Atravesábamos las creencias


Real Murcia, 3; Barcelona B, 1.
No venían solos: les acompañaba una nube espesa, cerrada y narcótica que bajó sobre el estadio y nos aletargó a todos. El portero del Brasas B se la daba al central, el central al mediocentro, que venía hasta su área a recibirla, y éste se la devolvía al central o nuevamente al portero para que el sopor recomenzara. En la grada, los padres no quitaban ojo a sus hijos, temerosos de que la monótona música de flautas los hechizara y partieran sonámbulos, en fila hacia algún zulo escondido en las catacumbas de la Masía. El Murcia esperaba replegado, pero ellos no venían. Algunos filósofos teorizaban: pero por qué no vamos a por ellos, y otros les contestaban: pero por qué no vienen ellos a por nosotros. No hubo acuerdo entre las corrientes de pensamiento. Pasada la media hora, uno de ellos vino, se aprovechó de un rebote afortunado en el mano a mano con Casto y sacó el frasco del cloroformo para terminar de bajarnos los párpados. Sin embargo, Toribio se dio cuenta de todo, y fue él quien repartió las mascarillas a sus compañeros. 

El Murcia reaccionó ya en lo que quedaba de primera parte, con una vertiginosa galopada de Tete por la izquierda que acabó en disparo cruzado. Kike, todavía entumecido, falló el rechace en boca de gol. Hasta la inauguración de las fiestas patronales de Motilla del Palancar en el minuto 84, el equipo dispuso de cuatro ocasiones claras para empatar. Las tuvieron Eddy, tras otro jugadón de Tete; Mauro, que no acertó a rematar una jugada a balón parado; Kike, en un gran disparo desde fuera del área, y Molinero, tras regatear al portero y disparar sin ángulo al lateral de la red. Los flautistas también pudieron sentenciar, pero Casto nos mantuvo vivos con dos paradones.

Desde el 84, nuestra memoria sólo conserva fogonazos. Recordamos muchas flautas hechas añicos por el césped, Acciari eufórico celebrando el fin del hechizo, Malonga gritando “¡Estoy vivo!”, y la figura errante de un héroe silencioso, hosco, que en seis minutos marcó un gol, dio otro y provocó un tercero. Tenía razón quien dijo que no era delantero para el Murcia: lo es para un equipo de bastante más nivel.

Antes de las fiestas patronales de Motilla del Palancar creíamos que todo seguiría igual, que el Brasas B impondría su aburrido dogma, que el fútbol volvería a ser injusto con los merecimientos del Murcia y que las flautas triunfarían. Eran creencias firmemente arraigadas, al abrigo de la costumbre. Pero ayer, durante siete u ocho minutos inolvidables, atravesamos las creencias. 

Real Murcia: Casto; Molinero, Dos Santos, Dorca, Álex Martínez; Acciari, Toribio, Eddy (Malonga, m. 58), Wellington (Saúl, m. 67), Tete (Iván Moreno, m. 84); y Kike.
Goles: 0-1. Minuto 32: Dongou. 1-1. Minuto 84: Kike García. 2-1. Minuto 87: Malonga. 3-1. Minuto 90: Saúl, de penalti.

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