A bailar

 
Real Murcia, 2; Real Jaén, 0.
En Soria el bar cerró con un portazo grosero justo cuando él empezaba a encontrar el ritmo, pero una semana después, con más noche por delante, en la pista que mejor conoce, las suelas seguían pidiendo guerra. Así que Wellington Silva bailó, y bailó bien. Bailó tan bien que despertó el enfado brusco de los dos rivales que cubrían su banda izquierda, en arrebatos de ira muy emparentados con la envidia que en las discotecas siembra el que sabe moverse, el que te hace darte cuenta de que tú ni sabes ni sabrás nunca moverte así. Para definir el partido de Wellington podemos usar palabras: vertical, desequilibrante, intimidante, trabajador, generoso... O también podemos recurrir a la evocación y decir que su actuación se resume en los 10 primeros segundos de la intro de Treme
 
La cadencia y la belleza plástica siempre estuvieron ahí, pero algunas noches se le acusó de exhibir un baile barroco, excesivamente preciosista, en ocasiones anárquico, que se deleitaba en el gesto y perdía la noción de que formaba parte de una danza coral. Por fortuna, contamos con uno de los mejores coreógrafos del momento. Julio, que ya consiguió que Eddy pasara de un punk hardcore poco depurado a la danza clásica, se ha propuesto que Wellington mejore hasta convertirse en lo que siempre insinuó. Y este coreógrafo es de los que insisten mucho.
 
La defensa de cinco, esta vez con Mauro acompañando a Alcalá y Bautista, culmina sus primeras cinco escaramuzas con un balance de un solo gol encajado, y de falta directa. Ésa es la verdadera música celestial en esta categoría. El Jaén no llegó a tirar a puerta, pero dicho así, sin adornos, quizás no cale lo que debería. Probaremos introduciendo algún matiz que ayude a hacer justicia a la belleza de esa frase: ♫ El Jaén no llegó a tirar a puerta ♪.  ♫ Ni una ocasión tuvieron ♪. No fue la única alegría: el experimento de Álex por delante de Toribio y Acciari funcionó, porque en esa posición su talento y su excelente zurda no están tan comedidos. Por tanto, su golazo nace, antes que de su empeine, de la pericia de Julio.
 
El equipo sufrió un ligero mareo tras adelantarse, pero no tardaría demasiado en recuperarse, gracias en parte a que Iván Moreno entró al campo con varios abanicos. Quien más lo agradeció fue Kike, que lleva varios partidos con un gesto extraño en el rostro, como lastrado por una cornada que se negase a confesar por orgullo y por profesionalidad. No sabemos qué es, quizás sólo cansancio, pero nos parece que hay algo que no le permite estar ahora mismo al cien por cien. Eso no le impide, sin embargo, seguir marcando diferencias, como se demostró en las dos galopadas que resquebrajaron la defensa del Jaén, y que no trajeron antes la tranquilidad de milagro.
 
Esa placidez llegaría tras una aventura heroica de Molinero, que se desmelenó, fue conquistando campo hasta llegar a sitios cada vez más serios, y una vez allí habilitó magistralmente por dos ocasiones a nuestro delantero. Kike perdonaría una vez, pero no la siguiente. En plena euforia, mientras brincábamos como locos y nos abrazábamos con nuestros camaradas de grada, observamos un gesto extraño, que nos impactó: Kike nos estaba pidiendo perdón, nada menos. Eso me recordó mucho a la escena final de La lista de Schindler, cuando Liam Neeson se derrumba ante su contable entre sollozos, reprochándose a sí mismo no haber salvado aún más judíos de los campos de concentración. Entonces, el contable le consuela y le responde: "Oskar, hay 1.200 personas que están vivas gracias a ti. Míralos". Algo parecido es lo que tenemos que contestar nosotros a ese gesto. ¿Disculpas por alguna jugada desacertada? Kike, estamos vivos esta temporada gracias a ti.
 
Camino de casa fantaseábamos con la clasificación, garabateando en ella alguna que otra ilusión que es difícil confesar. Nos deleitábamos con la matemática, y nos parecía que 40 era por sí sola una cifra casi bella, casi hermosa. Pensamos y repensamos varias veces ese número tan redondo, que marca nuestra entrada en la última curva. Ahora ya vemos la meta al fondo, y vamos hacia ella con zancada firme, militar, pero también al compás, contoneándonos, chasqueando los dedos y tratando de imitar alguno de los pasos que Wellington nos está enseñando.

Real Murcia: Casto; Molinero, Alcalá, Mauro Dos Santos, Dani Bautista, Álex Martínez; Acciari (Albiol, 82), Dani Toribio, Saúl Berjón (Iván Moreno, 69), Wellington (Truyols, 85); y Kike.
Goles: 1-0. Minuto 47: Álex Martínez. 2-0. Minuto 88: Kike.

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