El engaño


Alejandro Oliva (@betandtuit)

Real Murcia, 0; Real Balompédica Linense, 2.
Sobre el origen del lenguaje humano se conoce mucho pero no se sabe casi nada. Conocemos bastante sobre cómo nos pusimos a hablar, algo simios todavía, sobre cuánto duró el proceso y qué nos empujó a hacerlo. Pero no podemos estar seguros de casi nada. Al preguntarnos por el origen del lenguaje, además, nos preguntamos por el origen de todo lo demás, de todo este revuelo que hombres y mujeres tenemos en la cabeza, este conocimiento o tontería, según se mire, que no deja de darnos vueltas, este sufrir, este querer, este sentir, estos recuerdos y miedos, este continuo pensar en los playoff. Sobre el origen del lenguaje humano siempre existieron mitos y leyendas, y luego llegaron todo tipo de tesis científicas, más o menos demostradas hoy. Pero lo único cierto es que poco a poco, a medida que nos poníamos en pie, y en unos cuantos milenios, nuestro cuerpo y nuestro cerebro se desarrollaron de tal manera que empezamos a hablar, a pegarnos la paliza unos a otros. No sabemos bien cómo, pero tampoco por qué. No sabemos el motivo que llevó a esos tipos, algo simios todavía, del gruñido a la palabra. Expertos de todo tipo  -lingüistas, biólogos, neurólogos, paleoantropólogos y más cosicas- han lanzado sus teorías sobre qué nos empujó a hablar: la necesidad de las madres de enseñar a los chiquillos, dicen unos; la caza, las ganas de un buen chuletón a la brasa, dicen otros; la poesía o el canto, la necesidad de expresar emociones, que fue decisiva, según otros expertos; o simplemente que follar se empezó a poner jodido y había que empezar a seducir, explican otros; y hay incluso quienes aseguran que el elemento fundamental en el desarrollo del lenguaje fue la necesidad de engañar. Ojo con estos, sí, sí, que lo tienen muy claro. Empezamos a hablar, sobre todo, para poder mentir. Más que por un buen chuletón a la brasa, más que por las ganas de follar cuando empezó a ponerse jodido lo de follar. Esta gente sabe, cuidado, esta gente tiene estudios que no se regalan. Esta gente reivindica el papelón del engaño en nuestra evolución, el engaño como el gran tapado. Y hablan de todo tipo de engaño, claro, no sólo del cruel y fácil embuste. El engaño del cuento y de la magia, del teatro, del cine; el engaño del regate y de la mentira piadosa. El engaño no es un lateral prescindible, el engaño es un mediocentro por el que circula todo este revuelo que tenemos en la cabeza hombres y mujeres, este conocimiento o tontería, según se mire.

El murcianismo llega tocado a la primera ronda de las eliminatorias de ascenso, algo confuso, tras otras dos derrotas en casa de la recta final; algo perdido, tras dos jornadas en las que el equipo pudo relajarse por fin, tras meses sin poder hacerlo. Era el último partido y no lo fue, y sólo por eso el murcianismo debe estar feliz. El último partido es nuestro miedo, nuestra pesadilla repetida desde hace años: el jugar y no volver a hacerlo. Ese fantasma que nos persigue lo hemos vuelto a esquivar, y por quinto año consecutivo jugaremos más allá de la liga, a la espera de poder hacerlo la próxima temporada. Pero todo se ha desmoronado en estas últimas semanas, toda la confianza acumulada, todas las buenas sensaciones. La palabra solidez se nos ha caído, la hemos perdido, enterrada por tantos partidos encajando goles en casa, y junto a la solidez se han ido derrumbando todos sus sinónimos, todos, poco a poco: ya no somos firmes, ya no somos seguros, ya no somos fuertes ni graníticos ni rocosos. Hemos perdido tantas palabras por el camino que ahora vemos el ascenso más lejos que en marzo. Llegamos tocados a este playoff, más que al anterior pero menos que al otro, y quién recuerda ya los anteriores. Todos terminaron mal y ahora, cuando las piernas se doblan ante la llegada del Elche, sólo podemos agarrarnos a lo que no tuvimos en aquellos: José María Salmerón. Agarrarnos a él y al engaño que mueve al mundo, a la intuición de que lleva un par de semanas engañándonos a todos, de que sabe tanto que no ha querido mostrar todo lo que somos. ¿Cómo no vas a ser ahora sólido, José María? Venga ya, hombre. ¿Qué? ¿De pronto has dejado de ser rocoso? ¿Ahora? No me jodas, José María. Que te hemos visto salir en un playoff a destrozar a patadas e intensidad a aquel superrealmadridcastilla, al que fulminaste. Nos agarramos a Salmerón, y al engaño que mueve al mundo, a que al comenzar los playoff  se acaban todos los análisis, los sistemas y el fútbol y comienza otra cosa: las batallas en el alambre que no dejan heridos, las peleas estratégicas dominadas por el miedo, los intercambios de golpes en el barro y la agonía que tienen mucho más que ver con la vida que con el fútbol. Las tardes tienen una luz de playoff tan terrible que tienen hasta prórroga. ¿Cómo no vas a ser sólido ahora, José María? ¿Nos has engañado a todos y vas a fulminar al Elche, no? Nos agarramos a eso, sólo podemos agarrarnos a eso; nos dejamos engañar, nos engañamos a nosotros mismos. Y llenaremos Nueva Condomina con esa ilusión murcianista que no tiene tanto que ver con el ascenso como con que no sea el último partido, con que podamos ver jugar al Murcia para siempre.

Real Murcia: Biel Ribas, Pedro Orfila, Charlie, Molo (Pallardó, 24'), Forniés; David Mateos, Armando, Fran Carnicer (Elady, 57'); Carlos Martínez (Ongenda, 71'), Chrisantus y Xiscu.

Una hostia a tiempo


Alejandro Oliva (@betandtuit)

Real Murcia, 0; Betis Deportivo, 1.
Sobre la necesidad de una buena hostia a tiempo parece existir cierta unanimidad, y mira que es sorprendente que nos pongamos de acuerdo en algo. Las ventajas de una buena hostia a tiempo parecen aceptadas, en general. El desacuerdo comienza a la hora de aplicarla, en su uso o abuso, y sobre todo, y esto es importante, en si hablamos de una hostia que se da o una que se encaja. Está el que la utiliza simplemente como consuelo, al recibirla, para sacar algo bueno de una hostia, algún provecho; está el que la utiliza de manera ocasional, si no queda más remedio; está, en el otro extremo, el devoto, el que cree en la buena hostia a tiempo como único método pedagógico. También discrepamos, y esto también hay que señalarlo, en la realidad de esa hostia a tiempo, porque hay entusiastas de la hostia metafórica, como golpe o lección que te da la vida para para ser mejor; y hay quien se entrega a la hostia a tiempo de toda la vida, a lo que es soltar, literalmente, un buen hostiazo a tiempo. Yo nunca he creído demasiado en la hostia a tiempo, la verdad, ni siquiera como herramienta que ayuda a aprender, e intuyo que siempre será mejor aprender algo, sea lo que sea, sin la hostia. La vida es demasiado corta para aprender a base de hostias, supongo, sólo que a veces no queda otra que aceptarlas y aprender de ellas ya que, por mucho que consigamos retrasarlas, tarde o temprano todos tendremos que encajarlas.

“Muchas veces necesitas una hostia de estas”, decía José María Salmerón el domingo en la rueda de prensa, serio y sensato, como siempre, reflejando el pensamiento del murcianismo, que con cierta unanimidad buscaba un consuelo ante la inesperada derrota contra el Setién B. Fue una hostia metafórica, sí, pero de las que duelen; fue un golpe duro de los que Salmerón y el equipo sacarán provecho, como una de esas lecciones que te da la vida para ser mejor. Pero para nosotros sólo fue una hostia que nos destrozó la semana, quizá porque el murcianismo lleva tantas hostias que queda noqueado ante cualquier palo, hundido, sin ánimo para extraer lecciones. De repente, y algo antes de lo esperado, tenemos el Everest en el mes de junio, la impotencia ante las tres rondas y los seis partidos imposibles. De repente, el Elche o un filial; el Fuenlabrada o un filial. El Setién B fue un sopapo que nos llenó de dudas, que nos bajó de la nube en la que vivíamos desde hace un par de meses. De repente, la Segunda B en forma de hostia, en estado puro; de repente, te recuerdan que en la Segunda B puedes llevarte alguna alegría fugaz, pero no puedes ser feliz. Han sido tantos golpes que apenas celebramos que volveremos a vivir un playoff, que el Murcia volverá a cerrar otro año brillante, el quinto consecutivo, ojo. Cinco años seguidos entre los cuatro primeros, algo (creo) inédito en la historia del Murcia. "Muchas veces necesitas una hostia de estas”, decía Salmerón el domingo, y en mitad del eterno puente de mayo, aún hostiado, recordé al Murcia de Mir, tan embalado como el de Salmerón, fuerte, ilusionante, sin apenas grietas desde el mes de marzo, brillante en la recta final e incluso en Pontevedra, y cómo ese Murcia de Mir se deshizo en Mestalla, cómo no pudo remontar en Nueva Condomina, ya casi a mitad de junio. Pensé en esa hostia y en que posiblemente al Murcia de Mir le faltó llevarse una buena hostia a tiempo, un aviso, un ojo, que esto es jodido, que esto es demasiado largo, que en Segunda B puedes llevarte alguna alegría fugaz pero no puedes ser feliz, nunca, no puedes ni sonreír, no puedes relajarte, no puedes perder la concentración ni en una puta falta lejana contra un filial de mierda. Una hostia de estas, decía Salmerón el domingo en rueda de prensa, hundidos, pero las semanas de derrota se hacen tan largas que da tiempo a recuperar la esperanza. Y el miércoles, por fin, salía en esa sala de prensa Charlie Dean y nos decía que están preparados; y el jueves era Molo, allí también, el que daba un paso más. "Lo que nos viene es maravilloso", decía Molo el jueves, el cabrón. Maravilloso, decía. De pronto, más animado, me fijé en su foto y vi que lo decía en serio. El muy cabrón lo decía en serio. Entonces amplié la foto de Molo, con en ese aire de feliz perturbado que tiene, incluso en las ruedas de prensa. Y busqué después la cara de Charlie, su cara del miércoles, y amplié su foto también. Junté entonces las dos caras ampliadas y me fijé en la mueca de los dos, en el brillo de sus miradas. Por qué todos los centrales de ley sonríen igual, pensé, recordando a Andrés Montes; por qué a todos los centrales de ley les gusta la marcha de los playoff. Nueve años ya sin Montes, cuántas cosas han pasado que han sido peores sólo porque él no estaba para contárnoslas. Nueve años, me dije, y me quedé un rato dándole vueltas a la necesidad de una buena hostia a tiempo, y a la de un buen abrazo, a tiempo o a destiempo. Suenan tambores de guerra, Salinas. Y al volver a mirar el brillo en la mirada de nuestros centrales pensé que, aunque tengamos por delante el puto Everest en el mes de junio, la vida puede ser maravillosa.

Real Murcia: Biel Ribas; Orfila, Mateos, Charlie Dean (Fran Carnicer, 66'), Forniés; Juanma, David Sánchez (Carlos Martínez, 53'), Armando; Santi Jara, Chrisantus, Elady (Pedro Martín, 76').
Gol: Una buena hostia (20').

Patricio Martínez: "Quiero más rigor y menos intereses"


Luis María Valero (@mondo_moyano)

Patricio Martínez García (30 de julio de 1970, Murcia) es uno de los tres candidatos a nuevo presidente de la Federación de Peñas del Real Murcia (Fepemur), junto con Pablo Guzmán y José Almansa. Cofundador de la Federación, su papel fundamental desde la vicepresidencia fue el de velar por la estabilidad económica hasta que dimitió, hace un par de años. El 10 de mayo, día de las elecciones, quiere volver como presidente, y cambiar alguna que otra cosa que le chirría. Más bien varias cosas. Puede que muchas. Yo me lo topé por primera vez hace quince años, viendo un entrenamiento del Murcia en Cobatillas. Sentado, con las manos en los bolsillos, atentísimo, disfrutando de los gritos de Vidal y de las protestas de Reinke. Pienso que hay que estar un poco loco para ir voluntariamente a ver un entrenamiento del Murcia. Pienso que hay que estar un poco loco para querer presidir una federación de peñas del Murcia. Pero pienso que a lo mejor es una locura bonita o al menos no completamente terrorífica.

¿Cómo comienza tu afición por el Murcia?
Mi historia de amor por el Murcia se inicia en los años 80, concretamente en la 83/84. Empecé yendo a ver a los juveniles con unos vecinos, y ya me enganché. Cuando pisé por primera vez La Condomina me enamoré, y eso que eran partidos de juveniles. Así que con el primer equipo, con aquellos llenazos y el ambiente que vivíamos en el estadio, multipliqué esa pasión. La Condomina era una olla a presión, tenía un sabor genuino que todos añoramos. Recuerdo que cuando tenía 13 años el equipo estaba en Primera y los abonos eran caros, así que no me lo podía pagar y hacía 40.000 peripecias para poder entrar. Por ejemplo, me ponía una ropa especial para aparentar menos edad y así poder entrar con entrada infantil. 

Hasta hace no tanto apenas había peñas del Murcia. ¿Cómo nace ese movimiento y qué papel desempeñas en él?
Las peñas tienen unos primeros atisbos con la Peña La Condomina, que es la más antigua, y también con Granassur y otras como la Peña Pimentonera y la D'Party. Pero era algo aislado y no terminaba de cuajar. Cuando llega Samper empieza a haber un poco más de movimiento y nacen cada vez más peñas. El club quería promover este tema, pero tampoco sabía bien cómo hacerlo. Nacieron por ejemplo mi peña, El 21 Grana, la Peña Chamby o la Peña Santiago y Zaraíche, y decidimos que era el momento de dar un impulso a la masa social y formar algo serio. Toni, de la Peña Santiago y Zaraíche, y yo mismo, fuimos los impulsores de aquel movimiento en la temporada 2002/2003, y pusimos al frente a Miguel Martínez, que por entonces era un chaval. En octubre de 2004 es cuando nace la Federación de Peñas oficialmente, con una asamblea. A partir de ahí, mucho trabajo y mucha fe en el proyecto.

¿Qué te atrae del peñismo?
Cuando nace el movimiento peñista, no había ningún aliciente que no fuese el sentimental. Es decir, no había descuentos en los abonos, por ejemplo. Lo que me atrajo en su momento y lo que me atrae ahora es que yo creo que las peñas son la cantera necesaria para tener una masa social fiel. Nuestra peña ha llegado a contar con 250 miembros, y hemos tenido a gente que no había ido nunca a un partido del Murcia. Eran seguidores del Madrid o del Barcelona, pero a través de los vínculos de amistad creados en la peña, les fue entrando el gusanillo del murcianismo, y hoy siguen siendo socios. Esa 'conversión' es fundamental, y se crea poco a poco, gracias a los lazos que se van estableciendo. El movimiento peñista ha sido clave para que la masa social crezca.

¿Qué señas de identidad tiene tu candidatura?
Quiero más rigor y menos intereses particulares. Vamos a traer también mucho trabajo y mucho amor al Murcia. Nuestro lema es 'gente real', porque lo que he visto en estos últimos años en la Fepemur es que cuando la gente se arrima a una situación de poder o de influencias, se dejan embaucar, y el escudo del Murcia se les cae por el camino. Se les despega.

Si fueses presidente de la Federación de Peñas, ¿qué rumbo le darías?
Está claro que hoy la Fepemur no se parece a la de los inicios. En algunos aspectos eso es algo bueno, porque el crecimiento ha sido grande, tenemos una sede que antes no teníamos, y también un número importante de peñistas. Pero la esencia se ha perdido. Se ha cerrado mucho, se ha hermetizado. Hay un círculo cerrado que no se abre, que no permite una mayor colaboración. Tenemos que volver a ser más cercanos. Al principio éramos una familia, y eso se ha ido perdiendo. En las propias asambleas todo se ha hermetizado también.

¿A qué te refieres con esto último?
Por intereses particulares, el rodillo se puso en marcha en las asambleas, y han dejado de ser participativas. Pero hay otros problemas. Yo me considero una persona meticulosa, de rigor, y creo que la Fepemur debe llevar un control exhaustivo de toda su actividad, porque se maneja mucho dinero. Allí hay gente de manera altruista, lo cual es de agradecer, y sé que por ello es difícil tener ese listón, pero se necesita un nivel de rigor similar al que uno tiene en su propio trabajo. Hay candidaturas que afirman que con ellos la Fepemur será del siglo XXI, pero lo que no debemos es retroceder al siglo XIX. Digo esto porque son los mismos que están dentro ahora y son los que, por ejemplo, acumularon dos ejercicios sin presentar las cuentas. Y cuando finalmente lo hicieron por nuestra presión, se negaron a presentar las cuentas del ejercicio 2015/2016. Dijeron: este ejercicio nos lo saltamos y pasamos al siguiente. Es decir, algo inaudito. 

¿Entonces crees que ha habido relajación en esa parcela económica?
Nosotros lo dejamos todo perfecto, y cuando dimitimos Ángel Yepes y yo, que llevábamos el control económico de la Federación al detalle, parece que se puso el piloto automático en la contabilidad durante varios meses. Las cuentas no cuadraban por ningún lado, y no había un respaldo documental detrás, como sí llevábamos nosotros. Eso me preocupa.

¿Qué equipo forma tu candidatura?
Somos seis personas. Lo que no vamos a hacer es incorporar gente por incorporarla, sólo por ganar votos. Si cogemos el mando de la Federación, dejaremos la puerta abierta a que se incorpore alguna pieza más que pueda ser válida. En cuanto a los perfiles del equipo, yo por ejemplo soy director comercial de una empresa de envases de plástico para la industria agroalimentaria, y estoy muy habituado a gestionar equipos de trabajo. Por hablar del apartado económico, tenemos dos técnicos superiores en administración y finanzas (Joaquín y Ángel, éste último con una gestión impecable en sus años al frente de las cuentas de la Fepemur). Son unos enfermos de los números y del rigor, y además dos personas que han mamado el Murcia desde muy críos. También tenemos a Maribel, psicóloga, que es la primera mujer que formó parte de una directiva de la Fepemur, o a Salva, técnico electrónico que intervendrá en varias parcelas, como por ejemplo la sede. Finalmente, Tomás Romera es arquitecto y perito, miembro de una peña de Cehegín, y llevará la gestión con peñas de los municipios.

Cuéntanos algunas de las medidas que tomarías en la Fepemur
Vamos a dar 24 meses como plazo para desarrollar el proyecto, y a partir de ahí, si un núcleo de peñas que represente el 50 por ciento cree que no se está actuando bien, podrá plantear una moción de censura y tendré la obligación de convocar elecciones. Cuando no tienes nada que perder y ningún interés, eso se tiene que hacer sin ningún problema. Otra medida: si cambia al menos el 60 por ciento de la junta directiva con la que inicio el proyecto, como ha pasado en estos años, será señal de que algo ocurre, y las peñas quizás ya no se vean representadas con respecto a lo que eligieron. En ese caso la asamblea tendrá que decidir si esa remodelación le vale o no, y si no le vale, convocaremos elecciones.

Más medidas
En el aspecto social, por ejemplo. La sede dejará de ser simplemente un bar de los días de partido. El ambiente que se forma ahí antes y después de los partidos está muy bien, pero le vamos a dar más uso, le vamos a dar un valor añadido. Vamos a convertir la sede en un punto de encuentro, por ejemplo para que haya charlas, conferencias, que vengan ex jugadores que han sido historia del Murcia... que sea realmente la casa del murcianismo. Porque la gente joven, los adolescentes, van a mamar de esas experiencias y su sentimiento va a salir fortalecido. También montaremos talleres para los más pequeños, y que a través de lo lúdico puedan ir poco a poco haciéndose del Murcia.

Más medidas
En el apartado de la grada, hay que intentar que la zona de animación sea bastante más grande. Ahora parece que hay pequeñas rencillas entre algunos grupos de peñistas, pero debe haber unión. Queremos que la grada tenga cada vez más focos de animación, y volcarnos en este aspecto. Hay que apoyar la elaboración de tifos, e incluso poner en marcha talleres para aprender a hacerlos. También poner los medios para innovar en el tema de los cánticos. Hay que interactuar con otras aficiones para tomar nota de cosas que podemos aplicar aquí. Hay que hacer que la gente se implique. 

¿La Fepemur debe ser independiente del gobierno del club?
De todo se deben sacar conclusiones positivas. Al principio pensaba que era positivo para la Fepemur tener a un representante dentro del Consejo de Administración del club, porque era una manera de saber lo que pasaba ahí y de dar caña cuando había que darla. Pero evidentemente el tiempo me ha quitado la razón, en el sentido de que ese control no fue tal. La persona que entró jugó a dos bandas, nos contaba a nosotros una película y dentro del Consejo hacía otra. Por eso: aunque a priori tener presencia en el Consejo podría ser positivo, en realidad es inviable, sobre todo si sólo es una persona. Está ese riesgo: que esa persona se vea como consejero, cerca de los que mandan, y que olvide cuál es su verdadera función en ese consejo. Por mi forma de proceder, yo habría durado dos minutos en el Consejo.

¿Qué os dicen las peñas cuando las sondeáis?
Cuando hablamos con gente de las peñas que no tiene ningún interés particular o no le han prometido ciertas cosas, notamos que están muy desencantados con la situación actual y que quieren un cambio. Y diría más: quieren un cambio radical. A las peñas que llevan ya una trayectoria larga, no hay que contarles nada, porque lo han vivido todo en el día a día y en las asambleas. Pero quizás a las peñas nuevas les pueda costar más verlo.

Vivir


Luis María Valero (@mondo_moyano)

Real Murcia, 3; Extremadura, 2
Me lo querían interpretar, ojo, saliendo del estadio. Uno que conozco y que incluso me cae bien se me acercó y se sacó del bolsillo los resultados de los rivales, el calendario que nos queda, la posible influencia de este milagro en la confianza de nuestros jugadores hasta el final de temporada; más cosas que Doraemon se sacó del bolsillo mi intérprete, mi analista, mi hijo de la más grande perra. Pero no había nada que interpretar tras una remontada de esas que merecería haber sido narrada por José Ángel De la Casa, no había nada que concluir: bastó con vivirlo y nada más. Vivirlo. Vivir. Por la periferia racional de algo tan intenso no merecía la pena caminar. La burbuja, la burbuja. Esa burbuja del descuento, esos segundos, y del resto no sé nada. Los Gálvez: no sé nada. Que ni con la victoria seremos primeros: no sé nada. Que el deporte que nos había regalado esta caricia se llama fútbol: no sé nada. No importaba más que esa infrecuente modalidad de abrazo que desempolvamos tras el cabezazo de Chrisantus en el 3-2: un abrazo animal, despiadado, violento, que buscó abarcar a varios humanos a la vez en un solo movimiento, que buscó a veces escalarlos, que buscó mucho más de lo que suele buscarse con un abrazo. Con el 3-2 de Chrisantus se instauró en nuestras gradas un tipo de abrazo salvaje, que rozó incluso la agresión. El tipo de abrazo que no damos más de diez veces a lo largo de una vida, con todo girando y alguien llorando. ¿Quién está llorando? ¿Es el Morata? Y es evidente que ese amigo que es un respetadísimo profesor universitario va a caerse por las escaleras en cualquier momento, ¿está buscando caerse? Y el responsable padre de una niña de apenas un año está en trance queriendo arrancar un asiento mientras alguien lo abraza por la espalda y parece como si fuera a morderle el cuello, ¿le acaba de morder el cuello? Sácate datos del bolsillo, analista, sácate una interpretación, pero aquí lo único que contó es haberlo vivido, haber estado allí cuando Forniés empezó a lanzar fuegos artificiales, recordar que lo que más emociona a partir de cierta edad es ver a otros emocionarse. Todo ese escalofrío colectivo bajó por nuestra colectiva espalda gracias al viejo Murcia. Ah, el Murcia, ese club que está medio loco a fuerza de contemplar fijamente su catástrofe, pero que sin embargo es maestro en dejar atrás de repente todo lo horrible, toda la masa de espantos, como una rutina fácil de ejecutar. Y otra vez tomar aire, dejar entrar la vida. Y otra vez dar motivos para diversas modalidades de abrazos. Y otra vez vivir.

Real Murcia: Biel Ribas; Orfila, Charlie, Molo, Forniés; David Sánchez (Elady, 55'), Armando (Fran Carnicer, 66'), Juanma; Santi Jara, Pedro Martín (Carlos Martínez, 77') y Chrisantus.
Goles: 0-1 (Valverde, 47'); 0-2 (Willy, 51'); 1-2 (Carlos Martínez, al ver que empezaba a irse la gente, 84'); 2-2 (Chrisantus, 92’) 3-2 (todos nosotros, 93’).

Algo para recordar

Alejandro Oliva (@betandtuit)

Real Murcia, 3; Extremadura, 2.
Jugaba el Murcia a las 5 en La Condomina de siempre, y después del partido los domingos se iban apagando poco a poco con la sintonía de Estudio Estadio de fondo, cuando ya nos dejaban verlo entero, pero con reparos, que al día siguiente había clase. Los lunes, en el colegio, comentaba los partidos con Ramón Abellán y Pepe Sánchez Cuenca, que también iban al estadio con sus padres. Si cierro los ojos aún puedo ver a Pepe hablar de un gol de Mejías o a Ramón rajar de Ibeas mientras yo defendía a Timoumi. La tertulia de los lunes era un clásico para nosotros tres, que nos sentíamos especiales. Éramos del Murcia porque nuestros padres eran del Murcia. En una clase de casi 40 alumnos, sólo nosotros tres íbamos al fútbol los domingos; sólo tres padres de casi 40 iban a ver al Murcia en la mejor época de su historia: de aquellos diez años de cole, seis los vivimos en Primera; y de las cuatro temporadas en Segunda fuimos campeones en tres de ellas. Nos sentíamos especiales, pero no locos: lo normal, pensábamos, era ser del Murcia. Luego, ya en el instituto, no recuerdo a ningún murcianista en las cuatro clases en las que estuve, bueno, en una sí había uno, pero era Pepe. Aquel ya era un Murcia a la deriva, que no pudo rematar el ascenso a Primera en Zaragoza y sufrió su primer descenso administrativo; un Murcia decadente, que había pasado de moda, sin solución ni futuro. En el instituto las tertulias de los lunes se convirtieron en mofas, y ser del Murcia ya no era normal, sino algo extraño, casi una locura. La locura de ser del Murcia en Murcia. A esa edad uno debe decidir sobre demasiadas cosas, uno decide casi sin darse cuenta gran parte de su futuro. Pero seguir siendo del Murcia no lo recuerdo como una elección. Seguir siendo era irremediable. Y eso que se intuía que no iba a traer muchas alegrías. Pero no había puerta de salida, te quedabas allí, en el Murcia, ese lugar en el que, por algún motivo que se te escapaba, el murcianismo vivía feliz entre sus recuerdos inolvidables y sus sueños inalcanzables. Ayer, en el patio del colegio de mi hijo, rodeado de zagales con camisetas blancas, negras y azulicas de Cristiano, me acordé de mis amigos Ramón Abellán y  Pepe Sánchez Cuenca. Y cuando en mi cabeza comenzó a sonar la sintonía de Estudio Estadio, imaginé a tres de esos niños hablando de los goles de Macauley Chrisantus.

Rafael Martín Vázquez fue el mejor centrocampista español de mi juventud. En 1990 hizo un Mundial de Italia brillante, valiente e injustamente olvidado. Martín Vázquez representa para mí lo mejor del fútbol como deporte a secas, como juego maravilloso, como espectáculo, como arte; el fútbol que tanto disfruté hasta los veintitantos años, y que aún sigo disfrutando, el fútbol sin el Murcia, un fútbol que me encanta, pero no tanto; no tanto como el fútbol que se vive, el que apasiona, el fútbol de verdad, el fútbol con el Murcia. Martín Vázquez siempre será para mí ese primer fútbol y curiosamente lo volvió a ser el domingo en Nueva Condomina como entrenador del Extremadura: qué partidazo hizo, qué bien jugó a ese fútbol, cómo superó al Murcia, cómo destrozó todo el sistema defensivo salmeronista como nadie lo había superado. También mostró carencias, quizá las mismas que la carrera de Martín Vázquez, carencias que pudieron costarle un par de goles ya en la primera hora de partido. Pero lo normal es que ese 0-2 se hubiera ampliado mediada la segunda parte y que el murcianismo viviera ahora entre las dudas y la depresión, justo antes de llegar (o no) a los playoff. Lo normal es que Nueva Condomina nos volviera a dar una tarde de sueños inalcanzables, no de recuerdos inolvidables; lo normal no era una tarde de nombres que pasan para siempre a la historia del Real Murcia, como pasó el de Macauley Chrisantus. Qué bien que pasen a la historia nombres así: imagino la felicidad de nuestra lista de nombres para la historia al ver entrar por la puerta grande el de MACAULEY CHRISANTUS. Quedarás para siempre, Macauley. Quedará el nombre de Chrisantus y la fe de un equipo acostumbrado a marcar en el añadido, a no tirar la toalla, a seguir hasta el final. Quedará la intensidad del equipo y el empuje de la grada, decisiva en ese impulso final. Quedará el huracán de fútbol, del fútbol como deporte y del fútbol que se vive, que nos hizo olvidar durante unos minutos dónde y cómo estamos, olvidar todo menos lo que somos. Quedará todo eso, aunque seguramente se perderá lo importantes que fueron David Forniés y Carlos Martínez para que eso ocurriera. Quedará Macauley Chrisantus, sus dos remates divinos, el delirio, la locura, la fiesta en Nueva Condomina, que fue una explosión de fiestas entrelazadas, cada uno la suya y todos en cada una, cada uno su hijo y su padre y su hermano; su gente que no está o ya no puede estar; sus compañeros de grada abrazándose, su señor de detrás con su hija, su señor de delante emocionado. Seguir siendo. Cada uno tiene su historia, su murcianismo heredado, adquirido o conquistado, de infancia o de juventud o ya de madurez, la historia de su pasión. Cada uno tiene su seguir siendo, su manera de volver al patio del Narciso Yepes los lunes, con Ramón y Pepe, después de un domingo en La Condomina. Seguimos siendo del Murcia sólo para poder recordar. Seguiremos siendo de equipos que convierten los partidos en recuerdos y el fútbol en memoria.

Real Murcia: Biel Ribas; Orfila, Charlie, Molo, Forniés; David Sánchez (Elady, 55'), Armando (Fran Carnicer, 66'), Juanma; Pedro Martín (Carlos Martínez, 77'), Chrisantus, Santi Jara.
Goles: 0-1 y 0-2, Rafael Martín Vázquez; 1-2, Carlos Martínez (84'); 2-2, Chrisantus (92') ; 3-2, Chrisantus (93'). 


Monólogo interior

Pie de foto: El Hércules

Alejandro Oliva (@betandtuit)

Real Murcia, 2; Cartagena, 1.
El Elche, el Elche. Este año nos toca el Elche, si es que nos metemos nosotros. Y siempre que el Hércules no llegue, claro. ¿O sí llegará? ¿Aún puede, no? Pues entonces ojo. Mientras tenga una posibilidad matemática, jamás hay que descartar al Hércules. Qué cojones, al final se meterá y entonces nos toca seguro. Y si no se mete el Hércules, pues el Elche, que es aún peor, o sea mejor equipo. Todo eso si al final nos metemos nosotros, claro. El Elche, socio. Pero seguro. No tengo nada más claro en la vida que eso. Me cago en su puta madre, hombre. Es imposible, es absolutamente imposible salir de Segunda B. Qué hijos de puta. Cómo nos bajaron. Cómo lo sabían todo, hasta lo del Hércules y el Elche. Es imposible salir. Pero ojo que si... ¿Si no nos tocara el Elche? ¿Si no nos tocara ni el Elche ni el Racing de Santander? ¿No puede ganarle el Murcia, este Murcia de Salmerón, al Cornellá, al Mirandés, al Sporting B? ¿A todos esos? ¿No? ¿No puede? No, no, no. No puede. Qué pijo. Cómo cojones vamos a pasar tres rondas, hombre. Qué disparate. ¡En Nueva Condomina! ¡¡Tres rondas!! Cómo cojones vamos a pasarlas. ¿No? ¿No? ¿No podemos? ¿Seguro? Si no nos toca el Elche... ¿tampoco? Pero si tenemos un equipazo. ¿No podemos pasar tres rondas? ¿Imposible? ¿Imposibles las tres rondas? Imposible. Imposibles, tres rondas imposibles. Pero y si... ¿Qué? Y si... ¿Y si...? Oye, oye. Dime, dime. ¿Y si...? ¿Cómo? ¿Qué cojones me quieres decir? Pues eso, eso. Que si nos diera por ser primeros, ojo. ¿Primeros? Primeros, primeros, primeros. Primeros y te toca un Sporting B, un Majadahonda, me cago en su puta madre, uno de esos, un equipazo de esos. Primeros y el primer partido en casa y 1-0 salmeroniano y el 27 de mayo estás fuera de la B. Así. Boom. Zas. Fuera. Primeros y que no te toque el Mallorca, claro. O el Elche. Porque el Hércules primero ya no, ¿no? No, no. Primeros y el Fabril o el Mirandés y el 27 de mayo fuera. Fuera. Pero no puede ser, socio. Es imposible, absolutamente imposible. ¿Contra quién juega el Hércules hoy? ¿Qué nos conviene en el Elche-Mallorca que viene? ¿Cómo será el campo del Majadahonda? Me cago en su puta madre, hombre. ¿Y el Recre en Marbella no ganará? ¿Qué se va a jugar el Écija en dos semanas? ¿Primeros? Primeros, imposible, socio. Vamos a cerrar ser cuartos. Vamos a meternos. Un puntico contra el Extremadura, la vida ese puntico. ¿El Extremadura? El Extremadura gana aquí segurísimo. ¿Y qué calendario tiene el Ucam? ¿Cuántos penaltis le van a pitar aún? ¿Puede estar descendido el Lorca cuando vayamos? Hay que ser cuartos, como sea, y que no nos toque el Elche. Ni el Racing. Y la vuelta fuera de casa siempre. Tres rondas, uf. Qué disparate. ¡Tres rondas! ¡¡En Nueva Condomina!! Es imposible. ¿Cuál es el calendario del Hércules, cuándo vamos a saber que no se mete seguro? Nos va a tocar el Elche, me cago en su puta madre. Este año vamos a caer en primera ronda contra el Elche. Pero seguro. No tengo nada más claro en la vida que eso. El puto 27 de mayo. Si es que nos metemos, ojo, que no lo veo. ¿Contra quién juega el Melilla el domingo? Y luego vamos a Badajoz, vaya tela. ¡Beauh! ¡Es imposible! Absolutamente imposible. Pero imagínate. Invadimos Lorca y luego La Balona aquí, el último. Sueña por un momento. Majadahonda, el 27 de mayo. ¿Cómo será el campo del Majadahonda? Imposible, imposible. Cuartos, como sea. El Badajoz, allí. El Ucam, el Melilla, el Elche y su puta madre. El Hércules, seguro, si se mete. Jamás lo descartes, jamás hay que descartar al Hércules. El Elche, si no. ¡¡En Nueva Condomina!! ¡¡¡Tres rondas!!! Imposible. Imposible, hombre. (Gol de Armando).

Sacó el córner David Sánchez poco antes del minuto 20, un alto del Cartago despejó de cabeza y el balón bajó justo al semicírculo del área, donde acudió Armando, donde siempre acude Armando, que esta vez la agarró como nunca, la volea perfecta, el gol soñado. Y entonces saltamos, casi volamos, y levanté a Martín muy arriba, eufóricos, golazo, golazo, toma, por fin, sí, vamos. Qué alegría, qué locura, qué poca costumbre de celebrar tiene este maldito estadio. Después dejé a Martín en su butaca y me senté, aún con el puño cerrado, escuché el Murcia, Murcia, Murcia de las grandes tardes y no faltó tanto para que se me saltaran las lágrimas. Sí, sí, tan pronto, un puto 8 de abril y ya estamos en esas, en tiempo de goles que emocionan. Era un partido importante, vital, no tanto por el rival sino por poder quedarnos entre los cuatro primeros en el año más jodido de todos. Y el capitán, Armando Ortiz, el hombre que se montó en un autobús casi en marcha camino de Ferrol para sacarnos de la B, el zagalón que nos ha acompañado durante todo este tiempo, había empalado la volea perfecta, el gol soñado. Fue uno de esos momentos en los que se funde el clamor del estadio con el silencio interior, en una paz vibrante y gloriosa. Y duró tanto que dio tiempo a que Pedro Orfila marcara el segundo gol y el momento mágico se prolongara, tres, cuatro, cinco, seis minutos. Hasta que se apagó. Quedaba una hora de partido y entonces mi cabeza volvió a lo suyo, a esa irremediable condena que todo hincha lleva en su cabeza, a ese monólogo interior infernal. El Hércules y el Elche, salir de Segunda B, las tres rondas, la Nueva Condomina. El Racing de Santander y el Mallorca, el Ucam y el Melilla. Majadahonda. ¿Cómo será el campo del Majadahonda? Y el Sporting B y el Fabril y su puta madre. Y el Extremadura, y Badajoz y Lorca y el maldito calendario. El Murcia. Ese goteo continuo que nos vuelve locos, día y noche, sin apenas descanso. El infierno, ese infierno de sufrir tanto por lo que quieres, ese infierno que tal vez sea el único cielo que tenemos por aquí. El único cielo que tenemos, estoy seguro, segurísimo, casi tanto como que nos toca el Elche este año.

Real Murcia: Biel Ribas; Orfila, Molo, Charlie Dean, Forniés; Juanma (Pallardó, 73`), David Sánchez (Mateos, 85'), Armando; Pedro Martín (Elady, 60`), Chrisantus y Santi Jara.
Goles: 1-0, Armando (19'). 2-0, Orfila (22'). 2-1, Psicológico.