Arden los prados


Tropezón, 1; Real Murcia, 4
Mi pieza comienza con muchos helicópteros bombardeando la posición donde se encuentra el Murcia. Decenas de helicópteros militares, taca-taca-taca-taca-ta, unos de la Liga, otros de la Federación, otros de Hacienda, incluso alguno del Oviedo, todos dejando caer bombas y bombas. Luego se alejan, seguros de que han cumplido su misión. Arden los prados y una inmensa humareda lo cubre todo. Entonces, cuando ya se intuye la masacre, de entre el humo aparece José Luis Acciari a lomos de una vaca, cabalgando lentamente, sin camiseta y con pantalones militares, nuestro coronel Kilgore de Apocalipsis Now. En mi pieza, cada héroe de esta plantilla cabalga una vaca, y son inmortales. Sus vacas también son inmortales y escupen fuego. Mi pieza es un delirio porque todo lo que rodea al Murcia es delirio. Al delirio que supone jugar en Tanos responde mi mente con más delirio, aunque luego, sin grandes traumas, volvemos rápidamente a la realidad.

Ahora te vas a sentar y vas a escuchar el Tropezón-Murcia, eso me ordenó alguien desde dentro de mí mismo. Y yo: bien, bien. Pero antes de escuchar el Tropezón-Murcia que se juega en Tanos debes aprender precisamente sobre Tanos, eso me pidió ese mismo alguien, también desde dentro de mí mismo. Y yo: sí, sí, pertinente, no crucial ni decisivo pero sí pertinente, porque son ya casi las cinco, el partido está a punto de comenzar en mi radio y yo no sé nada sobre esa pedanía o barrio de Torrelavega adonde han mandado al Murcia a jugar. Ésa era la primera duda: barrio o pedanía, San Andrés o Beniaján. Es que sobre Tanos yo nada, me reproché, cuando lo ideal habría sido que, sobre Tanos, yo algo. Por eso determiné: ni un minuto más sin aprender, ni un minuto más sin descubrir (sobre Tanos). Y sobre Tanos busqué. Y sobre Tanos encontré.

Muchos estudios dicen: para retener mejor aquello que lees debes pronunciarlo varias veces en voz alta, no sólo leer para tus adentros con los labios de la mente, sino leer también para tus afueras con los labios de la boca. Y así hice yo con Tanos para memorizar mejor aquello que sobre Tanos encontraba. Primero leía con la mente: Tanos forma un continuo urbano de 6.000 habitantes con Torrelavega, y luego repetía yo en voz alta: continuo urbano, continuo urbano. Leía yo con la mente: Tanos se emplaza en una llanura aluvial del macizo del Dobra, y repetía después en voz alta: Dobra, Dobra. Para saber más sobre ese macizo de nombre tan yugoslavo no había tiempo, esa nueva ventana no podía abrirse en mi cabeza, y si es que acaso se abría, era rápidamente minimizada. Un aperitivo sobre Tanos, pero no un empachón sobre Tanos.

Por eso mis averiguaciones eran endebles, y además ceñidas únicamente a la ciencia geográfica, con alguna incursión en lo divino: resulta que el continuo urbano de Tanos tiene dos patronas, no una ni tres, sino dos. La primera patrona, digamos que la titular, es Santa Ana, pero también la Virgen de las Nieves tiene su lugar. El nombre del estadio del Tropezón, para Santa Ana; el nombre de la Agrupación de Danzas, para la Virgen de las Nieves. Sobre esa coexistencia de patronas aprendí cosas. Pero algo más humano, exigí, algo más cálido para coronar mis averiguaciones. Entonces leí con la mente: Algunos personajes ilustres de Tanos son Genaro Fernández, jugador de bolos, y Ángel Quintanal, popular policía de tráfico conocido como el Nureyev de Torrelavega. Y en voz alta exclamaba yo, como habría exclamado cualquiera: ¡Nureyev! ¡Nureyev! Así cerré, así fue coronado el aprendizaje sobre Tanos. Ahora sí estaba preparado para que el partido comenzara en mi radio.

Fue un comienzo bueno, dicen, con el Murcia combinando muy suelto sobre el disparate de Santa Ana. Y sí, sí, disparate, así bautizó el terreno de juego Antonio Morote, el delegado del Murcia. "Césped artificial con barro, disparate", eso publicó Morote en Twitter, acompañando su comentario de una foto del campo que heló nuestros corazones. Qué era eso. Qué era esa sopa de barro con briznas de césped flotantes. De qué laboratorio químico clandestino se había escapado ese experimento sintético. Por qué hay césped natural en el estadio de Las Colonias de Abarán (Nuevo México) pero no hay césped natural sino césped antinatural en un continuo urbano de Torrelavega. Pero si en Torrelavega brota el césped hasta dentro de las iglesias. Una cosa de locos.

Y sin embargo, a ese disparate antinatural se adaptó el Murcia con toda naturalidad. Carlos Álvarez ha jugado en el Covadonga, en el Caudal o en el Puertollano, y una consecuencia positiva de esas aventuras es que no hay superficie lo suficientemente loca para él. Carlos las conoce todas, Carlos tiene las botas adecuadas para cada terreno de juego. Casi la lía ya en la primera parte, pero falló por poco dos buenas ocasiones. "El Murcia juega, el Murcia merece", eso decía el locutor, y empezamos a pensar que también esta trampa la esquivaríamos. Pero mediada la primera parte, el Tropezón fue creciéndose y creciéndose hasta que nos golpeó. Cómo se remonta en un sitio así, nos preguntábamos en el descanso, cómo se remonta en un continuo urbano con un disparate por césped. No se puede, nos repetíamos, y negábamos con la cabeza a la vez. No se puede y no se puede. El Murcia no ha remontado nunca esta temporada fuera de casa, pero es que además, en la bipatronal Tanos quién va a remontar nada. En 1976 o por ahí quizás alguien remontó un día en Tanos. ¿Nosotros hoy? No, no.

Pero sí, sí. Cuando más cerca estaba el Tropezón de rematarnos apareció Acciari, que se bajó un rato de su vaca para rescatarnos con la maniobra tradicional: esos pasitos de ballet tras el saque de un córner que le permiten esperar la pelota justo en el lugar correcto. Existe el cabezazo rotundo para gente con muelles en los pies, pero también existe el cabezazo tranquilo para gente como Acciari, que suplen con inteligencia los muelles de los que carecen. Ese gol nos inflamó, y ya daba igual que el césped fuese un disparate antinatural: para Carlos Álvarez pasó a ser una alfombra. Su 1-2, un ataque al balón como de palo de billar, con la zurda, algo muy suave tras recortar a su defensa. Chapotearon de felicidad nuestros héroes en el barro y le colgaron definitivamente a Carlos galones de general.

Poco después, como si Acciari le hubiera revelado el secreto, Carlos firmó otro cabezazo táctico, de los de medir los pasos, desmarque y tac, allá a la escuadra, tras un gran centro de José Martínez. Habíamos averiguado nosotros cosas sobre Tanos, y ahora estaba averiguando Tanos cosas sobre nosotros. Cerró Javi Saura con calma de neurocirujano en el área pequeña, y nosotros, desde casa, concedimos: qué equipo tan especial es uno que remonta en el así llamado continuo urbano de Tanos, sobre un césped disparatado. Cuánto orgullo. Y poco más. Sin hacer demasiado ruido nos subimos en nuestras vacas, abandonamos el término municipal de Torrelavega y nos volvimos a perder entre la humareda, con Acciari a la cabeza y Carlos a su lado, recibiendo la tutela de nuestro capitán. "¿Hueles eso, hijo? Es el olor de las vacas. Es el olor de la victoria".

Real Murcia: Crespo, Jose Martínez, Jaume (Víctor Ruiz, 45'), Prieto, Pumar, Acciar, Armando, Arturo (Gerard Oliva, 45'), Jairo, Isi y Carlos Álvarez (Javi Saura, 85').
Goles: 1-0. Fresno (35'). 1-1. Acciari (64'). 1-2. Carlos Álvarez (69'). 1-3. Carlos Álvarez (79`). 1-4. Javi Saura (85').

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