Walt Disney nunca oyó hablar de la 2ªB


Real Murcia, 1; Mérida, 1
Si esto fuera una película de Disney, habríamos mantenido sin dificultad el colchón de puntos con el Ucam, entre sonrisas relajadas y pícnics en el parque. Los puñetazos de los malos siempre pasaban muy lejos de Mickey Mouse; a Blancanieves no hubo que hacerle un lavado de estómago tras su intoxicación, y los siete enanitos, en vez de atracarla y mutilarla, la trataron con caridad cristiana. Si esto fuera una película de Disney, nuestros jugadores recorrerían el resto del camino cogidos de la mano y entre brincos, encarnando el bien, mientras el mal queda muy atrás, desfondado. Pero Walt Disney nunca oyó hablar de la Segunda B, y si es que acaso le hubieran contado algo, no habría sonreído. Esta es la categoría de la hiperventilación en bolsas marrones, la categoría en la que sólo se avanza reptando entre el lodo, y aquí las excepciones de sosiego feliz se dan de lustro en lustro. Aquel equipo de Iñaki Alonso que quedó campeón de grupo en 2011 mientras silbaba fue una de esas excepciones, porque tener a Chando, Kike, Pedro, Richi o Aguilera en Segunda B es ser un equipo Disney. Ahora la historia es muy distinta. Este Murcia arruinado de Aira, cuyo presupuesto es el séptimo de su grupo, sólo podrá imponerse al resto si se siente cómodo en la segura agonía que está por venir. Este Murcia necesita cada brizna de viento a favor para llegar a la meta el primero. Nuestros jugadores han intentado silbar y no les ha salido, lógicamente, como no le sale a nadie en este grupo Salmorejo. Ahora vamos a sufrir, y hay que estar ilusionados ante esa oportunidad de sufrir.

Ante el Mérida firmamos, seguramente, el peor partido de la temporada; romos en ataque y desquiciados en defensa. Casi todo se fió a la segunda jugada tras pelotazo, pero esas segundas jugadas siempre fueron para el Mérida, que salió a jugar con la soltura del que ya no tiene presión por cumplir objetivo alguno. Simplemente se divirtieron en un campo grande, con la espontaneidad del recreo. El centro del campo del Mérida fue suave como una remolacha guardada en un cajón durante meses, y descubrió muy pronto que Guilló estaba demasiado solo en esa zona. Aira daba vueltas y vueltas en su área técnica, con la mirada clavada en el suelo, como si le diera apuro mirar lo que estaba pasando sobre el césped. Muy poco, el Murcia. Casi nada. Pero incluso en una situación de absoluta carencia nos quedan maderos a los que agarrarnos para seguir a flote: uno de esos maderos será, hasta final de temporada, la zurda de Sergio García. Esa zurda rescató un punto, y Fernando lo puso definitivamente a salvo. Nunca un empate supo tan dulce. Quizá fue un empate incluso terapéutico, sanador, desde el que es posible construir de nuevo nuestra mejor versión, porque hay mucho que revisar. Al final quedó una conclusión: no sabemos si habrá final feliz, pero sí sabemos que no llegaremos a ese final con la ropa limpia, sino manchada de barro. Como tiene que ser. 

Real Murcia: Fernando; Álvaro Marín (Sergio García, 51′), Jordi Hostench (Pumar, 9′), Sergi Guilló, Armando, Satrustegui (Rafa de Vicente, 68′), Fran Moreno, Chavero, Carlos Álvarez, Germán y Javi López.
Goles: 0-1. Aitor 21′. 1-1. Morgado en propia puerta 74′.

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