Autorizados


Toledo, 0; Real Murcia, 0.
Si el Murcia gana el domingo al Toledo en casa, lo elimina. A pesar del mal partido de ida, el Murcia está autorizado a pasar de ronda, si es que marca un gol más que los de verde. Los directivos de la Federación no podrían hacer excepciones sin llamar exageradamente la atención, tendrían difícil cerrarnos el paso. Al contrario de lo que pudiera pensarse al observar la montaña de camisas rasgadas que se ha formado, el Murcia sigue empate con el Toledo. Una vez acabado el partido, hemos consultado de vez en cuando las páginas web habituales, pero esas páginas web nos dicen que el marcador final se empeña en ser 0-0. Ese resultado va a quedarse así hasta el domingo (en las páginas web), si bien el resultado es claramente un 1-0 en el subconsciente de Murcia. El marcador real es un 0-0, pero el psicológico es una derrota por 1-0, y también hasta el domingo se mantendrá inalterable (en el subconsciente de Murcia). Nuestra ciudad ha hecho subir el 1 al marcador del Toledo, es difícil saber por qué, e incluso hay muchos que ni siquiera irán al partido de vuelta porque creen que ese 1-0 es irremontable. Murcia está loca: se ha rasgado la camisa, ha adoptado posición fetal y finalmente ha otorgado ese gol inexistente al rival. Para ellos vamos perdiendo, sin haber perdido.

Hasta la expulsión de un humano de verde, a mí me sorprendió el Toledo, porque demostró ser bueno y valiente. Vino a por nosotros. Desde la (justa) expulsión del humano de verde, el que me sorprendió fue el Murcia, porque en vez de abalanzarse al oler la sangre, se antiabalanzó. "No huelo nada", vino a decir el Murcia. "¿Sangre? Dónde, dónde. No la huelo". Yo esperaba que el Murcia adelantara líneas, que la defensa conquistara nuevos metros. Esos metros conquistados, unidos a los que el Toledo habría terminado por ceder de manera natural, deberían haber bastado para, al menos, dominarlos, e incluso embotellarlos. Pero el Murcia no supo o no quiso conquistar esos metros; no supo o no quiso correr el riesgo. Siguió resguardado, fiándolo casi todo al balón largo y el juego por banda. Nada por dentro, prohibido llamar a la puerta principal; el Murcia sólo intentaba colarse por ventanas laterales, muy altas. Todavía no había transcurrido esa hora en superioridad numérica y ya estábamos echando de menos esa hora. Una nostalgia anticipada. El equipo pasó gran parte de esa hora regalando balones en largo desde la defensa, y regalando balones en corto desde muchos otros sitios. Malos controles, decisiones malas. Al menos, el Murcia supo sufrir y mantener el empate, que no es poco, teniendo en cuenta que las reservas de confianza estaban (¿están?) a cero.

El partido de Toledo ya no existe. El domingo es posible retocar lo que parece haberse deteriorado; también es posible nacer de nuevo, e incluso es posible jugar igual de mal pero ganar de córner. La confianza puede adquirirse por el camino, si es que mandamos a este buen Toledo de vacaciones. La autorización sigue vigente: a los de verde no les van a dejar jugar más, si es que anotamos un gol más que ellos. Pero para empezar a marcar ese gol, sería bueno que en la grada estuviéramos todos animalmente juntos. Me encanta esa expresión: "animalmente juntos".  Ayer asistí a una charla del sacerdote Javier Alonso Sandoica en la que dio en la diana de la verdadera misericordia: "No se trata de ayudar al otro y ya está, se trata de tener sed de ayudarle. No se trata de proponerse dedicar 30 minutos a estar con alguien que lo necesita, se trata de que te nazca de manera natural estar todo el tiempo que haga falta con esa persona". No se trata de vivir de impulsos de la voluntad ("el domingo tengo que animar al Murcia, porque lo necesita"), se trata de ser incapaz de reprimir ese impulso ("el domingo no soy capaz de no animar al Murcia, porque tengo sed de ello"). Entonces, si equipo y afición estamos animalmente juntos, todo será más fácil. Un gol más que los de verde. Un gol más.

Real Murcia: Fernando; José Ruiz, Pumar, Tomás Ruso, Armando, Eneko Satrustegui (Rafa de Vicente, 32′), Isi (Fran Moreno, 68′), Chavero, Germán, Sergi Guilló y Sergio García (Carlos Álvarez, 51′).

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