Ciencia

"Y sin embargo se mueve" (Galileo Galilei)

Alejandro Oliva (@betandtuit)

Real Murcia, 3; Tropezón, 0
La primera vez pareció cosa de magia. Terminaba un mes de agosto en el que nos habían descendido incluso antes de empezar a jugar. De pronto, estábamos en el grupo I de Segunda B, desnortados, aturdidos aún. El Racing de Ferrol apretaba mediada la segunda parte y el murcianismo sólo quería que la goleada no doliera demasiado, convencido de que el 1-1 no duraría mucho en A Malata, de que ya habíamos hecho bastante con jugar, cuando creíamos que no volveríamos a jugar, alineando un equipo formado por un puñado de leales, otro de chavales y unos pocos que, sin haber entrenado apenas con el Murcia, se habían incorporado a última hora al autobús. Y entonces lo que ocurrió nos pareció magia. Albiol lanzó un córner a poco más de cinco minutos para el final y Acciari se adelantó a todos para cabecear en el primer palo el gol de la victoria. Eran los dos jugadores que habían gritado justicia en la sede de la LFP unos días antes. Eran los dos que hace más de una década ya defendían el escudo, el mismo escudo que Acciari besaba entonces eufórico. Eran ellos, sí. Nos pareció magia, y en ese momento era imposible no creer en Dios, o al menos en que existe algo, algo misterioso, un más allá inexplicable. Fue pura magia.

Pero qué cojones.

Dos meses después, asentados en el grupo I con una solidez que asombra desde Castro Urdiales a la desembocadura del Miño, el famoso córner de Albiol y Acciari ha perdido su magia, pero no su encanto. Dos meses después, el córner de Albiol y Acciari ya tiene mucho que ver con esos conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. Con todo eso que llamamos ciencia. Dos meses después, en la visita del Tropezón a Nueva Condomina, Albiol y Acciari convirtieron ese córner en gol por cuarta vez en diez partidos.

Hora y media antes de ese tanto, había saltado a Nueva Condomina el C.D. Tropezón de Tanos, enfundado en un vistoso amarillo que sin duda contribuyó a engrandecer la figura del jugador que fue tendencia en la grada durante los prolegómenos y el inicio del encuentro: su número 3. Hacía tiempo que un jugador no irrumpía con tanta fuerza en las conversaciones de la grada como el 3 del Tropezón.

Fernando Fuentevilla Landeras ‘Nando’, el 3 del Tropezón, es un futbolista de aspecto distinto, sorprendente: con poco pelo, y algo más grueso de lo estándar en el fútbol actual, su físico puede recordar al de un jugador de otra época, o de categoría inferior. Visto desde lejos parece estar cerca de los 40. El ingenio tribunero, a veces cariñoso, otras cruel, tenía el domingo con él un remate fácil. “Juega el masajista”, o “el utillero”, “el 3 está fuerte”, “es más viejo que el padre de Acciari”. Pero más allá de la mofa, parecía un misterio que ese tipo fuera a jugar en Nueva Condomina en tiempos de abdominales y runners, de tatuajes y depilación. Inexplicable. Pura magia.

También parecía bajito, sobre todo cuando se colocó en el centro de la defensa de cinco del equipo cántabro. Pero empezó el partido y se acabó el misterio: Nando es el jugador más importante del Tropezón. Y al terminar el partido se acabaron aún más los misterios, gracias a esa herramienta científica que tanta felicidad regala: bdfútbol. Resulta que, a pesar de su figura, no es bajito (1,78). Resulta que es más joven que Sergio Ramos, a pesar de su digna calva. Y resulta que jugó varios años en el Racing B, antes de llegar a Tanos, y que estuvo cerca de jugar en el último Racing de Primera. 

Nando es el mejor jugador del Tropezón y por eso juega. Lideró una defensa que aguantó el empate más de una hora ante el mejor Murcia de la temporada. Un Murcia tan sólido como siempre, dominador absoluto del juego, quizá tan dominador que termina siendo algo previsible, sin apenas opciones para la sorpresa. Y eso que Javi Flores mostró algo de lo que es, y sobre todo de lo que será, para que viéramos al Murcia que más ocasiones ha creado esta temporada. 

Pero conforme oscurecía la tarde, cada vez había menos opciones de gol y más se estilizaba la figura de Nando. El partido estaba donde quería el 3 del Tropezón, comodísimo, sabiendo el lugar exacto en el que tenía que poner su defensa para anular nuestro ataque. Cierta ansiedad, compañera habitual en casa, crecía en la grada. Hasta que llegó el córner mágico, el córner que ya es tradición y folclore, decíamos ayer en Mondo, el córner científico. Unos minutos antes ya hubo un acercamiento en otro saque de esquina, porque la ciencia necesita de experimentación. Entonces Albiol la había puesto donde siempre: donde siempre hay ocho o diez cabezas, donde siempre es la de Acciari la que remata. Y al segundo intento, la variable, unidad fundamental del método científico, porque aquí no hay misterio, sino trabajo. Miguel la volvió a poner con el efecto preciso, a la altura perfecta, pero esta vez José Luis dio dos pasos hacia delante, para golpear solo, y su cráneo (qué cráneo ese, por cierto) orientó el balón al palo contrario, donde no había nadie. Pura ciencia. 

1-0 y el partido, para cualquier observador científico objetivo que haya visto al Murcia en octubre, ya sólo podía tener un resultado. Pero aún quedaba media hora para comprobar que Garmendia y Jairo se lo van a poner pronto difícil a Aira, para ver el primer gol de Carrillo en Nueva Condomina, para no resolver la duda que sigue atormentando al murcianismo con sus laterales: ¿Se cansarán en algún momento? 

Y al final del partido nadie se acordó del 3 del Tropezón. Había jugado tan bien que casi pasó desapercibido. Salíamos del campo hablando del Compostela, de los goles del Oviedo, de nuestra solidez en el grupo I de la B, dos meses después de aquella tarde de verano en A Malata. Y, cómo no, de cuánto durará todo esto. De cuántos partidos nos quedarán antes de liquidarnos, de esta incertidumbre que precede a la muerte. De si llegará ese milagro, divino o inexplicable, que podrá salvarnos finalmente.

Entonces escuchamos delante la voz de un chiquillo ilusionado: el Imperial había vuelto a ganar, y 8-0. Al Cartagena, al Cartagena. “Y ocho a cero”, repetía. “Menudo futuro tienen los zagales”, fue lo último que escuchamos. Salíamos 8.000 tíos con la cabeza alta de ver al Tropezón y el Imperial había ganado 8-0. Y fue imposible no pensar que, como ocurre con cada córner que centra Albiol y remata Acciari, quizá nuestra salvación sea también una cuestión más de ciencia que de magia. Que quizá sea el murcianismo lo único que puede salvar al Real Murcia. Y que en el intento, con toda seguridad, al menos se salvará a sí mismo.

Real Murcia: Fernando, Jose Martínez, Jaume, Prieto, Pumar, Acciari, Armando, Albiol, Arturo (Garmendia, 56'), Rubén Sánchez (Carrillo, 61') y Javi Flores (Jairo, 84').
Goles: 1-0. Acciari (64'). 2-0. Jairo (91'). Carrillo (93').

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