongamos por caso, un Real Madrid-Atlético de Madrid, anotaba lo que yo haría como entrenador de los dos equipos, y qué posibles cambios haría según como transcurriese el partido. 

¿Cómo ves un partido de fútbol en tu casa? ¿Vas dándole vueltas a lo que tú harías y a lo que está pasando a nivel táctico?
Si estoy solo, me paso todo el rato pensando en qué están haciendo los jugadores, y sobre todo, cómo solucionaría yo la situación de cada equipo. Y si estoy con algún compañero, sí que expreso en voz alta alguna cosa más. Pero intento no meterme demasiado en temas tácticos al hacer esos comentarios. Sí que es verdad que mis amigos me preguntan qué es lo que haría en determinadas fases del partido, y yo siempre respondo, pero disfrutando del momento.

¿Te gusta algún comentarista de fútbol concreto?
Antes me gustaba bastante Santiago Segurola. Cuando Valdano es explícito, también me gusta. Sabe mucho de fútbol en términos de juego de posición. Creo que, en general, los comentaristas se mojan poco, aunque no es fácil ese papel.

Eres profesor y entrenador.
Sí, es que es parecido. Me gusta motivar a mis alumnos, ver que mejoran. Pero lo que amo, para lo que valgo, y para lo que noto que doy un valor añadido, es como entrenador. Mi vocación era ser profesor, y mi pasión vocacional era ser entrenador. 

Me llamó la atención que dijeras: "Yo he nacido para esto", cuando te presentó el Murcia.
Porque no me da miedo entrenar al Murcia. Me dan más miedo los factores externos.

¿A qué te refieres con factores externos?
Pues todo el contexto que lleva el Murcia. La posibilidad de que haya prisa. Un equipo que va a vivir del colectivo necesita de tiempo para generar ese colectivo, para generar riquezas tácticas, para generar sinergias entre los futbolistas. Necesitas meses para que el equipo comience a tener engranaje y los conceptos que quieres. Pero nosotros vamos a intentar acortar los plazos el máximo posible.

Dijiste hace poco en una entrevista que tenías claro que ibas a ser entrenador del Murcia.
Yo llevo muchos años haciendo running con mi mujer junto a Nueva Condomina, y cuando mirábamos el estadio le decía: "Cristina, tienes claro que yo voy a ser entrenador del Murcia algún día, ¿verdad?". El otro día, andando con ella, me lo recordó: "¡Cuántas veces me repetiste que ibas a ser entrenador del Murcia!". No le decía que quería entrenar al Madrid o que quería entrenar al Barcelona, le decía: quiero entrenar al Murcia y quiero crecer con el Murcia.

Todos estamos esperando siempre que llegue la mejor época de la historia del Murcia. ¿Te imaginas siendo protagonista de esa etapa?
Sí. Me imagino siendo parte activa, más que protagonista. Habrá personas que entiendan que a lo mejor no soy el perfil indicado por no haber sido un futbolista profesional. Bueno, yo he jugado al fútbol toda mi vida, pero no he llegado a ser profesional. Me di cuenta con 18 años de que no me daba para ser profesional del fútbol. Jugué a otros niveles. Lo que a mí me ha hecho ilusión siempre es crecer con el Murcia como entrenador, poder ir subiendo categoría a categoría. Y por qué no: tener un modelo inglés en este club, estar un periplo largo juntos, y llegar en un momento determinado a Europa. Nada me haría más ilusión. Estamos hablando a largo plazo. Pero se puede lograr: tenemos un gran campo, una gran ciudad y una gran afición. Ése es mi objetivo para el periodo de los próximos 5-10 años. No digo que se vaya a dar: estoy hablando de mis sueños. 

¿De verdad es posible?
Si se hacen las cosas bien, sí. Si salimos este año con austeridad de esta situación en la que estamos económicamente, estoy convencido de que en unos años el Murcia va a ser un cohete. La culpa de esta situación no ha sido de los murcianos, sino de la gente que ha venido y ha especulado con el club en anteriores etapas. Han hecho las cosas mal y han dicho: que pase el siguiente. Ha habido más mercantilismo que intereses deportivos. No viene de un año ni de dos, ni siquiera de diez. Viene de más atrás. 

Esta temporada tenemos el reto de conjugar la ambición natural del Murcia en Segunda B con la paciencia a la que obliga nuestra situación económica. ¿Cómo se hace eso?
Hay que concienciar a la gente de la situación en la que estamos. El mensaje tiene que llegar. Ahora mismo el Murcia necesita a los murcianos, incluso al que no sea muy seguidor del fútbol. Es bueno para todos que el Murcia sobreviva. Es bueno para un restaurante, para el ayuntamiento, para el que tiene cualquier tipo de negocio. Va a generar riqueza que el Murcia esté donde se merece. Todos tenemos una responsabilidad para con el Murcia, y tenemos que salvarlo.

¿Cuál es el objetivo este año?
El objetivo pasional es que con trabajo, con ilusión, con paciencia, con roles, con un espacio táctico bien montado... el equipo puede perfectamente competir. Quizás no podamos competir en las mismas condiciones que los grandes dinosaurios de la categoría, pero sí vamos a ir aproximándonos cada día más. Y a ver lo que pasa después, si nos metemos entre los cuatro primeros. ¿Si no nos metemos? Entonces habrá que hacerlo lo mejor posible, y formar futbolistas para que se pueda generar riqueza de cantera.

¿La directiva te ha pedido algo concreto para esta temporada?
No me han hablado de un objetivo definido. Pero esto es el Murcia. El Murcia va a Huelva y tiene que salir a ganar. El Murcia va a Cartagena y tiene que salir a ganar. Y después, tenemos que ser lo suficientemente inteligentes para saber que no vamos a tener las grandes nóminas de años anteriores. Ahora tenemos que aportar todos, y tenemos que tener más paciencia que nunca.

En esta zona de España no hay paciencia ni proyectos.
Falta tener una estructura. Faltan tecnócratas: gente entendida en cada puesto que entienda que lo más importante es el modelo, el proyecto. Si una persona no funciona, se cambia, pero el modelo sigue siendo el mismo. Lo importante es el modelo, incluso más que las personas. Muchas veces no hay proyecto, sino bandazos. Necesitamos un modelo de club, y continuar con esa línea.

¿La camiseta del Murcia puede pesar a jugadores humildes como los que tendremos este año?
Depende de la personalidad del jugador. Hay jugadores que desde el primer momento saltan a Nueva Condomina y juegan sueltos, sin presión, mientras que a otros les cuesta más. Pero esto pasa también en Tercera División. Cuando los partidos son de presión, hay futbolistas que ya no son los mismos. Algunos lo superan o lo van puliendo, pero cuesta. Cuando veo a algún jugador muy joven que domina el aspecto emocional, que tiene una gran actitud, pienso: tiene lo más difícil. Después puede mejorar la técnica, lo táctico, lo físico... Pero todo lo que tiene que ver con la mentalidad es lo más difícil de cambiar. Bertomeu subió este año con el primer equipo y demostró una gran personalidad. Después tendrá unas virtudes y unos defectos, pero la personalidad y la capacidad psicológica la tiene.

¿Cómo quieres que sea el Murcia dentro del campo?
Quiero un fútbol con oportunidades de gol. A partir de ahí, ver qué tiene el rival y qué tenemos nosotros para hacerle daño. Y sobre todo, tenemos que ser muy competitivos. El equipo que es competitivo, aun teniendo menos que el rival, siempre está ahí, y busca las armas para hacer daño. A mí me gusta mucho el fútbol de transiciones con solidez defensiva. También me gusta el juego de posición, cuando tienes futbolistas para ello en campo en contrario. Pero claro, eso es difícil: para eso necesitas jugadores con mucha capacidad técnica, y en Segunda B no hay tantos jugadores al nivel que se necesita para atacar a un equipo que está en bloque bajo. Resumiendo: hay que saber lo que tenemos, y saber de qué manera podemos hacer daño al rival. Pero es muy importante sentir que nuestro gol está más cerca siempre que el del rival.

¿Crees que el Murcia debe tener un sello claro?
Quiero que sea un equipo reconocible. Que conecte con el aficionado. Quiero un equipo que tenga alma. Esa es la clave. 

¿Qué significa esa filosofía tuya de 'cuantos más impactos, más lejos del gol'?
Cuando un futbolista está en área, muchas veces por miedo a definir tiende a acercarse al portero o a dar otro pase, pero debe definir. Cuantos más toques des dentro del área, más posibilidades le das al rival de defenderte. Si estás en situación buena para definir, debes definir, y con pocos impactos. También va con la calidad del futbolista. Pero por ejemplo, en un contragolpe tienen que ser siempre pocos impactos.

En todos los estadios del Grupo IV habrá aficionados del Murcia. No creo que ningún otro club de Segunda B pueda presumir de eso.
Tenemos que acercar el futbolista al aficionado. Está un poco alejado. El futbolista y el entrenador no son dioses. Somos personas, como los aficionados. Vamos al baño igual que ellos. El aficionado tiene que entender que el jugador está sometido a una presión fuerte, pero dentro del respeto, tenemos que generar un vínculo con la afición. Ese vínculo debe ir creciendo.

¿Qué tipo de plantilla te gustaría tener?
El club tiene que ver primero qué jugadores van a seguir, y a partir de ahí rearmarnos. Es decir, vamos a ser más reactivos que proactivos. Yo lo que quiero es un equipo con identidad. Quiero tener muchos jugadores de la zona, para generar vínculos. Sí quiero una plantilla con cinco o seis jugadores con experiencia, pero quiero que los demás sean futbolistas con hambre, con ganas, con ilusión, que no caigan en la dejadez. Quiero que el jugador que no esté siendo habitual salga quince minutos de suplente en un partido y lo haga tan bien que me haga decirme a mí mismo: "madre mía, en qué situación me está metiendo", de lo bien que lo ha hecho. Y al partido siguiente no le voy a dar quince minutos, sino veinte, y al siguiente, treinta y cinco minutos, porque se lo está ganando -golpea con el puño en la mesa-. Quiero que hablen en el terreno de juego. Por encima de todo, quiero una plantilla que sienta que jugar en el Murcia es una oportunidad.

¿Crees que el entrenador puede insuflarle espíritu a un club? Por ejemplo, Simeone.
Desde luego. Lo voy a intentar. Quiero conseguir que todos nos sintamos más del Murcia. 

¿Te preocupa la inexperiencia en la categoría?
Necesitaré un espacio para adaptarme a todo. Si te dijera que no, estaría mintiendo. Pero eso no quiere decir que no tenga experiencia en cuanto a los entrenamientos, la salida del balón... todo eso es lo mismo. El vestuario es el mismo, sólo cambia la cuenta corriente. Aquí se trata de sacar rendimiento a tus futbolistas. Y si tu equipo tiene nivel para quedar en el puesto doce, yo me quedo contento si lo dejo en el puesto ocho o nueve. 

Dijiste que uno de tus puntos fuertes es la gestión del grupo.
La palabra es 'honestidad'. Si un jugador no va a jugar conmigo, tengo que decirle a la cara que no va a jugar. Y después, para ser un gestor de grupos tienes que leer qué requiere cada situación. No hay un manual ni un protocolo fijo. En cuanto a las charlas motivacionales que han corrido por Internet: evidentemente soy una persona visceral, que intento conectar con el futbolista, pero cada situación requiere un tono. Las charlas van en función del rival, del estado del equipo... de todo.

Ahora lo más difícil de todo: mi amigo Javi Zamora me ha pedido que te pregunte qué pancarta te gustaría ver colgada todo el año en Nueva Condomina, porque él tiene la pintura y la tela preparada, y la hace hoy mismo. O sea, que nos digas una frase que te gustaría ver en una pancarta.
Déjame pensarlo... Me gustaría que fuera algo chulo... Luego te la mando por wasap. (Horas después,  Adrián mandaría la frase: 'Murcianismo inmortal: alma de guerrero').


"¿Que cómo juega Adrián? Le gusta el rock and roll"


Luis María Valero (mondo_moyano)

Esta mañana de festivo raro, mientras me arrastraba a por víveres a un Carrefour Express, decidí que quería saber más sobre Adrián Hernández. No sabemos tanto. Por eso le he preguntado a Diego Segado (Cartagena, 23/11/1982), todo un veterano de la Tercera División murciana que se ha hecho un nombre en la categoría en equipos como el Bala Azul o La Unión, y que ha sido guardameta suplente del Churra este año, además de su preparador de porteros. También es policía, entrenador y futuro psicólogo. Polivalente, el tío. Allí, en Churra, ha estado a las órdenes del nuevo entrenador del Murcia, y me apetecía que me contara si Adrián sí o si Adrián no. Y sí, sí. Adrián sí, dice.

Qué perfil tan completo tienes, Diego. Portero, entrenador, policía y futuro psicólogo.
Sí, estoy estudiando Psicología ahora, y me he sacado todos los cursos de entrenador: el nivel nacional de entrenador de porteros, el nivel nacional de fútbol, y además un máster de fútbol de la Federación. Pero no sé si me dedicaré a ello. Ser primer entrenador es lo que me gustaría, pero por mi personalidad, amigos míos me dicen que puedo ser un gran segundo entrenador. No lo sé. De momento seguiré jugando. Nunca ha estado sobre la mesa, pero si Adrián me hubiera llamado para ir con él al Murcia, me habría retirado. Yo con Adrián me iría de preparador de porteros, de ayudante o de lo que fuera. Su manera de trabajar me gusta mucho. De hecho, si Adrián se hubiera ido a cualquier otro equipo, me habría gustado seguirle también.

¿A qué se debe esa fidelidad?
Nunca terminaba de ver plasmado lo que yo sentía que tenía que hacerse en un vestuario, hasta que he tenido a Adrián de entrenador. Ha tocado todos los puntos que a mí me gustan. Es honesto. Es una persona sin esquinas, sin lado oscuro. Te dice a la cara lo que opina de ti, tanto tus puntos fuertes como tus puntos débiles. Y desde el primer minuto te da a conocer el rol que espera que desempeñes. Ahí comienza un compromiso, una especie de contrato. Él ya te dice: "Yo espero de ti tal cosa". Y sabes de antemano si tu rol va a ser más importante o menos. Pero tirando por lo bajo. A partir de ahí, la realidad sólo puede mejorar lo que él te ha prometido.

¿A ti ya te avisó antes de la temporada de que serías suplente?
Sí. Cuando me llamó para ficharme, me sorprendió, porque le dije que ya tenía uno de los mejores porteros o incluso el mejor portero de Tercera, que es Juanra. Pero me dijo: "Diego, no puedo fichar jugadores caros. Lo que sí puedo hacer y voy a hacer es mejorar el cuerpo técnico en cuanto a su formación. Quiero tener el mejor cuerpo técnico de España a nivel de Tercera División, y tú vas a ser también entrenador de porteros. Independientemente de que juegues más o menos, que vas a jugar menos, tu éxito completo será que Juanra esté al cien por cien. Quiero que te lo metas en el bolsillo, que te lo ganes, que seas su hermano mayor. Y si hay alguna desgracia, jugarás". A pesar de que Adrián me avisara de que no iba a jugar, me he sentido completamente realizado. Las paradas de Juanra las he sentido propias.

No es muy habitual eso.
También es que la Tercera es más amateur. Conforme subes de categorías hay más egoísmos, cada uno mira más por lo suyo, por sus minutos, por sus renovaciones, por su dinero. Pero lo que hace Adrián es fundamental, porque una buena planificación de la plantilla en cuanto a los roles y los egos de cada jugador solventa prácticamente el 90 por ciento de problemas que te vas a encontrar durante la temporada. Lo que no puedes pretender es tener cuatro jugadores buenísimos de banda, para luego poner solamente a dos. Tienes que perder un poco en cuanto a nivel futbolístico para ganar después en continuidad de determinados jugadores.

¿Puedes poner algún ejemplo de ese 'sacrificio' futbolístico?
Adrián mandó al Ciudad de Murcia a dos futbolistas mejores que los que se quedaron en el Churra. Yo me eché las manos a la cabeza y le dije: Adrián, yo no estoy acostumbrado a esto, porque lo que he visto siempre es que los entrenadores se quedan con los mejores y sueltan a los peores. Y él me respondió: "Sí, pero si fuesen mis hijos, yo no querría tenerlos aquí sabiendo que van a jugar menos. Tienen que crecer, y yo en el Churra no puedo darles los minutos que necesitan para crecer". Si a lo mejor te quedas con esos dos jugadores y después no les das los minutos que esperan, lo que al principio son sonrisas, al final son enfados y mal ambiente. 

¿Tenías referencias de Adrián antes de llegar al Churra?
En 2012 nos sacamos juntos el carné de entrenador de nivel 2, en Murcia. Y me dijo que se iba a retirar de Segunda B de fútbol sala y que esa próxima temporada sería la primera que entrenaría en serio, en Primera Autonómica con el Churra. En esa situación, piensas: bueno, pues un entrenador más. Al que no tiene nombre lo ves como un pardillo, es normal. Pero un día, tomando un café, empezó a explicarme en una servilleta las jugadas y las rotaciones de fútbol sala que a él le gustaban, y en qué lugares del campo se podrían aplicar en fútbol. Me dio una clase magistral. Y yo pensaba: cómo no se me ha ocurrido esto antes a mí. Así que me dije: una de dos, o este chico acaba en el manicomio o va hacia arriba. Y ha ido hacia arriba.

La principal función de un entrenador es sacar el cien por cien de lo que tiene. ¿Dirías que ésa es una cualidad de Adrián?
Sí. Sabe exprimir el máximo rendimiento de su plantilla. Y sobre todo, no hace fracasar a sus futbolistas. Hay equipos de Tercera que han fracasado porque insisten en jugar a un estilo para el que no tienen jugadores, pero es el entrenador el que debe adaptarse a sus futbolistas. Y Adrián lo hace. Si hay que jugar a dos toques porque el equipo no tiene más nivel, pues se juega a dos toques. Él tiene su idea y su estilo, pero si dispone de menos mimbres, se reinventa y se adapta. Le gusta mucho pedir opinión a sus colaboradores, es una persona muy abierta.

Dices que Adrián tiene su idea y su estilo. ¿Cuáles son?
¿Que cómo juega Adrián? Le gusta el rock and roll. Le gustan los contraataques, le gusta atacar los espacios. Un estilo Liverpool, salvando las distancias, claro. Él siempre repite una frase: Cuantos más impactos al balón, más lejos del gol. Es decir, si te pones a conducir y a dar pases y pases y pases, estás equivocándote. Si uno tiene opción de tiro ya, para qué vas a buscar otro pase atrás o a banda. ¿La presión? Varía, según el rival y del momento en el que está en el equipo. Le gusta sacar el balón jugado, pero lo que no le gusta es marear la perdiz demasiado. Tiene otra virtud: sus cambios tácticos durante el partido tienen mucha influencia en el juego.

Como locales jugabais en un campo pequeño, de césped artificial, que dificultaba mucho jugar por abajo.
Sí. Pero Adrián evolucionó la plantilla sabiendo que en casa se iban a obtener peores resultados. Es decir, empezó a quitar músculo, que es lo que a priori habría sido recomendable con un campo como el del Churra, y metió a jugadores de un poco más nivel, para así sacar mejores resultados fuera de casa.

Adrián ha brillado en la gestión del grupo. ¿Crees que puede hacer lo mismo en el Murcia?
Por supuesto. Los jugadores del Murcia serán personas, ¿no? No serán tigres. Si son personas, se las va a meter en el bolsillo, seguro. Una de las claves es que le gusta que el grupo conviva mucho. Por ejemplo, después del partido del domingo había charla, y el lunes había más charla. Pero eran charlas muy dinámicas. Alternaba la risa con momentos más tensos, otras fases de explicación, de ejemplos... Siempre deseabas que no se terminara la charla, porque aprendes un disparate. Y cuando piensas que ya te lo ha enseñado todo, llega un día y te sorprende con algo nuevo. Tiene muchos recursos.

Hemos visto recientemente vídeos de varias charlas motivacionales muy intensas de Adrián. No sé si esos recursos pueden ser percibidos con más recelo por futbolistas un poco más 'crecidos', en categorías superiores.
No tiene por qué. El perfil de futbolista que va a tener el Murcia la temporada próxima no va a venir de Primera, además. Es un jugador que va a ir al Murcia buscando su oportunidad y buscando su crecimiento. Van a ir todos de la mano. Esto es como una relación sentimental: o te entregas o te abandonas. El que se entregue se va a ver recompensado. La gente habla mucho de la motivación de Adrián... pero es que lo que más motiva es lo que no se ve. Lo que más motiva es el progreso, el ser mejor cada día cuando haces lo que él te dice. El darte cuenta de que siguiendo sus indicaciones, corres menos, tocas más balón, metes más goles... Le haces caso y eres mejor. ¿Hay algo que motive más que ser mejor? Puede ser que te pegue un grito y se le escape la espuma por la boca y se le pongan los ojos ensangrentados, pero como ves que tiene razón y va de cara, lo aceptas sin problema.

Los jugadores que no son habituales suelen rajar del entrenador. ¿No ocurría eso en el Churra?
En las cenas que organizábamos, los últimos que nos íbamos éramos los que no jugábamos. Eso es síntoma de que estábamos a gusto. Si no, te vas el primero. Al final, para armar bien un vestuario necesitas que los buenos pongan su talento al servicio del equipo, y no a su servicio propio. Y también necesitas que los veteranos y los que juegan menos sumen. Un veterano que reste es peligroso. Al final, es imprescindible lo que decía antes: que cada uno acepte su rol.

¿Es verdad que Adrián no os dejaba hablar de vuestras cosas en el banquillo durante los partidos?
Sí. En el banquillo no quiere que los jugadores hablen ni de la novia, ni del programa de ayer, ni de nada que no sea fútbol. En el banquillo sólo se habla del partido, de lo que está pasando, de lo que puede pasar. También nos prohibía cualquier tipo de comentario ofensivo hacia el contrario o hacia el árbitro. Por ejemplo, en estas categorías siempre hay algún jugador muy limitado o incluso con algo de sobrepeso. Y Adrián nos decía: "El que se ría del contrario, conmigo no juega". Adrián nos chillaba a nosotros, pero nunca a los árbitros. Nos gritaba para ponernos en vereda, pero siempre sobre temas tácticos, nunca con reproches técnicos. Si te reprocho que has fallado un pase, lo que haré será ponerte más nervioso y posiblemente el siguiente lo fallarás también.

¿Podrías contarnos alguna anécdota o historia concreta de Adrián que se te haya quedado grabada?
Recuerdo una historia que es la única vez que me ha pasado en el fútbol. Llegaba el Águilas a nuestro campo, y era un partido importante porque los dos estábamos peleando por el playoff. Adrián dio la alineación, y cuando quedaban cinco minutos para salir a calentar, conocimos el once del Águilas. Adrián se puso a leerlo, le entró un tic nervioso y de repente se fue hacia un jugador gritándole: "¡¿Tú confías en mí?!". Y el jugador responde: ¡Sí!. Se va para otro y le pregunta lo mismo: "¡¿Tú confías en mí?!". Y también le responde que sí. Entonces se pone en el centro del vestuario y grita: "¡¿Confiáis todos en mí?! ¿Sí? Pues entonces: Cascales, no juegas finalmente. Te sientas y juega Mariano". Hizo un cambio de alineación a cinco minutos de salir a calentar. Nos quedamos todos boquiabiertos. Pero él lo argumenta todo. Nos dijo: "Chavales, el Águilas ha salido con todo su juego aéreo posible, ha renunciado a poner jugadores técnicos y todo va a ser juego físico. Por eso cambio a última hora la alineación".  

¿Crees que va a triunfar en el Murcia?
Sí. Lo único que espero es que no le hagan un equipo de gama demasiado baja, demasiado humilde. Que no le den un Seat Ibiza. Pero creo que Adrián va a tener un periodo largo en el Murcia. Y será muy buena señal, porque irá conociendo cada vez más el vestuario, la institución, la categoría, los rivales... Cada año que ha estado en el Churra, ha mejorado la temporada anterior. 

De lo imposible


Alejandro Oliva (@beandtuit)

Elche, 3; Real Murcia, 2.
El Elche, el Elche. El Elche, socio. El Elche tocó. Tocó el Elche, y nada más tocar el Elche, justo en el momento del sorteo en el que salió ELCHE, ya conocimos nuestra eliminación, automáticamente. Pero faltaba saber el cómo. Lo dijo mi amigo Antonio Martínez Cárceles esa misma tarde de lunes, rápido y certero, con ese murcianismo catastrofista que sabe tanto de nuestra historia como de nuestro destino. Nos había tocado el Elche, ese imposible, sí, pero esa eliminación al menos tendría un cómo, tendría una historia detrás y ese sería el gran aliciente de nuestra primavera: cómo sería esta vez la eliminación, cómo de jodida, cómo de sencilla, cómo de peleada, cómo de trágica. El Elche era imposible. Eliminar al Elche no podíamos, nunca, jamás. No se puede estar cuatro años seguidos diciendo "ascenso o muerte" y querer eliminar al Elche; no se puede eliminar al Elche en esa agonía; no se puede deslizar ese mensaje en el entorno, vivir en esta fragilidad continua, de vida o muerte, y querer eliminar al Elche. Puedes intentar eliminar al Fuenlabrada en esa agonía, claro, o al Toledo o al Pontevedra, intentar eliminarlos a pesar de estar en la UCI; o incluso a algún filial, pero no al Elche, nunca al Elche, jamás al Elche. Y la verdad es que no puedo explicarte bien por qué. No puedo decirte con seguridad que todo se debe a que su delantero cena tranquilo en una casa de la que sabe que su casero no lo va a echar, mientras que el nuestro cena con varios whatsapp desafiantes de su casero; no puedo decirte con seguridad que sea porque su portero esté pensando en un plan de pensiones del copón y el nuestro amenace con irse al Córdoba en cuanto no cobra una nómina. No es por eso, qué va. Cómo va a ser por eso. Pero sí es por eso, claro que sí. No lo sé, la verdad es que no lo sé. Pero esta debilidad nuestra, esta fragilidad, esta enfermedad crónica que no te deja competir como al resto, es bastante jodida y decisiva sobre el césped. Esta enfermedad es peor aún que la derrota. Este mal nuestro, esta deuda descomunal, amenaza cada balón que tocamos, cada córner en contra, cada balón dividido, hasta el punto de que ni siquiera te garantiza que vayas a subir si consiguieras el milagro de subir. El Elche, el Elche, socio, el Elche tocó; tocó el Elche y ya estábamos eliminados desde el momento del sorteo, pero como dijo Antonio esta eliminación iba a tener un cómo, esta eliminación iba a tener, al menos, una historia; y eso es precioso, eso es sin duda lo más importante: no somos de un equipo para ganar, somos de un equipo para tener historias que compartir. Estábamos eliminados, pero por lo menos no sabíamos cuánto dolería, ni si habría sufrimiento, o incluso lágrimas. Pero la historia, esta vez, fue muy previsible en todo momento, y más desde el gol de churro de Benja en la ida, en ese maldito enorme campo de Churra que tanto nos condena. La historia fue de guionista flojo, cansado de la vida, de guionista de quinta temporada de una mala serie, que intenta hacerte creer por momentos que hay esperanza, pero el final se ve venir desde el principio. No somos peores que el Elche, no fuimos peores, pero nunca dio la sensación de que fuéramos a eliminarlos. Será por nuestra debilidad, por nuestra situación al borde de la muerte, por esta ruina nuestra que siguen gestionando nuevos ricos, o estafadores, o las dos cosas, y que de momento nos permite llegar a mayo siempre, vivos pero muertos, con la cara lavada pero sin duchar, con el viejo traje de las bodas, que aguanta dignamente, de milagro, pero con los zapatos sucios. Y así es imposible. Así, al Elche, imposible.

Pero las semanas de playoff son tan largas que tuvimos tiempo incluso para olvidar todo eso. Durante los días previos a Elche, después de perder con ese gol de churro en el maldito campo de Churra, empezamos a fantasear con ganar en Elche, sí, ganar en Elche, aun sabiendo que era imposible. Fue como cuando pasas un tiempo sin pensar en que todos vamos a morir y hasta se te olvida. Durante la semana, pasamos de lo imposible a lo posible y de la ilusión a la confianza. Fue una de esas semanas en las que, de pronto, los coches llevan una pegatina del Murcia y los camareros son socios del Murcia de toda la vida. Una semana en la que Murcia parece del Murcia. Te cruzas a Dalí, nuestro mítico pintor del barrio, y te cuenta una vieja historia de Guina; te cruzas a los hermanos Moreno por separado, ojo, el mismo día, y los dos te dicen Elche, a secas. Te cruzas a Cobacho padre y te saluda con una mirada, con un guiño cómplice, un arqueo de ojos que significa, que solo puede significar, Elche. Hay miradas que dicen Elche, hay sonrisicas que dicen Elche. ¿No es es eso lo más maravilloso del mundo, amigo? Vas a Sangüi a por huevos, al Sangüi de al lado de la plaza de abastos, y allí está Rosa, y te cuenta su Elche, te cuenta cómo ella tendrá su Elche y cómo será su Elche. Recoges a Martín del cole y te cruzas a Alejandro Campillo y a su eterna sonrisa esperanzada, y le preguntas si Elche, y te contesta Elche, Elche. Elche. Todos teníamos nuestro Elche en la cabeza, nuestra pequeña historia, nuestro pequeño desplazamiento que todo playoff exige, aunque a Elche, saliendo por la mañana temprano, se pueda llegar a pie. En mi Elche, de pronto, revivimos el histórico desplazamiento a Pontevedra, José Carlos, Faustino y Goro, equipo titular de lujo para cualquier viaje, en un inolvidable restaurante de polígono industrial de Albatera, en mitad de una boda de categoría en la Vega Baja. La pequeña gran historia de cada uno de los más de 3.000 murcianistas que había en Elche, más de 3.000 después de un 0-1, más de 3.000 en busca de un imposible, lo que evidencia la madurez de la hinchada, la fortaleza del murcianismo en el momento de mayor ruina del club. El ambiente en Elche era de fútbol, de fútbol auténtico, y en este caso auténtico no es una palabra añadida y vacía: era ambiente de fútbol de dos equipos con historia y con historias, no de engendros ni de inventos, ni de filiales, ni de jeques, ni de mierdas. Fútbol sin adulterar, fútbol entre equipos que recogen la esencia de un pueblo detrás de su escudo. Los aledaños y la grada, en esos diez minutos previos, culminaban la sensación de toda la semana: qué cojones, es imposible, pero vamos a ganar en Elche. Después comenzó el partido, que fue un poco como un reflejo de toda la temporada. Empezamos mal, llegamos tarde, y cuando nos quisimos meter en la batalla, cuando quisimos competir, ya no daba tiempo a nada. Era imposible, y lo sabíamos justo desde aquella tarde del sorteo. No llegamos a estar a tiro de un gol para clasificarnos, no hubo casi sufrimiento, ni lágrimas, ni decepción, ni apenas reproches al abandonar el estadio. Al salir del Martínez Valero entramos a mear al primer bar que vimos y le preguntamos a Martín si quería merendar algo. Un pastel de carne, nos dijo, pero con una sonrisa le explicamos que en Elche no hay pasteles, que eso es algo nuestro, que no se hacen fuera de Murcia, y al final pidió un batido de chocolate, aunque no del todo convencido. Alcanzamos por fin el coche y nos metimos en un atasco monumental para salir de Elche, con música de fondo en la radio, intentando no pensar demasiado en que todo esto se había acabado, en el terrorífico mes de junio que nos espera. Al entrar en Murcia, le preguntamos a Martín si quería un pastel de carne para ver la final de la Champions, y paré el coche en la esquina de Maite para que su madre se lo comprara. Y no sé por qué fue ahí, justo en ese momento, en el silencio del coche parado, cuando por fin se me hizo el nudo en la garganta. Elche era imposible, pero cómo duele esta losa que llevamos encima, este vivir al borde de la muerte. Ahí estaba el nudo, el cabrón, que no podía dejar de salir. El nudo en la garganta de cada final de temporada por no saber si el Murcia volverá a jugar, la opresión en el pecho, las ganas de llorar. Pero entonces miré por el retrovisor y vi la cara de Martín, mirándome con una de esas sonrisas capaces de deshacer todos los nudos del mundo. La sonrisa del que acaba de vivir su primer Elche, la sonrisa del que espera ilusionado, después de un pastel de carne, todas las historias que nos quedan por compartir.

Real Murcia: Biel Ribas, Orfila, Charlie Dean, Molo, Fornies; Mateos (Pedro Martín, 62’); Santi Jara, Armando, Pallardó (Carlos Martínez, 52’), Elady (Carnicer, 62’); Chrisantus.
Goles: Dos, sorprendentemente.

Primavera en Centrofama


Luis María Valero

Real Murcia, 0; Don Benito, 1
Centrofama no es un centro comercial demasiado hermoso, aunque tampoco desmesuradamente depresivo. Es un limbo, un no-lugar en el que los relojes se detienen y los objetos comienzan a mirarte fijamente, te miran los escaparates tristes, te mira la arquitectura brutalista, te mira el rojo menos rojo de este universo, realmente te mira todo lo no-vivo que conforma el centro comercial más céntrico del centro de Murcia, el fracasado centro comercial ochentero que habría encajado como un guante en Pripyat, la ciudad de Chernobyl. Un día las escaleras mecánicas de Centrofama miraron a su alrededor y fueron conscientes de la realidad, conscientes de que nada iba bien, de que ningún humano subía por ellas, y entonces se pararon solas, fue una especie de suicidio de circuitos, los técnicos no entendían nada, esas escaleras mecánicas renunciaron a la vida y ahora ya son estáticas, nadie ha podido reanimarlas nunca. Desde entonces, yo siempre he sospechado que la planta superior de Centrofama está cerrada y reservada en exclusiva a fantasmas y espíritus nerviosos de susto fácil. Sólo se te permite el acceso si has muerto, podremos subir en cuanto nos apuñalen o nos peguen siete tiros, y entonces saldremos de dudas sobre lo que pasa allí arriba, sólo entonces sabremos. Pero desmesuradamente depresivo tampoco es, Centrofama. Y ahí está el Murcia, exactamente, mientras afuera llueve. El Murcia está en la terraza interior del Bar Tebas, tomándose un café con leche que no sabe a nada, agarrado a sus 40 puntos y mirando de reojo por si se acerca el yonki de siempre, el moreno de chándal con pelazo que últimamente cojea un poco, y que se ha consolidado como el yonki que más rápidamente se caga en Dios de toda la ciudad. Otros yonkis de Murcia se cagan en Dios si es que la interacción con el viandante al que le piden dinero se complica, por ejemplo a partir de una respuesta desafiante, pero el yonki que gusta de incluir Centrofama en su ruta diaria, nuestro yonki, es de un me-cago-en-Dios ágil. A veces se caga en la Virgen, tal y como han señalado otros autores, "o en los dos a la vez", puntualizan terceros. En general apunta alto en sus me-cago-en, siempre a figuras importantes, y efectivamente es de mecha fácil, ya simplemente que digas no llevar cincuenta céntimos encima es motivo suficiente para que brote de sus labios el lema. Ahora mismo ese yonki está entretenido con el Málaga B, el Almería B, el Ejido, el Villanovense y el Granada B, los tiene a todos en otra zona de Centrofama, pero el Murcia está acojonado, y hablamos de un yonki que huele el miedo como nadie, a muchos metros de distancia. No creo que venga a tocarnos los cojones. No creo. Pero seguimos mirando de reojo.

Algunos esperaban a Benito, a secas, pero resultó ser efectivamente Don Benito, un señor muy serio y hasta elegante en su austeridad, perfectamente replegado y dispuesto a aprovechar a la contra las autopistas que dejaban Josema y Forniés cuando no bajaban (muchas veces). El diagnóstico técnico del partido lo ofreció Alberto: "Si propones un juego directo, la segunda línea tiene que estar cerca para aprovechar esas segundas acciones que se generan. Y el problema en los dos partidos de Algar es que tanto Miñano como especialmente Miguel Díaz han estado muy lejos de ejercer eso". El diagnóstico espiritual lo ofreció Juanjo: "Lo que más me jode es que siendo malos jugamos como relajaditos". Puede que interiorizar esa última conclusión sea el camino inicial para evitar al yonki que se caga en Dios: nosotros tenemos que jugar como el Don Benito ahora. Ha quedado sobradamente claro que no tenemos calidad para tocar el balón, así que lo mismo hay que empezar a resguardarse atrás y aceptar nuestras limitaciones. La paradoja de este equipo es que no tiene la suficiente calidad para marcar unas mínimas diferencias, pero, sobre todo en el centro del campo, tampoco es que vaya sobrado de carácter. Por eso somos incapaces de estar tranquilos. El yonki está lejos y parece imposible que vaya a pasar por donde está el Murcia tomándose un café con leche. No creo. Pero afuera llueve y se acaba de escuchar un aullido que procede de la planta superior de Centrofama. El portero se resbala. Hugo Álvarez lleva toda la segunda vuelta resbalado, y sólo Juanma emerge de repente como un trozo de madera al que agarrarse. El calendario parece ahora plagado de Benitos a los que hay que tratar de usted. No creo que venga el yonki, pero todo está trastornado: ya no sabemos quién es bueno y quién es malo, toda referencia ha quedado disuelta en la mediocridad. Deformación de criterios. ¿Chumbi? Uno de los mejores delanteros que hemos tenido en nuestra historia. Lo mismo hay que renovar ya a Miñano, o lo mismo hay que echarlo sin miramientos, no se sabe bien nada. Ensimismados, mirando el café con leche. No creo que venga el yonki a cagarse en Dios y puede que en la Virgen. Centrofama es mitad de la tabla: no es un lugar hermoso, pero tampoco desmesuradamente depresivo. Deberíamos librarnos sin mayores problemas, no nos toca que venga el yonki a liárnosla. No creo que venga. No creo.

Real Murcia: Mackay; Hugo Álvarez, Armando, Sergio Maestre, Josema (Parras, 67'), Forniés; Juanma Bravo, Miguel Díaz (Nahuel, 67'), Miñano (Jeisson, 80'); Manel y Chumbi.
Goles: 0-1 (Abraham Pozo, 17').