Heridos por un Lorca


La Hoya Lorca alias 'Un Lorca', 1; Real Murcia, 0
"Ataca el Lorca", eso decía una y otra vez un comentarista de La 7, y a esa enunciación yo sólo le reprochaba el artículo determinado, es decir, no me gustaba "el Lorca", a mí me hubiera gustado que ese comentarista hubiera dicho "ataca un Lorca", uno, y cuál, pues no se sabe cuál, Lorca es la ciudad especializada en la destrucción y creación e incluso reproducción de clubes de fútbol, así que podemos decir que nos ganó un Lorca, otro más. Es un Lorca vegetal, un Lorca particular que parece querer ser diferente y singular, pero que sin embargo no lo es, porque se pone ropa de difunta. Sí, sí, el Lorca vegetal viste como otros Lorca no vegetales, de blanquiazul. Si una mujer se casa con un viudo y esa mujer comienza a vestir la ropa de la fallecida, yo pienso: demencial. Yo pienso: raro. Con esa fidelidad a los colores de todos los Lorca, La Hoya manda un grito que entendemos perfectamente: yo quiero ser un Lorca, otro más. Por eso decimos que nos ganó un Lorca. Otro más.

Ese Lorca no fue especialmente superior, pero tampoco especialmente inferior. Fue un equipo de Segunda B, con humildad de Segunda B, que defendió revolucionado y atacó con lo que pudo; eso le bastó. En su defensa había un par de jugadores con la cintura de un camión, pero sólo muy al final hicimos aflorar esas limitaciones. Tras disfrutar el Murcia de la ocasión más clara del partido (un cabezazo que Carlos Álvarez peinó en vez de martillear), uno de ellos tramó un pase al hueco que fue diablura y que levantó la falda a nuestra defensa. Solo ante Fernando, el plan fue rematado con idéntica delicadeza por un barbas. Entonces lo comprendimos: ya tan pronto, ya de inicio, el Murcia vive una racha de ésas en las que el disparo aleatorio de un invidente se colaría con toda probabilidad por nuestra escuadra. Hay que tomárselo con filosofía.

El mayor temor no es la clasificación, sino el asomo de indolencia en algunos puestos y la sensación de que, peligro, quizás tengamos menos calidad de la que pensábamos. Esas dos carencias, combinadas, pueden ser letales. Concretamente, el centro del campo parece el escenario de un escondite permanente: no se ve a nadie. Ni tres pases seguidos llegamos a dar en Lorca, sobre todo en una primera parte que, más que dejarnos fríos, nos criogenizó. De Chavero no hemos visto nada aún, sólo hemos oído rumores.  ¿De Ruso? Rumores. Con José Ruiz sí me permito llegar a alguna conclusión, sí me permito dirigir la mirada a sitios. No la dirijo al chico, pero sí a Aira, sin comprenderle, y también a Álvaro  Marín, comprendiéndole, porque tiene que ser muy difícil explicarle a su autoestima por qué no juega hoy por hoy. José siguió con la mirada al compositor de la diablura en el gol de La Hoya, y antes y después concedió con una gratuidad inexplicable varias faltas laterales. Es decir, concedió casi penaltis. 

Al final pudimos empatar, al final las tuvimos, pero cuando Azkorra estuvo delante del portero se adelantó el invierno. Algunos hasta rebuscaron el anorak en sus armarios después de ese mano a mano. ¿Y ahora? Ahora va a costar. La temporada pasada cogimos velocidad pronto y aprovechamos esa inercia, pero esta vez vamos a necesitar que nos empujen para arrancar. Se nos viene un escenario peculiar: paisajes de Mad Max en las gradas de Nueva Condomina y camisas rasgadas en el entorno. También imagino que el encargado del estadio ya empieza a preguntarse en qué almacén está guardada la guillotina. Es lo que le ocurre a Aira esta temporada: él lo ha hecho todo, para bien o para mal, él selló la jubilación de Acciari y permitió que se marcharan los veteranos que nos soldaban a la categoría, él fichó y él desfichó. Esa tarea era excesiva para un hombre al que sólo se le debía exigir entrenarnos. Pero ahora todos le miran. Y esas miradas empiezan a pesar. 

Real  Murcia: Fernando; José Ruiz, Pumar, Ruso, Armando, Satrustegui, Javi López, Chavero (Fran Moreno, 66'), Carlos Álvarez, Arturo (Azkorra, 55') e Isi (Sergio García, 77').
Goles: 1-0 (Bernal, 52')

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