Al margen de los siglos


SD Compostela, 1; Real Murcia, 1
Y sí, sí, en Santiago está enterrado Santiago. Y no, no, ¿en Santiago? Allí de ninguna manera y en ningún caso Santiago. Y quizás, quizás, por qué no enterrado allí, a lo mejor allí enterrado, no en cualquier otro sitio sino precisamente en Santiago. Sobre este asunto me informaba yo en Internet mientras esperaba que la 7 conectara con San Lázaro, mientras esperaba solamente, porque cuando la 7 conectó con San Lázaro para el Compostela-Murcia, las teorías sobre si Santiago allí sí o Santiago allí no fueron por mí abandonadas sin miramientos, toda esa especulación funeraria la arrinconé definitivamente, no sin haber adquirido por el camino información relativamente valiosa sobre el tema, diversos datos que quizá serán útiles para mí si un día mantengo una charla con algún nativo de Santiago, cosa que no he hecho jamás en mi vida y que tal vez no haga nunca.

Precisamente estaba profundizando en las teorías de Santiago allí no cuando el Murcia apareció por el césped de ese estadio, y de repente fue 1995. Que la fecha del móvil no se cambió sola, de eso tengo la casi absoluta certeza, que el móvil no *reaccionó* a esa pista de atletismo y esas gradas que nos eran familiares puedo asegurarlo casi con rotundidad, pero si realmente hubiera ocurrido, si realmente la fecha de mi móvil hubiera pasado a ser automáticamente 2 de noviembre de 1995, no me habría extrañado en absoluto, y yo habría tenido que reconocer en ese momento la genialidad y la lucidez de mi móvil o más bien la genialidad de los que fabricaron ese teléfono móvil y lo prepararon para reaccionar ante el impacto de volver a ver San Lázaro después de tantos años; yo habría tenido que celebrar la sutileza de quienes prepararon ese móvil para adaptarse al *tiempo* de San Lázaro, porque San Lázaro no es otra cosa que 1995 e incluso ese estadio puede ser denominado directamente 1995, no sólo San Lázaro, sino también 1995.

Así pues, el Murcia jugaba en 1995 contra el Compostela, entre hologramas sobrenaturales de Fernando Vázquez, Fabiano,  Passi y Ohen, entre hologramas de Daudén Ibáñez y Andradas Asurmendi, entre hologramas de Caneda y su gerente de barbas, pero no entre hologramas del público de entonces, porque Deportes Cuatro robó el público de entonces y también sus espíritus, Deportes Cuatro (¡el sistema!) quería sus cuerpos pero sobre todo sus almas, nada era suficiente para Deportes Cuatro (¡el sistema!), así que el público de 1995 ya ni siquiera está en el limbo sino directamente en el infierno, y ni sus hologramas sobrenaturales podemos ver; de que esa gente olvidara su Compos y buscara amparo en una de las dos multinacionales con escudo de este país se preocupó encarecidamente Deportes Cuatro (¡el sistema!), y ciertamente consiguió su propósito, porque el campo estaba prácticamente vacío.

Los medidores de ectoplasma se disparaban por todo lo que de 1995 había en el así llamado estadio 1995, sólo por eso, pero no por los jugadores del Compostela 2014, que eran de carne y hueso y que no corrían poco, sino que de hecho corrían mucho e incluso muchísimo, corrían mucho más de lo que esperábamos y sobre todo corrieron durante mucho más tiempo del que esperábamos. Los jugadores del Compos corrieron siempre, mordieron siempre, mientras nosotros pensábamos: ya se cansarán, pero ese momento nunca llegó, realmente el Compostela de Iñaki Alonso no se cansó nunca, ese equipo empezó el partido fuerte y acabó fortísimo, y en el tramo entre el principio y el final no estuvo precisamente flojo. Lo que pasa es que el Murcia va cogiendo hechuras, cada vez más asentado, cada vez mejor, y por eso al frenesí inicial del Compos respondió con un arrebato similar. En el minuto 10 podríamos haber ido perdiendo 2-0, pero en el minuto 35 el resultado podría haber sido perfectamente de 1-3, porque apareció Rubén Sánchez y centelleó. El primer día que vi a Rubén Sánchez, pensé: cosas de jugador de Primera, cosas de jugador de Tercera, una mezcla. Ahora, desde que ha pasado a jugar en punta y tras un partidazo como el de ayer, el pensamiento ha variado ligeramente hasta convertirse en un: muchas cosas de jugador de Primera, las más importantes, y sólo unas pocas de jugador de Tercera, las menos importantes. Si se pudiera ver lo que tiene Rubén dentro de la cabeza, si se pudiera volcar la cabeza de Rubén, estoy convencido de que caería de ella algo bonito, algo valioso, de colores, y creo que Aira está logrando que las cosas que caerían de la cabeza de Rubén sean cada vez más bonitas.

De un pase magistral de Rubén nació el penalti que nos paró Ramón, y cabe decir el penalti que nos paró Ramón y no el penalti que falló Garmendia, porque ese portero llamado Ramón hizo realmente un paradón a un penalti raso y ladeado. En el descanso, intuyendo ya que el punto podría ser buenísimo, me dije que debe haber pocos porteros llamados Ramón, y también me pregunté en broma si quizá fuera el primer portero llamado Ramón al que se enfrenta el Murcia en décadas, con ese pensamiento jugué para divertirme, hasta que me incorporé en el sillón y lo pensé con seriedad y en ningún caso bromeando: y si en verdad es el primer portero llamado Ramón al que nos enfrentamos en 30 años, por decir una cifra. Y si el último Ramón en la portería rival data de 1980 más o menos. En realidad se piensan todo tipo de cosas, pero éste no es el lugar para desarrollar un estudio así; sobre los porteros llamados Ramón contra los que ha jugado el Murcia en su historia no podría ni sabría referirme aquí.

El descanso fue muy propicio también para pensar y repensar una frase de Juan Cervantes, el narrador de la retransmisión: “Enseguida volvemos con la segunda parte aquí, en 7RM, la televisión de todos los murcianos”. Difícilmente se puede estar más acertado en un comentario, “la televisión de todos los murcianos”, porque fueron precisamente los murcianos y no otros quienes durante el periodo entre 2006 y 2010 sufragaron con unos 46 millones de euros anuales (públicos) a esta televisión desmoronada que impulsó el demócrata Ruiz Vivo y que, por ejemplo, en deportes ya sólo retransmite lo que otras autonómicas acceden a regalarle. Una autonomía que apenas puede permitirse a sí misma creía ser capaz de permitirse una tele que veían cuatro gatos y que nos costaba más de 7.000 millones de las antiguas pesetas al año, y en el fondo lo que se nos ofrecía a cambio era la posibilidad de repetir esa frase con orgullo: es la tele de todos los murcianos. Nuestra tele. Igual que en Albacete dirían “la tele de todos los albaceteños” o en Cádiz “la tele de todos los gaditanos”, igual, aquí podíamos por fin decir la frase correspondiente, y eso era lo importante. De hecho la dijimos y podemos seguir diciéndola: la tele de todos los murcianos. Otras frases que también podemos decir son "el aeropuerto de todos los murcianos" o "la ruina de todos los murcianos", pero, como con los porteros llamados Ramón, eso no puede ni debe ser desarrollado aquí.

Aquí corresponde hablar sobre todo de Miguel Albiol Tortajada, siempre secundario, y de hecho tan secundario que cuando da una asistencia de gol no busca nunca la aprobación del rematador en la celebración, porque su ego no lo necesita. Cuando asiste y todo el campo dirige sus miradas al que festeja, él se suele quedar al margen, olvidado, simplemente aprieta el puño y lo celebra solo o con algún compañero que renuncia a la montonera y se acuerda de él, algún compañero que lo busca y lo abraza mientras le dice: tú, tú, Miguel, vaya centro. Pero esta vez Miguel no se contuvo, él era el protagonista, y brincó, y explotó de alegría, porque él arañó el 0-1 de una segunda parte hermética, él rascó un gol imposible donde sólo había una falta lateral con poco ángulo. Ni siquiera un portero llamado Ramón pudo evitar su golazo, que nos hizo felices más porque lo había hecho precisamente Albiol que por la promesa de los tres puntos; nos hizo felices ver feliz a Albiol, que tantas veces ha sido no-feliz en Murcia, por unas cosas o por otras, sin merecerlo. 

Estábamos por delante y no quedaba mucho, pero sin embargo, la frase de "el punto es bueno" no se iba de nuestros labios, porque el Compostela siguió martilleando y martilleando, como si estuvieran convencidos de que nosotros somos partidarios de la teoría que asegura que allí, en esa cripta, Santiago de ningún modo. Nos comieron el centro del campo y se lanzaron sobre nosotros, así que tuvimos que recular y rezar por que no estuvieran finos en los últimos metros. Pero lo estuvieron. Pumar, asfixiado por el esfuerzo, daba muchos metros a su extremo para planear cosas, y de ahí nació el empate, donde el Ohen 2014 del Compos demostró una finura que nos arqueó las cejas. La frase de "el punto es bueno" la decíamos hasta ese momento con voz muy baja, casi un susurro, pero desde el empate la dijimos a media voz e incluso a voz bastante viva. Por eso, cuando el árbitro señaló el final sentimos verdadero alivio. Ese Compos nos embistió con el presente y con el pasado, nos arrojó a la cabeza la carne y el holograma, lo de hoy y lo de ayer. Y casi nos descalabra. Pero el Murcia, el Real Murcia, está completamente al margen de los siglos.

Real Murcia: Iván Crespo, Jose Martínez, Jaume, Prieto, Pumar, Acciari, Armando, Albiol, Garmendia (Arturo, 65'), Javi Flores (Carrillo, 52') y Ruben Sánchez (Jairo, 83').
Goles: 0-1. Albiol (69'). 1-1. Mensha (81').
Luis María Valero  @Mondo_Moyano  torremendolliure@gmail.com

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