Villanovensizados


Luis María Valero

San Fernando, 2; Real Murcia, 1
No sabría decir cuándo bajó definitivamente el listón, pero sí puedo decir que no ha bajado él solo, no podemos hablar de un listón autónomo y móvil, sino que ha habido acción humana: hemos ayudado todos a bajarlo, poco a poco, domingo a domingo, desde hace mucho. Supongo que la época de los Samper empezó a desdibujarlo todo, y que llegamos a interiorizar las broncas que aquellos hombres trajeados nos echaban por no conformarnos con el lodo, por no saborearlo. De hecho, muchos desarrollaron un interesantísimo síndrome de Estocolmo: "Gracias, muchas gracias por el lodo. No nos merecemos más". Aquellos hombres de traje, digo, comenzaron a sedarnos, y el nuevo estadio también ayudó. Todo se volvió más acorde a la distancia con el césped, más frío, más lejano. El estadio moderno, gélido y semivacío de un equipo que no tiene del todo claro si es grande o pequeño. Y tantos palos, tantísimos. Esa cantinela de que somos unos desgraciados, ese empezar a conformarnos con la fatalidad, incluso antes de que llegase. Eso ha empujado hacia abajo el listón, está claro, eso nos ha hecho perder el norte, encumbrar a jugadores normales y relajar la exigencia. Al menos hay algo positivo en esa trayectoria: la inocencia. Esta afición se ha hecho cada vez más inocente, más pura, menos hijadeputa. Y es algo objetivamente bueno, pero también algo que ha acercado el listón al suelo. Otro factor que ha influido ha sido la contratación de entrenadores que no sabían exactamente dónde estaban, lo que tiene que ser el Murcia en Segunda B, y que terminaban contagiando esa confusión. Paco García o Manolo Herrero pueden ser buenos ejemplos. No entienden que cuando el Murcia está en Segunda B, no hay excusas, incluso cuando las hay. Ya, ya sé cómo suena. Pero esa forma de pensar es positiva siempre a la larga. "¿Bajas? ¿Dificultades? Somos el Murcia, me cago en mi puta madre". Ése es el discurso, así de básico y de simplón, al menos en esta categoría. Y nada más. Eso es saberse grande, y esa ambición y esa agresividad deben ser obligatoriamente inoculadas a la plantilla. 

¿Cómo sabemos si se inocula? Por cómo muerden los domingos, por cómo salen a decirle al oído al San Fernando ese "somos el Murcia, me cago en mi puta madre y en la tuya" que previamente se les ha metido en sangre desde el entorno (secundario, llega poco) y desde el entrenador (primario, llega mucho). No se ve eso en este equipo, y por tanto cabe pensar que algo gordo está fallando y que domina la amorosa comprensión hacia los suspensos que trae el niño. Es que está tenso, no puede estudiar. Es que se esfuerza, pero siempre pasa algo. Es que tuvo mala suerte con una pregunta que le tocó. No, no: una rabia, un orgullo. Es un todo hecho de muy pequeñas piezas: empieza en las ruedas de prensa, continúa con sentir una exigencia sana de todo el entorno (el futbolista verdaderamente ganador agradece eso, y de hecho ha venido al Murcia para eso), sigue con no dar por buenos los empates, o por seguir buscando la victoria cuando te quedas con uno menos en casa, etc. Y si hay excusas, entonces somos el Villanovense, y nos hemos villanovensizado, y la media tabla es nuestro sitio y ahí estamos bien y salvar la temporada será un éxito. No, no, despertad. Eh, somos buen equipo, nos hemos permitido incluso el lujo de tener tres meses sentado a Forniés, que está sólo a un gran entrenador de jugar en Segunda División hasta que se retire. Somos buen equipo, y no quisiera recordar la humildad de muchos de los nombres con los que hemos llegado sobradamente al playoff las cuatro temporadas anteriores. Hay recursos, hay más de lo que está pareciendo. Pero es fundamental recordar lo que somos. Esos que salieron en la segunda parte, por ejemplo, demostraron que lo saben. Esos. Juanma, Josema, Escribano. También José Ruiz, que llegados a esta situación se convierte en indiscutible. Estamos limitados y no tenemos dinero, pero se puede mucho más.  Antes que nada: ¿Sabemos quiénes somos? ¿Sabemos cómo tenemos que ir por Segunda B? Comprender eso es prioritario. Podría habernos tocado ser el Villanovense, pero somos el Real Murcia. 

Real Murcia: Mackay, José Ruiz, Charlie Dean, Hugo, Nahuel, Maestre (Escribano, 84'), Jeisson, Armando, Manel, Miguel Díaz (Juanma, 77') y Miñano (Josema, 59').
Goles: 1-0 (Nano Cavilla, 5’), 2-0 (Bruno Herrero, 45’), 2-1 (Juanma Bravo, 92’).

Siete goles lleva


Alejandro Oliva (@beandtuit)

Real Murcia, 1; CD El Ejido 2012, 1
Abel Molinero lleva siete goles y yo ya no sé cómo seguir viviendo después de saber eso. Si por casualidad llegaras a leer esto, amigo, te pido que me ayudes, te pido de corazón que intentes ayudarme a seguir viviendo, a encontrar motivos para seguir adelante, para ilusionarme con algo o con alguien, a tener esperanza, porque yo ya no sé cómo seguir viviendo después de saber que Abel Molinero lleva siete goles. En febrero. Siete goles. En el Talavera. Abel Molinero. No lleva un gol Abel Molinero, no. No lleva dos goles, no, ni tres, ni cuatro goles lleva Abel Molinero en febrero en el Talavera. Abel Molinero no lleva cinco goles esta temporada, un año después de irse del Murcia, donde tú y yo sabemos que para meter siete goles hubiera tenido que jugar hasta la 2031/2032, y tirando los penaltis. No son seis tampoco los goles que el tal Abel Molinero lleva este año en el Talavera. Abel Molinero lleva siete goles y yo, qué quieres que te diga, no sé cómo seguir viviendo después de saberlo. Antes sí, antes sí lo sabía, o más o menos podía saberlo, o intentarlo, antes podía levantarme con alguna esperanza. Sonaba el despertador a las 6 y media, desayunaba bien, tranquilo, despacio; arrancaba el día con ese cosquilleo de que algo puede pasar, con esa cierta expectativa ante el nuevo día. La familia, los amigos, las emociones y el Murcia vivo, todavía vivo, en un coma del que sólo podrá salir sobreviviendo en la indigencia. Yo entonces no sabía que Abel Molinero lleva siete goles, claro. Vivía ajeno a eso, vivía feliz, en la medida en que el ser humano puede serlo. Todo cambió el domingo, a la hora de comer, en una comida estupenda en un merendero del extrarradio. El error fue mío, sólo mío, por ese maldito vicio de estar medio informado. El error fue entrar en la red social tuiter, buscando la alineación del Murcia, porque yo no quiero saberlo todo, no quiero saber casi nada, de hecho, pero yo quiero saber pronto la alineación del Murcia, eso es algo que quiero saber siempre, malditas sean las ganas de saber. Eso es algo que quiero conocer cuanto antes, al menos antes de saber que Abel Molinero lleva siete goles en el Talavera. El caso es que esa red social hablaba en ese momento, en aquel merendero del extrarradio, de los muchos goles que lleva ese gran futbolista llamado Eladio Zorrilla, que es un futbolista que siempre hemos sabido que mete goles, y por ese motivo es un futbolista cuyos goles no duelen tanto, no duelen apenas: sabemos que Eladio va a meter goles casi siempre. La red social hablaba de eso, la red social chillaba incluso, como siempre, y entonces alguien hizo un pantallazo, seguro que de manera inocente, con la tabla de goleadores del grupo IV de Segunda División B, de los máximos goleadores, claro, de los goleadores elegidos, y allí ocurrió, en ese instante, allí apareció de pronto el futbolista Abel Molinero. Si todo el mundo tiene un antes y un después en su vida, ese fue mi momento. Durante un segundo –acaso el último segundo feliz, acaso el último segundo con sentido- pensé habrá otro Abel Molinero, durante un segundo estúpido quise evitar la caída al vacío, como si pudiera existir en este mundo otro Abel Molinero además de Abel Molinero. Pero bendito segundo. Bendita ignorancia, bendita inocencia. Porque después llegó la tormenta. En mi mente, tiré los platos de la mesa, arrojé indignado la cerveza a un camarero, grité, me desnudé por completo, sangré por los ojos lágrimas desesperadas, juré por todos los dioses y todos los santos, busqué alguna cara amable que comprendiera mi desolación. Abel Molinero llevaba siete goles. Abel Molinero lleva siete goles. Siete. En el Talavera. En mi mente, la tormenta, pero no quise que el mundo exterior fuera consciente de la devastación, y sólo lancé una carcajada tonta para disimular el horror que me consumía por dentro. Entonces di un trago largo a la cerveza y sentí la necesidad de saber más. La necesidad de explicarlo, o quizá simplemente de confirmarlo, de confirmar que Abel Molinero lleva siete goles. Revisé las jornadas del Talavera una a una, sin dejar la cerveza. Revisé los goles. Uno, dos, tres. Un doblete, de pronto. Cuatro, cinco. Seis, siete. Siete goles. Y un sudor helado por la espalda. ¿Será un error de la aplicación? Hoy en día, ya se sabe. No te fíes de nada. La precariedad laboral como esperanza. Amagué con ir a los diarios toledanos, a buscar las crónicas y el detalle de esos goles, quizá alguno esté mal atribuido, quizá alguno era dudoso y en realidad Abel Molinero lleva seis goles, o cinco, incluso, lo que sea, cualquier cosa con tal de que no sean siete. Pero de pronto comprendí que era absurdo, que ya daba igual, que ya todo daba igual. Tiré la toalla, acepté la derrota. Abel Molinero lleva siete goles. El camarero movía los labios, pero yo no escuchaba nada, sólo un pitido profundo que se clavaba en la sien. Queréis más pollo, decía, seguramente, el camarero, o algo de postre, o un belmonte. Todos hablaban, pero yo no escuchaba nada, sólo el murmullo de la gente feliz que no sabe que Abel Molinero lleva siete goles. La gente que sabe cómo seguir viviendo. Yo ya no sé, dime tú cómo, de verdad, te lo pido de corazón, dime cómo seguir viviendo si por casualidad llegaras a leer esto.

El Murcia recibía el domingo a un El Ejido construido para estar arriba, pero que está abajo. Qué fácil es el fútbol y qué difícil suele serlo. El Murcia lleva más de cinco años sin estar abajo, en una de las mejores rachas de su historia, y es posible que algunos hayan olvidado que se puede estar abajo, que lo normal es estar abajo de vez en cuando. El Murcia de Herrero volvió el domingo a la senda del buen juego, del dominio, de las llegadas y de las ocasiones, de hacerlo todo para ganar menos el gol, y además el Murcia volvió a José Ruiz para que perder sea más difícil. Al día siguiente, el Consejo de Administración del Real Murcia, quizá sin saber que Abel Molinero lleva siete goles en el Talavera, volvía a estudiar la continuidad de Herrero después del partido. Siete goles lleva Abel Molinero. Los mismos que Chumbi, Curto y Manel juntos. Y Zorrilla lleva 12, y Héber Pena ya lleva seis con el Melilla (apunta a pichichi, apunta a bota de oro desde que dejó el Murcia), y Aguilera tomó el Miniestadi y Dani Pérez es ahora Sergio Ramos y Gerard Oliva marcó 18 goles en el Badalona. Que Abel Molinero lleve siete goles suena a mensaje divino, o a proverbio chino: "No intentes nada, porque nada te va a salir a ti". El Consejo volvía a estudiar la continuidad de Herrero, y el mero hecho de que estudie eso ya dice algo malo de este Consejo, que hace menos de un mes aseguraba que la viabilidad económica era prioritaria, por encima de cualquier objetivo deportivo. Además, Herrero apenas ha sido protestado por una grada especialmente protestona; Herrero cuenta con el apoyo absoluto de la plantilla, que lo demuestra en el campo y fuera del campo. Que se siga dudando de Herrero dice algo malo de este Consejo, aunque la decisión de que continúe dice cosas muy buenas, cosas que ilusionan. Yo te diría claramente que echar a Herrero es volver al camino del despropósito, del descalabrar a pedradas los proyectos sin ningún rigor profesional, sólo desde las vísceras del hincha acalorado que ha despedido a entrenadores en caliente desde que voy al fútbol. Te diría que no tiene ninguna explicación en el contexto del Murcia actual, pero todo eso te lo hubiera dicho antes de saber que Abel Molinero lleva siete goles. Ahora que lo sé, que sé que Abel Molinero lleva siete goles, no te voy a decir nada, porque todo carece de sentido. Si ya no sé cómo seguir viviendo, qué voy a poder contarte. Me callo para siempre. Me he quedado sin ilusión y sin palabras. Siete goles lleva, con el Talavera, Abel Molinero. No sé, quizá algún día pueda olvidarlo, quizá algún día pueda recuperar ese cosquilleo ante el nuevo día, esa cierta expectativa de que algo bueno puede pasarle a este Murcia vivo, en coma, pero todavía vivo. 


Real Murcia: Mackay; José Ruiz, Hugo Álvarez, Charlie Dean, Forniés; Maestre; Josema (Juanma, 45'), Armando (Miñano, 73'), Miguel Díaz, Jeisson (Curto, 76'); Manel.
Goles: Siete lleva.

Tristes

Alejandro Oliva (@beandtuit)

Recreativo de Huelva, 2; Real Murcia, 0.

Corren malos tiempos para la lírica, pero sobre todo para la seriedad. No tengo muy claro cuándo comenzó la persecución de los serios, pero no cabe duda de que el Instagram y esas cosas la han impulsado a niveles de cacería. Ya no vale con ser guapo: hay que ser guapo y sonreír. Hace un par de años, una maestra acusó a mi hijo de ser serio, pero yo me lo tomé como un piropazo. Usted no se preocupe, señora. Tres años y serio, me dije. Apunta maneras, el tío. Quizá el problema sea que tendemos a confundir la seriedad con la tristeza y la tristeza con la seriedad, como si no se pudiera vivir una alegría inmensa con cierta reserva, o sobrellevar la tristeza con una sonrisa enorme y buen humor. Son tiempos de exhibición de la alegría, de risotada constante, a ser posible estruendosa, de jajajajas y jijijis, del chiste fácil y la tontería continua, por todos lados. La vida hay que llevarla con la mayor alegría posible, la vida hay que celebrarla siempre, por si acaso, y el humor nos hace mejores, el humor nos hace humanos, pero qué sentido tendría la alegría si no reservamos un tiempo y un espacio para la seriedad. Me gusta que me pongan la cerveza con una sonrisa, pero sin chiste, por favor. Y que me la vuelvan a poner sin pedirla, con alegría, pero sin carcajada, sin darle importancia, que suceda sin más. Que las cosas tengan su gracia natural, si la tienen. No todo tiene que ser un espectáculo, ni una imagen digna de instagramear. No tengo claro cuándo empezó la persecución de los serios, no sé cómo comenzó la cacería. Será un problema global, imagino. Sí recuerdo cómo empezamos a reírle las gracias a De la Morena frente a la seriedad de Supergarcía, y es como si aquello fuera un poco el principio de todo. Será casualidad. Cosas de los nuevos tiempos. Pero ahora nos llevamos las manos a la cabeza con el Chiringuito ese, con la coña continua en todo informativo de deportes, por llamarlos de alguna manera. Ahora no existes si no la lías, si no gritas o te pones un gorro de payaso o tuiteas una burrada. Ahora tu gol saldrá en la tele con más probabilidad si haces el imbécil al marcarlo que si lo metes por la escuadra desde 40 metros. Todos somos culpables, imagino. Corren malos tiempos para ser serio, hijo mío. 


El Murcia perdió en Huelva su cuarto partido de la temporada, el primero que no fue por la mínima, y aún está entre los equipos que menos ha perdido de su grupo. En Huelva, el Murcia, sin ser peor que el Recre, volvió a evidenciar sus carencias en ataque y, además, no pudo exhibir su fortaleza defensiva. Pero lleva cuatro derrotas, sólo cuatro, y ya estamos en febrero. Una casual y tres contra los grandes del grupo. El Murcia de la miseria, el Murcia de los balones con pegamento cuando se descosen, el Murcia sin un duro en octubre, el Murcia de Herrero, que apenas ha perdido y que ahí está, sin descoser, todavía vivo para todo. Aun así, sobrevuela en el ambiente la sensación de que Manolo Herrero sigue siendo entrenador del Murcia sólo porque el Murcia no tiene un duro, sólo porque el Murcia debe 55 millones de euros; sobrevuela la sensación de que Manolo en el Murcia sólo porque el Murcia es una ruina. Si el Murcia fuera un club normal, Manolo no estaría en el Murcia, sísí, eso sobrevuela por Murcia. ¿Y cuál es el problema de Manolo? ¿Que no deja el 4-2-3-1 ni para cagar? ¿Que no se arranca a jugar con dos puntas? ¿Que no pone a Armando salvo cuando no le queda otra? ¿Que sentó a José Ruiz el día que menos debía sentarlo? No, hombre, qué dices. Deja al fútbol en paz. El problema de Manolo es que Manolo es serio, y quien dice serio, ya sabes, dice triste. Ya se lo oí a alguien en Pinatar Arena, allá por julio o agosto, antes de perder siquiera un partido. “Este tío es muy serio. Este tío transmite tristeza”. Ya estabas sentenciado, Manolo, incluso aunque te aprendieras algún chiste en tu pueblo. Tu seriedad en las ruedas de prensa es sospechosa. Esa cara siempre, esa misma cara triste, ganes o pierdas. ¿No te la sabes cambiar? Esa actitud. Ese carácter sosaina. ¿Dónde cojones te crees que estás, Manolo? Aquí queremos bufones, hombre. Queremos gritos y alegría y baile, queremos alguien que la líe de vez en cuando. Queremos payasos. Transmite algo de una puta vez, Manolo. Ponte un sombrero raro, cántate aunque sea una saeta, cágate en dios. Algo. Acuérdate de Aira, otro sieso sin carácter que no se reía jamás, que hizo dos milagros en el Murcia con palicos y cañicas, pero sin una puñetera sonrisa, el cabrón. Acuérdate de cómo fue sentenciado antes de aquel playoff por los enemigos de la seriedad. Por los graciosos. Por los alegres, los de la barriga y las risas y la champions. Los que decidieron que faltaba carácter, y gritos, y algún chiste, quizá, y cojones, siempre cojones. Ahora vuelven a hablar de tristeza y nos echamos las manos a la cabeza. Pero cuando no es por una cosa, es por otra. Cuando había dinero y cuando no lo hay. Jamás han dejado a nadie dirigir más de dos años seguidos al Murcia. Que ellos puedan volver a tomar decisiones sí que sería triste. Malos tiempos para ser serio, Manolo. Malos tiempos para ser serio, hijo mío.

Real Murcia: Mackay, Parras, Charlie, Armando, Nahuel (Fornies 77’); Maestre, Juanma (Víctor Curto 65’), Jeisson, Miguel Díaz, Josema (Santi Bernal 85’); Manel.

Aterriza como puedas


Alejandro Oliva (@betandtuit)

Real Murcia, 1; Atlético Sanluqueño, 0.
Tenemos aeropuerto nuevo, y además parece que por fin es uno bueno, uno de verdad; pero tú tranquilo, que con aeropuerto o sin aeropuerto no vamos a dejar de ser la última mierda que cagó Pilatos. Tú no te preocupes por eso, socio, que eso no va a suceder de ninguna manera. Y mira que vino hasta el rey a inaugurarlo, pero no sé, se ve que faltaba la reina de Inglaterra, picha, el caso es que en los periódicos y las teles nacionales, una vez más, apenas salió Murcia. No hay manera. Quizá si el rey se hubiera pegado una buena hostia al bajar del avión, o algo de eso, algo de coña o algo negativo para que salga Murcia, claro, que entonces sí, sí, entonces Murcia sí. Tú asesina con una catana a tu familia y tendrás Murcia, tú córtale la cabeza a tu madre y tendrás Murcia, garantizado; pero tú intenta tener Murcia sin matar, o algo de eso, que no vas a tener Murcia en la puta vida. Somos la última mierda que cagó Pilatos, socio, no creo que don Manolo Preciado pensara en otra cosa más que en Murcia cuando utilizó esa expresión. Nadie sabe nada de Murcia. Nadie dice nada de Murcia. ¿Qué  pijo van a decir de Murcia, si no saben nada de Murcia? Pero, ¿y qué dice Murcia de eso? ¿Qué decimos nosotros? Pues cuando por fin tenemos aeropuerto nuevo, uno bueno y de verdad, y aterriza el primer avión, Murcia dice que en Alicante aterrizan dos o tres y despegan siete, que menuda mierda somos, Murcia dice que menuda mierda es Murcia. El primer día, ojo. Sin tregua. Cuando por fin tenemos aeropuerto nuevo en Murcia, Murcia llora la pérdida del antiguo, del que no era ni podía ser de verdad, del pequeñico que no daba más de sí, porque Murcia es pequeñica, se ve, porque Murcia es la última mierda, ¿no sabes?, encerrada entre los gigantes andaluz y valenciano, y por debajo de ellos, claro; la última mierda de un país que sistemáticamente nos ha arrinconado sin problema, porque no nos quejamos, qué va, al contrario, devolvemos el maltrato con un sorprendente y desmesurado sentimiento español. Es un proceso tal vez inconsciente, como un extraño complejo de orgullosa inferioridad, un cortarnos las alas entre vecinos, un sentido de la comunidad atrofiado, como acomodado en la mofa, en la pequeñez, basado en la queja desde el sofá, el desapego rancio y el virgencica, virgencica, que me quede como estoy como manera de vivir. Y todo es lo mismo. Todo está envuelto por ese aroma viciado. El Murcia necesita un proyecto de cantera, pero aquí el canterano es querido en abstracto, como un concepto general, porque el canterano concreto, con nombre, ya se puede ir a su puta casa desde el momento en que debuta, que con ese no vamos a ningún sitio, inútil, que sois todos unos inútiles sin sangre. Generaciones enteras perdidas por el runrún de una grada. Ahí está el caso de Simón, machacado y condenado por cometer un error a los 22 años. Ahí está Juanma. Incluso Armando, que no es de la cantera pero es de Santiago y Zaraiche, y no deja de ser señalado, en cuanto se descuida, por Murcia. Todo es lo mismo. Al Murcia deben salvarlo los murcianos pero en cuanto un grupo de ellos lo intenta se empieza a sospechar, a criticar sus decisiones, casi que a dudar de su amor por el Murcia, a pesar de que su empeño y su tiempo deberían merecer elogio, o por lo menos respeto. Todo está envuelto por ese aroma viciado. ¿Quién quiere matar al Murcia? ¿Quién está más interesado en que no haya más puto Real Murcia? Una pista: no es una universidad musulmana de Alicante, ni una protestante de Almería. Todo es lo mismo, y cuando todo eso ruge te acuerdas de don Manolo Preciado, de la última mierda de Pilatos y de cómo le fueron las cosas en Murcia (al pobre Preciado, no a Pilatos); de lo pequeñicos que somos y queremos ser; de ese extraño complejo de orgullosa inferioridad, del milagro diario de que siga existiendo el Murcia a pesar de los murcianos. Cuando todo eso ruge dan ganas de largarse bien lejos, ahora que tenemos un aeropuerto bueno, uno de verdad. Pero tú tranquilo que con aeropuerto o sin aeropuerto nada va a impedir que seamos la última mierda que cagó Pilatos.

Arrancaba la segunda parte de la liga y el Murcia recibía al Sanluqueño en plena adaptación a su nueva dimensión. El equipo se intenta acomodar a su realidad, después de vivir en el engaño corrupto de los Gálvez, y lo hace tras perder por completo, ojo, a toda su línea de creación y ataque del inicio de curso. El Murcia de la segunda vuelta será otro, pero de momento Herrero consigue que parezca el mismo y mantiene el tipo, agarrado a su defensa y a Maestre. Ganamos, que a estas alturas, en nuestra nueva dimensión, no sabemos muy bien lo que significa, ni para qué sirve. Pero ganamos. Los sueños de quedar primero han dejado paso a la realidad de llegar vivos a junio, sin más. Y de vivir más allá de junio. Esa es nuestra nueva dimensión. "Podemos irnos juntos lejos de este mundo tú y yo", cantan Los Planetas cuando se van De viaje, "en un viaje por galaxias infinitas hacia el sol". Podría ser un buen plan, ojo, ahora que tenemos nuevo aeropuerto, ese que de ninguna manera va a impedir que seamos la última mierda que cagó Pilatos. Irnos lejos de este mundo, socio. Y con el Murcia. Qué podría ser mejor que estar siempre juntos tú y yo.

Real Murcia: Mackay; José Ruiz, Hugo Álvarez, Charlie Dean, Nahuel; Maestre, Miñano (Juanma, 88'); Josema, Julio Delgado (Armando, 86'), Santi Bernal (Chumbi, 57'); Manel.
Gol: 1-0, Charlie Dean (74').

Los polacos


Alejandro Oliva (@betandtuit)

Ucam Murcia, 2; Real Murcia, 1.
Cuentan que cientos de polacos se han hecho con una pequeña parte del Murcia, y me parece algo maravilloso. Pero no he querido saber mucho más del tema, no he querido pinchar en la noticia, no he querido ampliar mis conocimientos sobre esos polacos, sobre por qué cojones unos polacos se han hecho con una pequeña parte del Murcia. Es una noticia que he recibido con más ganas de ilusión que de información. Hay unos cuantos polacos que tienen una parte del Murcia, y no sé muy bien por qué, ni quiero saberlo. También hay italianos, muchísimos, e ingleses, y americanos, y más de mil húngaros (ojo), pero de todo eso no he querido informarme demasiado. Lo primero que me impactó, lo que me llegó al corazón, fueron los cientos de polacos. Me imagino a ese polaco despertándose el domingo en Lodz o en Cracovia, ligera resaca, pelo revuelto, zapatillas de paño, con una sonrisaza que no lo cabe en la cara al pensar que su equipo (sí, SU EQUIPO), juega esa mañana. “Me cago en el copetín”, me imagino al polaco diciendo ilusionado, católico, claro, futbolero, sonriente, resacoso, hoy jugamos, sísísí. Me imagino al polaco encendiendo el ordenador por si hubiera manera de ver jugar a su equipo (sí, SU EQUIPO), ahora que le pertenece, ahora que tiene una pequeña parte del centenario Real Murcia. “En el copetín me cago”, me imagino, al polaco, al ver que nada, que no, que no hay tele, bueno, a ver si ganamos, al menos, a ver contra quién capullo jugamos hoy. Me imagino al polaco leyendo ‘Ucam Murcia’ y pensando, la virgen de Czestochowa, que es un derbi, el otro equipo histórico de la ciudad, será, pensaría el polaco, viniéndose arriba, partidazo, su puta madre, habrá que ir a Murcia a ver un derbi de esos, habrá que mirar vuelos. Me imagino al polaco leyendo en Wikipedia sobre el así llamado Ucam Murcia Club de Fútbol, nacido en 1999, ah, pijo, de histórico nada, nacido como Murcia Deportivo, y luego Los Garres, y luego Rincón de Seca, y luego Costa Cálida-Beniaján Club de Fútbol, la virgena, qué equipo, y luego Sangonera La Verde, ya en 2011. Y ese año, por fin, Universidad Católica de Murcia Club de Fútbol, toma ya, universidad católica nada menos, imagino al polaco, a las 11:50 en Wikipedia, investigando al rival antes del derbi, con un café, resacoso, cagándose en el copetín, qué casualidad, 2011, justo a la temporada siguiente de que el Murcia, su equipo, entrara en concurso de acreedores y se acercara a la liquidación; qué bárbaro, no cuando su equipo estaba en Primera tres años antes, no entonces, no, universidad católica sólo al ver negocio, universidad católica sólo al verlo morir. Me imagino al polaco llegando a ese detalle, o no, porque en realidad es un detalle en el que apenas ha reparado ningún murciano en todos estos años. Imagino al polaco lavándose la cara y abriendo el mismarcadores, o algo de eso, allí en Polonia, en Lodz o en Cracovia, y abriendo el twitter del Murcia, ilusionado, un puto derbi, socio, mi equipo, sí, mi equipo centenario, porque cientos de polacos se han hecho de pronto con una pequeña parte del Murcia, y me parece algo maravilloso; en 94 países ahora hay gente con una pequeña parte del Murcia, casi 21.000 personas repartidas por todo el mundo tenemos ahora una parte de nuestro equipo. Pero es un tema del que no he querido saber mucho más, no he querido tener más información de esta movida tan bonita, quizá porque el Murcia, todo lo que rodea al puto Murcia, me emociona tanto que se me saltan las lágrimas sólo de pensar en que pueda llegar a salvarse.

El Murcia se ha hecho global y respira, al menos, pero el Murcia de Herrero se presentaba al derbi algo tocado deportivamente, después de que el Cartagena destrozara en los 20 últimos minutos su solidez, su espectacular solidez de las 12 primeras jornadas. Y en los 20 primeros minutos del derbi se alargó ese destrozo. El Murcia saltó a La Condomina con la solidez hecha pedazos, como si esos dos goles del Cartagena hubieran despertado todos los fantasmas, todos los desastres perpetrados por esa banda de hijos de la gran puta que formaron una plantilla de buenos futbolistas a los que sabían que no iban a pagar; como si hubieran aparecido todas las lagunas que debe tener un equipo que no cobra, que entrena en campos de mierda y que ha pegado con pegamento sus balones descosidos. Y el Ucam se aprovechó de la situación, claro, y el partido se convirtió así en un resumen de estos últimos años en los que el buitre sobrevuela y espera, en silencio, sin hacer ruido, sin otra misión que esperar la muerte del Murcia. Y siempre ayudado por un córner que no es, y por un gol tonto en propia puerta, y por un penalti no pitado. Un resumen de estos años. El buitre, que diga el Ucam, fue muy superior en esa primera parte y pudo hacer la herida más grande, con oficio, con plantilla seria que cobra al día y con un pedazo delantero como Titi, con la solidez que proporciona un proyecto tan serio en lo deportivo como muerto en todo lo demás. Pero en la segunda parte, cuando nos temíamos lo peor, su extremo Isidro Ros, futbolista interesante pero con una discapacidad emocional aún más interesante, futbolista tan desequilibrante como necio en todos los sentidos de la palabra, nos metió en el partido al ver la segunda tarjeta, por fin, casi buscándola, después de haberla merecido cuatro veces antes. Y ahí el Murcia no sólo pudo empatar, ahí el Murcia debió ganar. Arrolló y acorraló al buitre, y no lo goleó porque este Murcia frágil atrás tiene el mismo problema que el Murcia sólido atrás: no hace un gol a nadie, nunca, por mucho que llegue, por mucho que tire. Ahí volvió a encontrar, además, a un rival magnífico en defensa, rocoso, y que recordó a ese viejo chiste que arrastra la Universidad Católica de Murcia desde su origen: ni es universidad, ni es católica, ni es murciana. Un equipo de mercenarios de barrio de gran ciudad andaluza no hubiera jugado de manera más rastrera y zafia, y los valores universitarios, católicos y murcianos se volvieron a quedar en el nombre. La afición murcianista, en cambio, pareció tomarla con los suyos, a pesar de que no pudieron hacer más por empatar el partido. Y empezó a tomarla con Herrero, a pesar del magnífico trabajo de sus primeros meses, a pesar de que ante los dos ogros del grupo sólo ha perdido por la mínima. Pero esto es Murcia, señores polacos. Pasen y vean, pasen y actúen, si pueden, únanse a los italianos y a los húngaros o algo y cambien el rumbo del club. Porque aquí hemos tenido a todo tipo de maleantes y de sinvergüenzas, ladrones de altos vuelos y estafadores de barrio, por aquí ha pasado todo tipo de hijo de la gran puta intentando sacar tajada hasta de la miseria, pero también hemos tenido siempre una grada llena de sabios que ha dinamitado cualquier intento de proyecto deportivo. Ellos son murcianos, no siguen al equipo desde Lodz ni Cracovia, pero parecen incapaces de comprender cuál es la situación extrema del Murcia, cómo está de hundido el club. Desahuciado, en las últimas y, además, con un buitre que sobrevuela paciente, sin hacer ruido, sin otra misión que esperar nuestra muerte. Un buitre que ha visto, de pronto, cómo hemos recibido el apoyo de casi 21.000 almas repartidas por 94 países. Cómo, de pronto, cientos de polacos se han hecho con una pequeña parte del Murcia, en una movida de la que he preferido no saber mucho más, no tener más información, quizá porque todo lo que rodea al puto Murcia me emociona tanto que se me saltan las lágrimas sólo de pensar en que podamos llegar a salvarlo.

Real Murcia: Mackay, José Ruiz, Charlie Dean, Hugo Álvarez, Forniés (Manel, 62'); Maestre (Armando, 81'); Josema, Juanma (Héber Pena, 45'), Corredera, Alfaro; Chumbi.
Goles: 1-0 y 2-0 (Emilio Butragueño), 2-1 (Manel, 82').

Hazlo tuyo


Foto: "¡Aguanten los granas!" (© José Manuel Martínez)
Alejandro Oliva (@betandtuit)

Don Benito, 0; Real Murcia, 0.
Con las miles de cosas interesantes que dijo don Luis Aragonés, me temo que va a pasar a la historia una de las más estúpidas que dijo. Y una de las que menos le representa, además. Luis fue un tipo muy grande, un tipo extraordinario, lleno de luces y sombras, seguramente como todos los tipos muy grandes y extraordinarios. Un tipo con mal genio y cara de mala leche, un poco como de querer estar siempre en otro sitio. Luis fue un futbolista sobresaliente y un buen entrenador, de carrera larga, algo irregular, seguramente como casi todas las carreras largas. Luis tuvo varios éxitos importantes y algún tropezón, y sólo su tozudez, su tremenda cabezonería para no dejar la selección española cuando España entera clamaba contra él, le ha permitido pasar a la historia como un héroe. Luis clasificó a España en la repesca para el Mundial de Alemania en 2006, donde se estrelló en octavos contra el último coletazo de la penúltima gran Francia, y a finales de ese año su selección tocó fondo, al perder en Irlanda del Norte y en Suecia. Luis se llevó hostias por todos lados, con una unanimidad de la España futbolística casi sin precedentes, que lo masacraba, lo insultaba y le recordaba continuamente que había incumplido su promesa de irse tras el Mundial. Pero Luis no se fue, ni Ángel María Villar lo destituyó y, sólo unos meses más tarde, Luis empezó a cambiar la historia de la selección española. Sólo unos meses más tarde, empezó todo: el tiquitaca y la posesión, el juego vistoso y las victorias, la Eurocopa soñada, por fin, la semilla para ganar un Mundial. En año y medio, esa unanimidad de la España futbolística casi sin precedentes cambió de barrio, y Luis pasó de ser un majadero cabezón al gran genio que había revolucionado el fútbol español. Fue así, ojo. En año y medio. Sin transición que se recuerde, sin matices, sin grises, sin análisis ni discusión posible, acaso porque eran los mismos, exactamente los mismos que lo habían denigrado, los que ahora lo ensalzaban; y aún más cuando murió, claro, en 2014. Luis fue un tipo muy grande, un tipo extraordinario que no paraba de decir cosas interesantes, pero me temo que pasará a la historia por una de las cosas más estúpidas que dijo, y una de las que menos le representa, además. Fue en una rueda de prensa, entrenando al Atléti, con su proverbial mal genio, cuando dijo eso de que el fútbol consiste en “ganar y ganar y ganar… y volver a ganar, y ganar y ganar”. La frase estaba destinada a triunfar: era sencilla y sonora, tenía fuerza, tenía la profundidad justa para ser irrebatible. Y ahí están, venga a citarla, con esa unanimidad de la España futbolística que casi da miedo. Y ganar y ganar y ganar. Da igual de qué equipo sean, da igual que pierdan hasta al futbolín. Y volver a ganar, dicen, sin rubor. Y ganar y ganar y ganar, repiten, sin parar. Y volver a ganar, y ganar y ganar; y ganar, y ganar, insisten, sin un número de ‘ganares’ determinado, porque no hay límite en el número de 'ganares', ojo, como no hay límite en la tontería. Menudo legado nos dejaste, Luis, con la frase. Estoy casi seguro de que si lo hubieras sabido te hubieras quedado calladico, Luis. De que era sólo una manera de hablar, una necesidad de transmitirlo a tu gente así, en ese momento; de que sabías que el fútbol es todo eso, sí, pero es mucho más que eso. De que sabías que el fútbol es, como mucho, intentar ganar, y volver a intentarlo. Que el fútbol, y lo que no es fútbol, es sobre todo jugar y jugar y volver a jugar.

El Murcia continuó en Don Benito superando, igualando o acercándose a varias de las mejores rachas de su historia, según nos cuenta cada semana el gran @NumerosGrana. El Murcia lleva más de un año sin perder fuera de casa, el Murcia apenas recibe goles, el Murcia lleva desde la primera jornada sin encajar un gol en jugada de un rival. El Murcia de Herrero, este Murcia que no ha cobrado en toda la temporada, lleva unos resultados notables, sensacionales dadas las circunstancias. Y a pesar de eso, había que ganar en Don Benito. Y ganar y ganar y ganar. Por alguna extraña razón que se me escapa, una parte del murcianismo sigue pensando que en Don Benito hay que ganar, que en Don Benito el Murcia debe ganar por cojones, por alguna ley no escrita, por una extraña superioridad histórica que tiene que transmitirse en el campo, que debe incapacitar a once futbolistas del Club Deportivo Don Benito para empatarle al Real Murcia. “En Don Benito hay que ganar”. Es un pensamiento que me sigue fascinando, una mezcla de inocencia y prepotencia que ignora la esencia del fútbol, y casi de la vida. Que confunde la máxima ambición que siempre hay que tener con la absurda exigencia de conseguir algo por lo que también lucha otro. Es una manera de verlo muy extendida en esta tierra, quizá influida por el madridismo dominante, o quizá por esa unanimidad de la España futbolística donde tanto ha calado el y ganar y ganar y volver a ganar; es una manera de verlo que ha dilapidado todos los proyectos deportivos que se han intentado en Murcia, todos, siempre, incluso en los mejores años del Murcia, en los 80, cuando unas cuantas derrotas acabaron con José Víctor Rodríguez, con Eusebio Ríos, con Vicente Carlos Campillo, con Antal Dunai. Con todos, siempre, jamás un entrenador más de dos años seguidos en Murcia. En un Murcia que no cobra, en un Murcia con resultados muy notables, ya se duda de Herrero, por ese eterno “en Don Benito hay que ganar”. Por suerte, casi a la vez que no podíamos ganar y ganar y ganar en Don Benito, un par de murcianistas lanzaban una web para facilitar la participación en la ampliación de capital del club. Antonio Ruiz y Víctor García trabajaron todo el sábado sin descanso, 14 horas, sin comer apenas, todo por un escudo, para que cuanto antes, en unos días cruciales para el murcianismo, todos pudiéramos comprar fácilmente un trocito del Murcia. Es algo que está en nuestra mano, gracias a Antonio, gracias a Víctor, gracias a todos los que están dejando su tiempo por el Murcia, dentro de esta gran plataforma en la que por primera vez se contempla un futuro sin la obligación de ascender, un futuro sin la obligación de ganar. En Don Benito se puede ganar o no, pero el Murcia sí podemos hacerlo nuestro, desde casa, sin ningún jugador del Don Benito que venga a quitarnos el móvil, sin que el árbitro corte el wifi cuando vas a culminar la compra. Y ya ese mismo domingo, y ya durante esta misma semana, ha brotado algo maravilloso, una corriente de murcianismo que emerge en cada rincón de la ciudad, un torrente de cariño desde todos los puntos del mundo. Un contador de amor mágico que no para de crecer. Un aliento de vida para el desahuciado. Una solidaridad entre hinchadas e hinchas para mostrar que el fútbol es ganar, sí, pero es mucho más que ganar. El Real Murcia eres tú. #Hazlotuyo, #HazloReal, aunque sólo sea para que podamos volver a empatar y empatar y empatar en Don Benito. Hazlo tuyo para jugar y jugar y poder siempre volver a verlo jugar.

Real Murcia: Mackay, Migue, Charlie Dean, Dani Pérez, Forniés; Maestre, Armando (Josema, 83’), Miñano (Juanma, 78’), Corredera; Manel (Chumbi, 72’), Dani Aquino.
Goles: Antonio Ruiz y Víctor García.

El chiquillo


Alejandro Oliva (@betandtuit)

Real Balompédica Linense, 0; Real Murcia, 0.
Es una de esas imágenes que le debemos al cine americano, una más, una de esas imágenes que tenemos grabada en la memoria de tanto verla en la tele. Hoy los chavales pueden elegir entre el youtuber de Toronto o la influencer de Burgos; hoy tienen el Netflix ese, y otros mundos y millones de opciones donde elegir; hoy son más libres que la hostia, son terriblemente libres; pero nosotros no, para nosotros en los 80 esas películas americanas de la tele eran algo obligado, impuesto, porque no teníamos otra cosa que ver, y en la calle era prácticamente imposible que no te robaran. Es una de esas imágenes que tenemos grabada en la memoria, parte de nuestra otra cultura, porque de alguna manera tuvimos dos infancias, una que vivíamos, en Murcia, y otra que veíamos por la tele, en una zona residencial de clase media en las afueras de una gran ciudad norteamericana. Es una de esas imágenes recurrentes, una que mostraba a una madre soltera, o separada de un hijo de la gran puta que le pegaba, una madre de una desestructuradísima familia americana, desesperada porque no tenía con quién dejar al niño, o niños, ante un acontecimiento inesperado (su jefe la había llamado para cambiar el turno en la cafetería, casi siempre), desesperada porque no podía dejar al chiquillo solo en casa, y con sus padres ya no se hablaba, o vivían en Florida; pero entonces, toma ya, la madre llamaba a una vecina a la que le pasaba al chiquillo, casi sin preguntar; le pasaba a un bebé con una capaza llena de pañales y algún potito, y le decía: “Louise, por favor, tengo que salir unas horas, ¿puedes cuidar del pequeño?”. Qué imagen aquella. Cómo recibíamos nosotros aquí esa imagen, señores; en qué momento, aquí, le íbamos a dejar al chiquillo a la loca del tercero. Pero lo veíamos en las películas, y así era, así nos ha llegado esa imagen, así la tenemos, grabada en la memoria. Ahí se quedaba el bebé, con la vecina, con la así llamada Louise, de la que no sabíamos nada, de la que intuíamos que cuidaría al bebé como si fuera suyo, o no, a saber, ese era el secreto y la fuerza de esa imagen, esa duda entre si era Louise-adorableLouise-loca del tercero. La Ley del Deporte de 1990 provocó en España un terremoto entre los equipos de fútbol, que dejaban de ser nuestros y pasaban a ser de un señor que, más allá de su amor por los colores, quería gestionarlos. Muchos clubes, casi todos, desestructurados y hundidos, tuvieron que ir dejando su chiquillo a vecinos, a veces serios, otras muy sospechosos, que con la excusa de cuidarlo intentaban sacar el máximo beneficio. Aquella ley, la que iba a arreglar los males de nuestro fútbol, terminó por multiplicar la deuda de los clubes de unos 170 millones de euros a más de 5.000. Nosotros, que ya entonces estábamos desesperados y arruinados, le dejamos el chiquillo a un señor de Madrid que nunca lo trató demasiado bien, lo utilizó para engordar su patrimonio y el de su familia y lo hundió en la miseria; pero sospechamos que, con el tiempo, le cogió cierto cariño, al chiquillo, sospechamos que a partir de un momento no quiso hacerle daño, no quería matarlo, no hubiera dejado nunca que muriera. Pero entonces murió él. Y cuando parecía que, en nuestra desesperación y en nuestra miseria, el bebé moriría rápido, sin nadie que lo acogiera, cuando parecía sentenciado, se abrió sorprendentemente la puerta de muchos vecinos, vecinos  antiguos y vecinos nuevos, vecinos de Archena o de Extremadura, vecinos sonrientes que nos invitaban cordialmente a dejarle a nuestro chiquillo, pasa, pasa, déjamelo a mí, que yo lo cuidaré y lo pondré fuerte. Pero siempre planeaba la sombra de la loca del tercero, siempre hemos visto algo raro en cómo lo alimentaban, a base de bollería industrial para ascender y poco alimento para crecer. Después, al límite de la desesperación, apareció un vecino de Orihuela, que, además de mucha bollería industrial, prometía tener algo más, una casa con piscina o algo así, parecía, un lugar donde el chiquillo pudiera crecer fuerte. Y a él se lo dejamos, esa es la imagen de la película americana que mejor describe nuestra situación actual: la de un señor de Orihuela con nuestro bebé en brazos, al que en cualquier momento puede dejar caer al suelo, y que no quiere devolvérnoslo. Justo esa imagen, justo esa sensación. Confiábamos en que la vecina Louise no le iba a hacer daño, confiábamos en que la tal Louise no acostumbra a ahogar bebés en la bañera, a pesar de que en Orihuela contaban que tiene enterrados varios cadáveres en el jardín. Y ahora lo ha secuestrado, ahora no nos devuelve al chiquillo, ahora ya no le da ni bollería industrial, ahora parece que muere. Y necesitamos que nos lo devuelva ya, porque hay incluso quien dice que ha empezado a oír el agua del grifo correr. ¿Estará llenando la bañera, el cabrón? Llamamos al timbre y no abre. ¡Louise! ¡Louise! Abre, por amor de dios. Abre. ¡Devuélvenos al chiquillo! ¡Louise!

Y mientras tanto, el Murcia no pierde. Nada, no hay manera de que pierda. El Murcia de Herrero debería perder ya, ya le toca, hoy sí, pensábamos, en La Línea, contra la Balona, sí, sí, se pierde, segurísimo, no se puede no perder tanto, secuestrados y todo, en la Línea, hombre, se pierde, segurísimo. Y no sólo no se perdió, sino que se pudo ganar, se debió ganar. El murcianismo ya veterano, el murcianismo maduro, ya vio a un Murcia así en Segunda B, confeccionado para luchar arriba, con sueldos altos que no pudo pagar desde bien pronto, que vivió en la miseria y terminó bajando a Tercera. Ya lo vimos, hace 24 años. Recordamos bien lo que sufrió aquel Murcia y quizá por eso nos maravilla la solidez de este Murcia de Herrero, que salta al campo los fines de semana como si hubiera cobrado prima doble, empujado por una corriente de murcianismo que no deja de crecer. Y eso es lo que más fascinante, eso es lo que más ha cambiado y más nos sorprende a los que vivimos aquel descenso a Tercera. Porque recordamos bien aquel Murcia que naufragó, pero lo que más recordamos es que entonces estábamos solos. Si en 1995 nos ponemos a vender pulseras, vendemos cuatro, y una de ellas a mi abuela. Ahora el Murcia es sólido en el campo y aún más sólido fuera, respaldado por casi toda la ciudad y apoyado por un emocionante movimiento de hinchadas españolas que nos hacen creer en cualquier cosa, no sólo en recuperar al chiquillo, sino en recuperar su custodia. Ahora el murcianismo veterano asiste asombrado a que miles de chavales que pueden elegir entre el youtuber de Toronto o la influencer de Burgos, entre miles de mundos y opciones, han elegido ser del Murcia. Ahora nos sentimos queridos, ahora el chiquillo se siente querido. Y no hay nada que te pueda hacer más fuerte. Ahora circula una corriente de murcianismo que terminará por tirar la puerta de Louise abajo. Devuélvenos al chiquillo, hombre. Devuélvenos al chiquillo, Louise, hijadeputa. Déjanos que no muera secuestrado, déjanos al menos verlo morir en casa, rodeado por sus seres queridos.

Real Murcia: Mackay, Migue Leal, Hugo Álvarez, Charlie Dean, Nahuel; Juanma (Héber Pena, 73'), Sergi Maestre, Corredera; Aquino, Manel Martínez (Víctor Curto, 62') y Julio Delgado (Josema, 82').