Origen


Alejandro Oliva (@betandtuit)

Jumilla, 1; Real Murcia, 2.
Mi abuela María nació en Jumilla y mi tía María nació en Jumilla, así que no hubiera sido extraño que mi padre hubiera nacido en Jumilla. Quién sabe entonces qué hubiera sido de mí, quién sería yo, o incluso si sería yo. Pero mi padre nació en la calle San Antonio de Murcia, a unos 400 metros de La Condomina, a la que empezó a ir de niño con mi abuelo César, y quizá por eso, o sobre todo por eso, sus hijos se hicieron del Murcia.

La tarde se quedó tan tranquila con el 0-2 que el descanso en aquel polideportivo jumillano invitaba a plantearnos nuestros orígenes, entre tantas camisas granas. De dónde venimos, quiénes somos, por qué somos del Murcia. Y qué hacemos en Jumilla más de mil murcianistas, todos con su pequeña historia que los hizo del Murcia para siempre. Historias de hace muchos años, historias de hace pocos meses. Historias en las que aparece un abuelo o un tío, o el grupo de amigos de la adolescencia, o la casualidad, o la rebeldía de ser del Murcia en Murcia. Todas son parecidas, pero ninguna es igual. Lo más triste de ser de un club nuevo debe de ser no poder escuchar ninguna de esas pequeñas historias.

En Jumilla, el Murcia de Aira también volvió de alguna manera a los orígenes, en cuanto las lesiones lo han permitido. Volvió a Sobregrau, y con él a esa sobriedad que sólo cuando falta advertimos que es mucho más que sobriedad. Volvió a Ruso y Satrústegui en el centro de la defensa, y gracias a eso también pudo volver a todo lo demás: a Armando en el mediocentro junto a Chavero y a dos jugadores de banda más puros. El bloque defensivo recordaba a la temporada pasada (cinco de los seis la vivieron) y el ofensivo a los mejores partidos del curso actual, con Sergio García muy cómodo en su banda, Germán muy cómodo fuera de su banda y Carlos Álvarez muy cómodo en todas partes, casi en las dos bandas a la vez, sin dejar de moverse y crear espacios. Fran Moreno también se movió, y presionó, y además ganó casi todo por alto, incluido un remate de gol, pero sobre todo jugó muy bien al fútbol. Jugó e hizo jugar. Fran Moreno, sin hacer mucho ruido, ya es un jugador importante de este Murcia, y quién sabe si dentro de poco no será, además de importante, necesario.

La tarde se quedó tan tranquila en aquel polideportivo jumillano con el 0-2, que invitaba a plantearnos nuestros orígenes, entre tantas camisas granas. Pero el golazo de Rubén Cuesta a falta de media hora larga abría la caja que encierra todos nuestros miedos. Y es una caja que está demasiado llena. Sabemos que al final de temporada vamos a tener que abrirla, tarde o temprano, que llegará un día en el que nos jugaremos la vida (literalmente) en la recta final de uno o varios partidos, un día en el que tendremos que afrontar nuestros miedo o no podremos apenas mirar lo que pasa en el campo. Pero no pensábamos pasar ese miedo en Jumilla, no pensábamos que el partido se convertiría en otro ensayo general de ese sufrimiento que nos espera.

“Es un partido que apetece mucho jugar por el ambiente, pero tiene que ser bonito vivirlo con vosotros”, nos dijo un jugador del Murcia la semana pasada sobre Jumilla. Y algo de eso sentimos en el último cuarto de hora, sorprendentemente tranquilo, donde la comunión entre la grada y el equipo dio un paso más. ¿No llegamos a ponerle el balón en el córner a Javi López antes de sacarlo? ¿Seguro que no era Pumar el que tenía a mi lado animando? Es una comunión que no nos va a subir, pero que puede ayudar a subir. Y así lo vivimos en aquel polideportivo jumillano más de mil murcianistas con su pequeña historia detrás, todas parecidas pero ninguna igual. Con nuestras pequeñas historias que nos hicieron del Murcia para siempre.

Real Murcia: Fernando; Sobregrau, Ruso, Satrústegui, Pumar; Armando, Chavero, Germán (Isi, 89′), Sergio García (Javi López, 77′); Fran Moreno (Rafa de Vicente, 52′) y Carlos Álvarez. 
Goles: 0-1 (alguien, en propia puerta, 5'), 0-2 (Fran Moreno, 32'), 1-2 (Cuesta, 58').

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