Estadio sin ley

Real Murcia, 2; Real Mallorca, 2.
Kike se está especializando en hacer el MacGyver, que es algo así como ser capaz de fabricar un subfusil de asalto a partir de dos imperdibles, una botella de gaseosa y un carné de biblioteca. El Mallorca ya había lanzado alguna dentellada cuando él convirtió un balón dividido sin demasiado peligro en la promesa de una noche bella. Pero las noches bellas en este estadio, si existen, no suelen darse en fin de semana. Quizás este campo nació para las noches mágicas de martes, o de viernes. No sé, pero los domingos no le van. El Mallorca, que arriba combina y profundiza como un señor equipo, empató y pudo haber puesto el 1-2 en la segunda parte, de no ser por la brillante actuación de Casto. Tras ese decaimiento, el Murcia se serenó, y a base de casta y empuje, tuvo más presencia arriba. El partido estaba raro con el empate. Los jugadores del Mallorca olían sangre, y corrían a por los balones cuando salían de banda, intentando perder el menor tiempo posible. Corrieron todavía más rápido después de que Eddy Silvestre lograra su primer gol en partido oficial con la camiseta del Murcia, para poner el 2-1 a falta de 15 minutos.
 
Es curioso lo de este chico. A veces te parece una pantera mansa, encantada de que las mariposas se posen en su lomo, pero de repente pega un acelerón entre bramidos, achica a su rival y lo convierte en un chihuahua histérico. Sería un pecado que con esas condiciones, este jugador saliese algún día del fútbol profesional. Julio Velázquez lo sabe, y por eso está sabiéndolo llevar. Prueba de ello es su constante mejoría. No hace tanto que era el primer cambio fijo para el entrenador, entre otras cosas porque su fondo físico no era el que hoy es.
 
Tras todas las críticas que ha tenido que soportar, la historia de un triunfo con gol de Eddy ante su público era demasiado bonita para ser verdad. Quizás habría podido cumplirse un martes, o un viernes. Entró Acciari para reforzar el centro del campo, pero en esa zona el Mallorca es de Primera, y bastaron un par de paredes entre Alfaro y Gerard Moreno para recordar que las noches de domingo en Nueva Condomina no son bellas. Lo que no esperábamos es que la defensa lo pusiera tan fácil como para permitir, en apenas dos pases, que el máximo goleador del Mallorca rematara solo, sin oposición alguna. Molinero no esprintó para seguir a Gerard Moreno.
 
Muchos lo tenían claro en agosto: la falta de gol era lo que iba a lastrar a este equipo. Otros alegaban que el problema estaba en el centro del campo, puesto que la venida del organizador que las sagradas escrituras anunciaron tras la marcha de Tito seguía sin producirse. Las dos teorías estaban sólidamente enraizadas en el pueblo, incluso con partidarios de ambas a la vez. Sin embargo, quién iba a pensar que lo que nos terminaría separando de la zona de arriba sería la defensa. La estadística de goles encajados (28) no es espantosa, pero sí mediocre, sobre todo tratándose de un equipo que tampoco es que asuma grandes riesgos a la hora de sacar el balón jugado, o que se descubra excesivamente al atacar (sería un suicidio si lo hiciese con esta plantilla). Especialmente doloroso resulta que más de la mitad de esos goles (17) los hayamos encajado en casa, aun habiendo disputado un partido menos como locales. Eso, en una categoría como la Segunda, es sinónimo de sufrimiento.
 
Pero, ¿y si no es la defensa? ¿Y si lo que nos condena no está hecho de carne y hueso? "En este estadio sopla un viento maligno", dijo un día un compañero de grada.  Antes sólo la ciudad nos era hostil, pero ahora también nuestro propio estadio, nuestro propio hogar es territorio adverso. Yo ya no sé si necesitamos una defensa más compacta o un sacerdote.
 
Real Murcia: Casto; Molinero, Mauro, Truyols, Álex Martínez; Dani Toribio, Eddy (Carrillo, m.85), Iván Moreno (Acciari, m.77), Saúl Berjón; Malonga (Wellington, m.66) y Kike.
Goles: 1-0. m.17: Kike. 1-1. m.30: Bigas. 2-1. m.75: Eddy. 2-2. m.80: Gerard Moreno.

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