Óscar Sánchez: "Me apasiona más entrenar que jugar"


Óscar Sánchez Fuentes (Murcia, 19 de diciembre de 1979) es uno de los 50 jugadores con más partidos en la historia del Real Murcia. Fueron 131 en total, uno por delante de los 130 de Chuchi García y Del Barrio. Ya tenía 29 años cuando volvió a casa, pero le dio tiempo a muchas cosas desde su rincón izquierdo del campo. Le dio tiempo a la tarde lluviosa y triste de Girona, pero también a la soleada y feliz de Lugo, por ejemplo. Y le dio tiempo a hacerse amigo de Richi, que quizás es más importante que todo lo demás. Así que la primera pregunta se la hago a alguien que le conoce bien.



¿Cómo era Óscar como jugador, Richi? 
Él jugaba de interior izquierdo en el Atleti B, donde coincidí con él por primera vez en la 2000/2001. Eso ya te da una idea de que no era un lateral defensivo. Acabó jugando ahí, pero él tenía alma de centrocampista, porque tenía mucha calidad. No era el lateral tradicional y aguerrido: era más parecido a lo que se puede ver hoy en día. Jugaba bien el balón, tenía tranquilidad, le gustaba tenerla y participar del juego. Luego en el Murcia coincidimos cuando volví en Segunda B, con Iñaki Alonso. Y tuvo un papel muy importante en ese ascenso. Él tenía nivel muy por encima de esa categoría. En Segunda, al año siguiente, metió 7 goles jugando de lateral, y algunos de ellos fueron fundamentales para conseguir la salvación. A nivel personal tengo muy buen recuerdo de la etapa del Atleti B: conectamos enseguida. Y en esas dos temporadas de Iñaki Alonso éramos dos jugadores de un perfil similar: estábamos en la última etapa de nuestras carreras. Habíamos tenido experiencias similares, con varias temporadas en Primera División, y eso nos acercaba aún más. Nos hicimos amigos, hablábamos mucho. Además, Óscar tiene un gran sentido del humor. Recuerdo con mucho cariño esos viajes interminables en autobús. Me acercaba a su asiento, y nos tirábamos mil horas hablando y riéndonos de cualquier cosa. Seguimos viéndonos mucho hoy día. En esos años yo no sabía a ciencia cierta si Óscar se iba a convertir en entrenador. Pero le gustaba mucho el fútbol, tiene personalidad y es inteligente. Ése es el punto de partida inicial para ser entrenador. Si eres inteligente y sabes conectar con las personas, tienes la base sobre la que construir todo lo demás. Y Óscar lo tiene. He visto partidos de sus equipos, y tienen ese gusto por ser protagonista y tener el balón, que es lo que él transmitía como jugador. Ojalá le vaya muy bien en esta etapa.


¿Cuál es tu situación actual, Óscar? ¿Estás viendo mucho fútbol?

Tras finalizar mi etapa en el Orihuela hace un mes y medio, no puedo entrenar en España hasta la próxima temporada. Estoy viendo mucho fútbol, y durante la semana analizo diferentes cosas. Por ejemplo, ahora estoy analizando cómo se originan los goles, es decir, desde qué situaciones concretas se producen, en mayor medida. Eso es algo que luego resulta muy útil en los entrenamientos. Además, la semana que viene me voy a ver el Aston Villa-Newcastle, porque Unai Emery es un entrenador referente. Pero también me apetece ir a ver cómo entrena el Cartagena B de Pepe Aguilar, porque es un modelo de juego que me interesa. Y quiero ir a ver a Marcelino en el Villarreal. Aparte de eso, voy a seguir viendo todos los partidos que pueda por la zona, desde Valencia, Almería, Murcia, e incluso más arriba de Madrid, por el norte. Y sobre todo, voy a hablar mucho con entrenadores. Hay un técnico que me parece extraordinario, el del Marbella (Fran Beltrán), con el que hablo mucho, porque ve el juego como yo. Debatimos, nos mandamos vídeos… Al final se trata de estar activos y ver lo que hace el resto, porque de eso se aprende muchísimo. No me refiero a tareas de entrenamiento, porque eso puedes encontrarlo en Internet, sino a la gestión de grupo, a la solución de problemas o el manejo de un vestuario en una derrota. Me gusta ver cómo actúan los demás entrenadores en esas situaciones.


Ahora es muy habitual que los entrenadores que están libres vayan a ver partidos de fútbol y suban a sus redes sociales una foto para dejar constancia de que han estado allí. Imagino que también para que los clubes a los que ha ido a ver sepan que él está siguiéndoles y que no les importaría aceptar una oferta suya, si cambian de entrenador.

Sé que es habitual, pero la verdad es que no lo estoy haciendo. Es algo así como demostrar que estás trabajando, que estás en el mercado. También te digo: hoy día, a muchas de las cosas de tu trabajo hay que darles repercusión, y entiendo que una manera de llegar sea a través de las redes sociales. Yo llevo semanas yendo a diferentes campos a ver partidos y de momento no he subido ninguna foto ni ninguna ‘story’ en Instagram.

 

Vas a un estadio, te dejas ver, hablas con uno en el palco, hablas con otro… Supongo que en el fútbol, como todo, importan mucho las relaciones

Hay dos propósitos a la hora de ir a ver fútbol: la primera es ir para intentar meterte en cualquier sitio, ofrecerte o ver si el entrenador que está en ese momento en la picota cae definitivamente. Y la segunda manera, que es como me lo tomo yo, es ir a ver fútbol porque te apasiona este deporte, para ver otras maneras de trabajar, conocer el mercado, conocer los jugadores para cuando te toque trabajar… A eso voy yo a los estadios. Pero es verdad que hoy día esto también se mueve por contactos. Hay muchas agencias de representación metidas en equipos. Y son pocos los directores deportivos que se dediquen a ir a ver cómo trabaja un entrenador, para quizás firmarte el día de mañana. Realmente, te firman por los resultados que hayas tenido en los últimos dos o tres años. Pero a veces esos resultados no llegan y hay entrenadores muy buenos que, si no les han acompañado los últimos resultados, lo tienen difícil.

 

Me llamó la atención que el día que te despidieron del Orihuela, un entrenador ya veterano y respetado como Vicente Mir respondió al tuit del club anunciando tu marcha, y lo hizo con estas palabras: “El año pasado campeón de liga y ascenso con el mejor futbol de todos. Eso queda para la historia del Orihuela. No lo pueden decir todos”. También he escuchado a José María Cases poner por las nubes el fútbol que hicisteis esa temporada 2022/2023 en la que subías a Segunda Federación.

El primer año, la 2021/2022, también fue muy bueno. Cogí el equipo en noviembre casi en descenso, y sólo nos quedamos fuera del playoff de ascenso a Segunda Federación en la última jornada. Y ya la temporada pasada fuimos 25 jornadas líderes y terminamos campeones, ascendiendo directos. Quedar campeón en cualquier categoría es muy difícil, y más en el grupo valenciano. Y en cuanto a mi idea de juego: creo mucho en los procesos, no creo en el resultado inmediato. Puedes ganar de cualquier manera, pero siempre les digo a los jugadores que esto es un espectáculo, además de una profesión. Tienes que intentar enganchar a la gente con una propuesta que sea reconocible. No vale sólo con ganar, porque eso sólo lo sostienen los resultados. Y cuando dejas de ganar, ¿qué lo sostiene?

 

Esta temporada llegaste a estar en puestos de playoff de ascenso a Primera Federación, pero en cuanto llegó una racha mala y os metisteis abajo, te destituyeron

En el último mes y medio el Orihuela no ganaba. He terminado estando fuera de allí porque la vida del entrenador es así, y estar más de dos años en un banquillo es muy complicado. En cuanto tienes el mínimo bache, lo normal es que vayas fuera. Lo entiendo. Pero lo que queda es la forma de la que has hecho las cosas. Y por ejemplo, ese mensaje que escribió Vicente Mir demuestra que hay un proceso, un reconocimiento, un trabajo que se valora. Al final, es lo que queda.

 

Subisteis a Segunda Federación arriesgando y jugando muy bien al fútbol. ¿Eso se puede hacer, en una categoría así?

Perfectamente. El primer año, cuando nos quedamos fuera del playoff en la última jornada, la gente me decía que para ascender teníamos que jugar de otra manera. Y claro que se puede ganar con juego directo y segunda jugada, por supuesto, yo no estoy en contra de esa forma de jugar. De hecho, hay campos en esa división donde te tienes que adaptar y optar puntualmente por ese estilo. Pero yo creo en otra forma de llegar al resultado, y es la que yo sé transmitir. Yo no sabría transmitir otra. Es la forma de jugar en la que creo, y no por romanticismo, ni porque sea más bonito, ni por modas, ni por el guardiolismo: es porque entiendo que lo que te acerca más a ganar es tener la pelota. Es por lo que jugamos desde pequeños.

 


¿Tuviste siempre en tu cabeza apostar por ese estilo o fue algo progresivo?

Fue progresivo. En mi época de futbolista, todo era muy básico: balón al lateral, que pegaba balón largo al extremo, y segunda jugada. Pero después vas hablando con entrenadores, vas conociendo diferentes metodologías, en los últimos años de carrera futbolística vas definiendo un poco cómo quieres enfocar tu camino… Y después, José Manuel Aira tuvo también mucho que ver. Me ayudó mucho. Es un entrenador que a nivel metódico es impresionante. Todo eso me ayudó a plasmar mi idea de juego. Además, me di cuenta de que era la forma de jugar que yo sabía transmitir. Quizás con otros estilos se gana igual, pero yo no sé transmitirlos, y si no sabes transmitirlo y no llegas al jugador, al final la plantilla no va a creer en ti.

 

¿Podrías resumir esa idea de juego?

Línea adelantada, presionar en campo contrario, ser muy proactivo, porque el fútbol tiende a eso: a ser muy físico, muy fuerte. A través de la pelota hay que atacar, no pasarla por pasarla. Y dominar muchos aspectos del juego, como las transiciones. Pero la idea es ésa: defender muy alto, en campo contrario, y sobre todo, desajustar al rival a través del balón.

 

¿Hay que ser siempre fiel a ese estilo?

Uno va aprendiendo con el ensayo-error y la experiencia. Y este año me ha venido muy bien para saber que a veces hay que adaptarse a las circunstancias. Tras el partido de Copa en Los Arcos contra el Girona, hablé con Míchel, al que por cierto, han destituido un par de veces y mira dónde está ahora. Y me dijo que analizando a nuestro equipo, teníamos problemas a la espalda de nuestros centrales. Y que él también jugaba de esa forma, pero que se había ido fijando cada vez más en el perfil de los centrales con los que él jugaba. Porque si tenía dos centrales lentos, era una temeridad llevar su idea de juego al extremo. Ese aprendizaje me lo ha dado mucho este año.

 

Cada vez se arriesga más en el fútbol de toda Europa.

Así es. También el jugador es cada vez más rápido y mucho más fuerte, y eso te da para jugar con líneas muy altas. Cualquier equipo trata ya de jugar así. Por ejemplo, el Leicester de Maresca en la segunda división inglesa está practicando ese juego, que no era nada típico en ese club, y van líderes destacados. En la Premier han llegado entrenadores de fuera, se han abierto a otras ideas y han ido cambiando su filosofía de juego. En Inglaterra ya tienes a muchos equipos que intentan defenderse y atacar a través del balón.

 

El físico está pasando a ser cada vez más importante, también para jugar así. Difícilmente un central lento puede jugar así de adelantado, con 50 metros a su espalda.

Sí. Primero, la presión tras pérdida tiene que ser muy agresiva, para que ese primer pase no te coja la espalda cuando tú tienes la defensa adelantada. Y luego hay una cosa muy importante: avanzar con el balón te permite tener las líneas juntas. Y entonces esa presión tras pérdida, estando juntos, es más sencilla. A la vez, asociarte también es más fácil. Pero hoy día, si no tienes defensas que sean rápidos al espacio, es muy difícil esa forma de jugar. Ahora los físicos de los jugadores parecen hechos por ordenador. Yo estoy convencido de que no podría jugar en este fútbol. Juegas contra un filial que tiene críos de 17 años, y ya son bestias. Son animales que yendo al choque tiran a jugadores de 30 años.

 

Un puesto específico que tú conoces bien: el de lateral. No se le da mucha importancia.

El otro día leí a un entrenador que decía que el fútbol va a tender a jugarse con cuatro centrales atrás. O sea, que vamos a acabar jugando con dos laterales que sean centrales. Para ganar duelos, ser muy fuertes en defensa y ya luego jugar ‘alegres’ a partir del centro del campo. También hay muchos entrenadores que optan por que uno de los laterales sea central, y que la salida del balón sea con tres. Pero es verdad que cuando yo jugaba, el lateral sólo se dedicaba a subir y bajar la banda. Y ahora, los entrenadores les exigimos a nuestros laterales que se metan por dentro, que incluso se coloquen de pivote en algunas situaciones, o que se pongan de mediapuntas, como hace el Girona con su lateral izquierdo, Miguel Gutiérrez. El fútbol ha evolucionado mucho, y uno de los puestos donde más ha evolucionado es el de lateral. De hecho, yo me recuerdo de lateral y pienso: mis funciones eran muy básicas.

 

No me digas nombres, pero seguro que cuando eras jugador y llegaba un entrenador nuevo, te desmoralizabas a veces en cuanto os contaba a lo que ibais a jugar

Seguro. Hay entrenadores que me han servido para forjarme, pero otros me han servido para saber lo que no hay que hacer, que también es importante. Cuando eres jugador, tu juicio sobre el entrenador es un poco sesgado. El egoísmo del futbolista hace que el entrenador sea mejor o peor en función de si juegas los domingos o no. Y no lo ves con los mismos ojos si no te pone. En perspectiva, hay entrenadores que me llamaban mucho la atención entonces, y ahora veo que eran más básicos. Y al revés: algunos que no me gustaban, ahora sí los valoro. Por ejemplo, Fernando Vázquez, al que tuve en el Valladolid en la 2003/2004. Yo con él no jugaba, y mi impresión sobre él no era buena en aquel momento. Pero en perspectiva, recuerdo que hacíamos trabajos propios de un evolucionado a su tiempo. Eso lo ves con los años. En el momento, te ciega tu situación personal.

 

Hablabas antes de José Manuel Aira, del que fuiste su segundo entrenador tanto en el Murcia como en otros equipos. Probablemente, con los datos en la mano, es el mejor entrenador del Murcia desde el descenso administrativo.

Aira no está todo lo valorado que merece, porque su perfil es bajo. Es un hombre humilde, tranquilo, no escribe en redes sociales. Hoy día, si no pones tuits a favor de la afición, vendes menos. Él vende con su trabajo, con su implicación, con su dedicación. Es un tío super preparado. Salvo alguna temporada donde no salieron las cosas, como en Marbella, generalmente ha hecho muy buenos años. Ahora está muy bien valorado en el Alavés B. Es de esos entrenadores con los que da gusto trabajar. A nivel del día a día, es con quien más he aprendido. Es una pena, porque el fútbol va a veces de venderse y no de verdadera capacidad, cuando él es un entrenador super capaz.

 

Háblame de dos jugadores con los que has coincidido como futbolista: Baraja en el Atlético B y Víctor en el Valladolid.

Justo cuando yo subo al Atlético B, Rubén Baraja estaba ya alternando el filial con el primer equipo. Es el jugador que más me ha acojonado en un entrenamiento. Yo venía del Atlético C, y el B estaba en Segunda División. Era un salto de nivel. En una posesión, perdí el balón, y él era tan competitivo que me echó una bronca impresionante. En el Atleti C, si perdías un balón no pasaba nada. Pero él me hizo darme cuenta de que el B ya era fútbol profesional. Era un tío con mucho carácter. Y en cuanto a Víctor, era talento. Él era el Valladolid. Un jugador de calle, de esos que ya no quedan. Salía a jugar y no sentía presión absolutamente por nada. El día antes del partido, algunos nos quedábamos tirando faltas en el entrenamiento, pero él se iba a la banda y nunca tiraba. Desde allí nos gritaba riéndose: “Tirad faltas, tirad, que mañana en el partido las voy a tirar todas yo”.

 


El mejor entrenador que has tenido

Mendilíbar ha sido muy bueno. Sobre todo en gestión de grupo. Apostaba por la simplicidad, sacando el máximo rendimiento de lo que tenía. Es un tío muy llano, que va de frente, nunca engañará a nadie. Es de esa gente con la que da gusto compartir vestuario. Tiene una idea de fútbol que comparto en muchos aspectos: la línea muy alta, ser agresivos, ir a campo contrario, robar lejos. Le daba igual que jugáramos contra el Madrid, siempre hacíamos lo mismo. Él decía que prefería perder un día 7-0 contra el Barcelona pero no perder la identidad, antes que perder siete partidos por 1-0 perdiendo tu sello. Entonces, como él tenía muy claro que cuando jugabas contra el Madrid o el Barcelona lo normal era perder, pues decía: muero con mi idea.

 

¿Es verdad que Mendilíbar es un obsesionado de los centros al área?

Todo eran centros. Al final Mendilíbar era: presión alta, saltar como locos a por el rival a recuperar el balón, y entonces centrar, ya fuera desde tres cuartos, desde el córner, desde el banquillo, desde donde fuera. El balón tenía que acabar en el área. Y un balón en el área siempre es un problema para el rival.

 

La temporada 2006/2007 que nosotros ascendimos a Primera con Lucas Alcaraz, ese Valladolid de Mendilíbar acaba campeón destacado con una racha increíble de partidos sin perder

Fueron 27 partidos seguidos sin perder, y de esos, ganamos 22. En plena racha, hubo un partido en El Ejido en que íbamos perdiendo 2-0, jugando una primera parte horrible. Y acabamos ganando 2-3 porque estábamos en esa inercia de que ya daba igual lo que hiciéramos. Sabíamos que íbamos a ganar. Ascendimos en Tenerife en abril, y estuvimos toda la semana de fiesta. Entonces en la jornada siguiente vino el Murcia de Lucas Alcaraz a Zorrilla, jugándose ellos el ascenso, y empatamos 1-1 después de que esa semana prácticamente ni habíamos entrenado. Era inercia.

 

Descríbele cómo eras como jugador a un aficionado del Murcia muy joven que no te haya conocido

A nivel defensivo, me costaba. No era excesivamente rápido. Muchos duelos los ganaba por listo y por la experiencia de los años de chocar trayectorias, más que por velocidad. Yo intentaba defender, subir, llegar y centrar. Lo que sí tenía, y eso sí me lo valoraron, es que no me pesaba la responsabilidad en momentos difíciles. Con Mendilíbar a veces jugaba y a veces no, pero en dos temporadas consecutivas nos jugamos el descenso en la última jornada, una en el Villamarín y otra en Huelva, y en esos dos partidos me puso de titular porque decía que en esos días no me pesaba la presión.

 

Eras muy listo para colocarte en el balón parado, sin ser muy alto

Eso se lo digo mucho a los jugadores ahora: no es tan importante la altura como el ‘timing’ de cuándo se produce el golpeo, cuándo moverte y la intuición. Víctor Fernández no medía más de 1,70. Pues no he visto un jugador que ganara más segundas jugadas que él, porque tenía intuición. El fútbol va a veces de eso.

 

¿Notas que el tratamiento del fútbol es cada vez más superficial? La Liga, el marketing, incluso los medios de comunicación. Las noticias que nos venden, las tonterías en las que quieren que pinchemos. No les gusta el fútbol.

Es lo que vende hoy día: mucha salsa rosa, mucha pérdida de tiempo en hablar de los árbitros, en vez de hablar del juego. De las preguntas que nos hacen a los entrenadores, ninguna es de fútbol. Y ni siquiera sé si a la gente le llega a interesar que se hable de fútbol. Les hemos vendido un producto en el que lo único que importa es que ganes, y ya está.

 

¿Qué entrenador actual te gusta?

El Tottenham de Postecoglou me gusta mucho. Lo que hacen sus laterales es increíble: se meten por dentro, por fuera, de mediapuntas… miras atrás y sólo hay dos jugadores, los centrales. Pero actualmente, si me tengo que quedar con uno, es con Roberto De Zerbi, del Brighton. Es un pedazo de entrenador. Hay muy buenos entrenadores, también en España. Por ejemplo, Éder Sarabia, en el Andorra. Este año está abajo, pero no por eso es peor entrenador. Tiene una idea de juego muy buena. Me gusta mucho cómo sus centrales se paran y pisan el balón esperando a que salte el delantero a la presión. En el estilo opuesto, el Cholo Simeone también me parece una bendición para el fútbol. Ese tipo de entrenadores, que llevan tantos años sacando rendimiento a unos jugadores, son la leche. No hay que hacer buenos o malos a los entrenadores sólo porque te guste un tipo de fútbol. Marcelino, que ahora no está ganando, me parece un gran entrenador. También Unai Emery. En España tenemos de los mejores entrenadores del mundo.

 


¿Crees que la pasión es fundamental para persuadir al futbolista?

Es uno de los mensajes que transmito a mis jugadores: la pasión es lo que mueve todo. Si no tienes pasión, es mejor que te quedes en casa. Los años de jugador, de entrenador o de cualquier profesión, pasan, y luego te arrepientes de lo que no has hecho con pasión. De hecho, yo me arrepiento de alguna situación que he tenido siendo jugador. Podrás tener una idea de fútbol u otra, pero si la transmites con pasión, es más fácil que llegue al jugador y crea en ti. La pasión se contagia y es algo positivo. Si estás decaído y no lo vives con ilusión, al final no consigues transmitir nada.

 

¿No crees que Nueva Condomina se adapta precisamente a que el Murcia se actualice un poco y apueste por ese juego ya más valiente? Aunque se corran más riesgos.

Claro. Además, el Murcia ya está en una división en la que todos los campos son grandes, de hierba natural. Se habla mucho de que Nueva Condomina está maldita, pero para mí es una bendición tener ese campo. Somos la envidia de muchos equipos. Aunque ese estadio también motiva mucho más a los rivales, es verdad. Y a veces no sientes esa cercanía de los aficionados, porque las gradas están lejos, y es un campo demasiado grande. Aunque tengamos 9.000-10.000 espectadores, da la sensación de estar simplemente medio lleno. Pero no creo que el estadio sea excusa o haya tenido que ver en las temporadas de malos resultados.

 

¿Cuál es la solución para el Murcia?

Generar un proyecto en el que no nos pueda la inmediatez. Y es difícil hacerlo, porque la inmediatez es importante para todos. Cuando económicamente no estás bien, tu manera de ingresar dinero es llegar al fútbol profesional y pasar a cobrar mucho más por derechos de televisión. Entiendo que es una necesidad. Pero si se consigue estabilizar la situación económica, como parece que está sucediendo, y a nivel deportivo se da tranquilidad, el Murcia estará ahí. Es difícil ascender en cualquier categoría. El Murcia ha sido históricamente de los importantes para ascender, pero hoy es muy difícil: hay mucha igualdad, todos los equipos tienen medios, tienen dinero, tienen gente preparada. El dinero ayuda a generar plantillas buenas, y así es más fácil que asciendas. Pero las urgencias y la necesidad de inmediatez hacen que a veces sea mucho más difícil. Estoy convencido de que el Murcia va a llegar al fútbol profesional, antes o después. Habrá un año que se dé todo para que ascienda.

 

¿Te parece casualidad que la mayoría de equipos del sureste tengan un mismo patrón? Murcia, Elche, Hércules, incluso Cartagena. Todos chocando y rebotando durante la mayor parte de su historia. Siempre muy por detrás de sus ambiciones.

Tiene que ver mucho con los dueños que se hacen cargo de los clubes de esta zona. El poder llama. El sentarse en un palco llama. Y estoy convencido de que en el norte también. Pero allí es diferente, son lugares donde el arraigo del equipo en la tierra es muy profundo. Allí los presidentes no entran para sacar barriga, cosa que sí se ha visto más por el sur. En el norte hay mayor respeto por el profesional. Aunque también se está perdiendo eso, a nivel general. En Inglaterra pasas diez años en un club y te hacen una estatua. En España, si un jugador está diez años en un mismo club, la gente dice: “¿Qué hace este tío tanto tiempo aquí, chupando del bote? Que se vaya ya”. Ese es el comentario que hacemos muchas veces en este país. Si un año las cosas van mal, hay que cambiarlo todo. Pero es necesario entender que en el deporte, y especialmente en el fútbol, hay años que no son buenos, porque por muy bien que hagas las cosas, a veces no salen.

 

¿Te hace ilusión llegar a entrenar el Murcia?

Yo soy entrenador, y estoy abierto a todo. Evidentemente, entrenar al Murcia sería para mí increíble. Pero uno no se tiene que ir planteando que quiere ser entrenador para llegar a un equipo concreto. Cada uno tiene su camino: si se dan las circunstancias en algún momento, encantado, y si no, que nos vaya bien a los dos. A mí me apasiona mi profesión. De hecho, me apasiona más entrenar que jugar. Es raro. Yo quiero ser feliz y quiero sentir pasión entrenando, ya sea en un equipo de niños, de juveniles, en un Tercera Federación, en Primera División o donde sea. Quiero estar a gusto. Lógicamente, el Murcia es un caramelo y sería un sitio muy bonito para entrenar, sobre todo si consigues éxitos. Si no consigues éxitos, es un sitio duro.

 

¿En algún momento llegaste a estar cerca del banquillo del Murcia?

No. En su día hablaron conmigo para ser director deportivo, hace algunos años. Pero ahora mismo quiero entrenar y es lo que me gusta.

 

¿Notas todo el potencial que tiene hoy día el Murcia?

Lo del Murcia es una barbaridad. Es un transatlántico. La afición se ha rejuvenecido mucho, se engancha muy fácilmente. Los que son murcianistas desde hace tiempo recordarán que ir en mitad de la tabla en Segunda División era un infierno para los jugadores del Murcia. Y hoy día el nivel de exigencia no es el mismo. Me parece algo necesario, porque con la situación económica que ha atravesado el Murcia, haber generado mucha exigencia desde fuera habría hecho mucho daño. Hemos generado un murcianismo sano, muy bonito, y con un potencial por delante de la leche. Es algo increíble: a veces, cuanto peor va el equipo, más gente va al campo.

 

Las dos ciudades de tu vida son Murcia y Valladolid. ¿Hay muchas diferencias entre ambas?

Las hay. La temperatura ya hace que tu carácter sea diferente, ni mejor ni peor, pero diferente. Valladolid es más pequeña, y aunque es una de las ciudades más elitistas de Castilla y León, es muy cercana, muy campechana. En cuanto al público, allí son muy exigentes. Han estado muchos años en Primera División. Pero en el día a día, iba por la calle y era como si no me conocieran. Eran muy respetuosos para hablarte. En Murcia para eso somos más dicharacheros. Aquí somos más pasionales, más extremistas, para lo bueno y para lo malo. No sé si será una cuestión de carácter, de temperatura, o vete a saber.

 

Tu recuerdo más feliz como entrenador

El día del ascenso ves un premio a todo el trabajo que has realizado. Pero también es muy satisfactorio el día a día, ver cómo los jugadores creían en ese modelo de juego. Que futbolistas que nunca habían jugado a eso se abrieran a hacerlo; que los laterales no entendiesen cómo se podían meter por dentro y que luego lo hicieran; notar cómo te miraban cuando dabas una charla.

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