Piedras sagradas



Burgos, 0; Real Murcia, 2
El Plantío ya no es un estadio: El Plantío es un monumento completamente al margen del paso del tiempo, una segunda catedral de Burgos en la que siempre han pasado cosas bastante más importantes que en la primera. Entre la calle Dos de Mayo y la avenida del río Arlanzón están desde 1964 las piedras sagradas que fueron hogar de Juanito, de Gavril Balint y de aquellos tres yugoslavos que llegaron muy pálidos a finales de los ochenta para quedarse eternamente congelados en nuestros albums de cromos: Juric, Barbaric y Karabeg. Tú abres ese album de la temporada 91/92, te vas a la página del Burgos y de repente Predrag Juric te mira fijamente, con su media melena agitanada, y te pregunta qué ha podido salir mal, qué ha pasado para que el Burgos ya no aparezca en más albums de cromos desde entonces. Este Burgos actual ya no es exactamente aquel Burgos encoronado de los yugoslavos pálidos, el Real Burgos, sino que es la refundación del Burgos Club de Fútbol de Juanito, el que llegó a encadenar cuatro temporadas seguidas en Primera a mediados de los setenta. El actual Burgos también viste, como aquél, camiseta blanca y pantalón negro, mientras que el Real Burgos, lógicamente, tenía sus días contados, porque el Real Burgos vestía los colores más hermosos y también los más malditos: vestía como el Murcia.

A todos esos balanceos sobrevive una misma alma y un mismo hogar: las mismas piedras ancianas, las mismas gradas típicas de estadio inglés, el mismo encanto de siempre. Son esas piedras las que bendijeron al Murcia en dos momentos decisivos de su pasado reciente: aquella liguilla de ascenso de Segunda B en 2000, y la penúltima jornada de la 2001/2002, ya en Segunda, a contrarreloj por la salvación. En la primera cita el Burgos era enemigo directo, los dos compartiendo un mismo objetivo y una misma histeria; en la segunda, el Burgos era un equipo ya salvado pero no entregado, porque Poli Ejido y Levante, nuestros rivales por la permanencia, les prometieron por la victoria o el empate todo lo que era posible prometer por aquel entonces, en plena época del pelotazo. Remontarnos con más detalle a aquellas tardes angustiosas en Burgos sería una arqueología excesiva, pero baste decir que fueron tardes en las que se encendieron velas y se recordó en qué rincón de casa teníamos guardadas determinadas estampas de santos. De esas dos trampas salimos como se sale de los partidos realmente asfixiantes: con cabezazos de defensas. Ni antes ni después de aquellas tardes marcaron Carrero (2000) y Juanma (2002) goles más importantes en sus carreras. Ahora, más de una década después, volvemos a vencer en Burgos, y soñamos con que, igual que entonces, el Murcia vuelva a quedar bendecido por este estadio que es ya santuario junto al Arlanzón.

Como todo no lo van a propiciar desde arriba, el equipo sigue haciendo su parte, y ya es oficial que a finales de mayo nos iremos de excursión a un estadio de otras españas menos húmedas. Tendremos que buscar fortuna sin Jairo, que se nos rompe y que hace que Aira se acuerde de rescatar a Arturo, mientras mira a Álvaro Rey de reojo. Se afirma que fuimos superiores al Burgos y que tuvimos varias ocasiones claras en la primera parte, pero que elegimos meter aquella que ni siquiera fue ocasión, un centro de esos a los que concedemos el adjetivo envenenado. Carlos Álvarez, cerca de la línea de banda, la golpea con el interior, rosca de dentro hacia afuera, y el balón va adquiriendo veneno por el aire, sale sin veneno pero va impregnándose de él, según parece. Es lo que efectivamente se conoce como un centro envenenado, en ese apelativo nos hemos puesto de acuerdo todos. Por el contrario, el misil de Isi en la segunda parte no fue adquiriendo veneno por el aire, sino que nació ya malvado de su empeine exterior, y murió en las redes siendo malvadísimo. Lo disfrutaron especialmente los veinte chiflados que viajaron desde Murcia para festejar con nuestros héroes el olvido, es decir, para celebrar que noventa minutos de fútbol y una ilusión en el horizonte nos ayudan a desviar nuestra mirada de la cruda realidad de los impagos y la posible desaparición. Me consta que para pedir solución a esa amenaza, alguno de esos chiflados acudió con el corazón en ascuas a la primera catedral de Burgos, aunque, como todos saben, es en la segunda catedral de Burgos donde han pasado siempre las cosas más importantes, y son las piedras de esta segunda catedral casi casi igual de sagradas.

Real MurciaFernando, Jose Martínez, Víctor Ruiz, Prieto (Pumar, 85'), Acciari, Jaume, Isi, Arturo (Álvaro Rey, 70'), Carlos Álvarez (Gerard Oliva, 77'), Garmendia y Javi Flores.
Goles: 0-1. Carlos Álvarez (44'). 0-2. Isi (63').

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