Minuto 92: un desmoronamiento


Real Murcia, 0; Linares, 0
Minuto 92. Entra en escena Isi, el así apodado ‘Melocotón’ por algunos, sólo porque Isi es de Cieza y Cieza es tierra de melocotones. En el minuto 92 entra en escena nuestro ciezano tolerante, y digo tolerante porque sólo un ciezano tolerante consentiría que alguien le llamara ‘Melocotón’ sin responder a ese apodo horripilante con protestas, con amenazas, con agresiones verbales de todo tipo. Y qué dramática conclusión nos invita a sacar esa regla geográfica de sobrenombres seguida por algunos: la conclusión de que si Isi fuera de Yecla, hoy tendría el apodo de ‘Gazpacho’ o incluso el apodo de ‘Mueble’, así de inflexibles son las normas de apodo que imperan, por lo visto. “La lleva el Mueble”, eso se diría hoy con absoluta tranquilidad si fuera de Yecla, igual que se dice con absoluta tranquilidad que “la lleva el Melocotón”. Pero algo así no puede decirse nunca con tranquilidad alguna. ¡El Melocotón! ¡Una fruta! “La lleva la Uva”. “La lleva la Mandarina”. Pero por qué. Un melocotón es eminentemente pasivo, no hace nada, sólo se deja hacer, como la mayoría de frutas. Es decir, lo coges, lo pelas, lo partes y te lo comes. A Isi no lo pelamos ni lo partimos, Isi es principalmente activo. Isi, a diferencia de un melocotón, hace muchas cosas.

Isaac, mejor. Es el minuto 92. Isaac controla en banda, Isaac conduce hacia el centro, Isaac levanta la cabeza, Isaac ve a Chavero solo. Isaac muchas cosas, muy rápido. El así llamado horripilantemente Melocotón llega a la frontal del área y decide una cosa. Esa cosa es: se la doy a Chavero. Porque Chavero está descolgado, libre, al borde del fuera de juego pero no tan al borde como para decir que está demasiado al borde. Dos guardianes asaltan a Isi, pero el pase de Isi encuentra pasadizo entre las piernas de uno de los guardianes: sí, sí, el balón ha pasado. Isi acaba de dejar a Chavero delante del portero, a falta de dos minutos, jugando con uno menos desde el minuto 64 por expulsión de Sobregrau. Isi ha dejado solo a ese melenas con pinta de motero seductor. Yo he crecido mirando de reojo telenovelas venezolanas en las que todo giraba alrededor de los Chaveros. También ahora giraba todo alrededor de Chavero. Él corresponde a todas esas molestias que se toma Isi con un control a la altura, no uno de esos controles muertos, no uno de esos controles que sólo detienen, que sólo cumplen un protocolo, no, no, no un beso sin gracia, al revés: su control es un control vivo y un beso con toda la gracia, porque es un control orientado hacia la victoria.

Qué control, Chavero, qué maravilla. Ni demasiado corto ni demasiado largo: de la extensión apropiada para chutar cómodamente. La tiene. Entre el control y el disparo transcurren centésimas de segundo que nos parecen siglos. Acompañamos toda esa ceremonia sobre el césped adoptando una postura adecuada, porque cuando vemos que Chavero la tiene para ganar nos ponemos en pie y orientamos nuestro cuerpo y nuestro espíritu hacia el gol. Vamos, galán de telenovela. Vamos, Chavero, gánalo. Sí, sí, sí, sisisisi... No. Y nos desplomamos. Un desplome, un pasar de la postura ‘en pie’ a esa inconcreta postura que es ‘desplomado’. Chavero la cruza demasiado, Chavero falla, y no ganamos, sino que empatamos a cero contra el Linares.

Duele porque las victorias con uno menos son victorias de cinco puntos. Yo recuerdo una de esas victorias, hace milenios, y realmente fue de cinco puntos. Hablo de un Murcia-Numancia de la 2002/2003, el año del ascenso con Vidal. Expulsaron a Cuadrado y Acciari tuvo que colocarse de central. Sonaron todas las alarmas, lanzaban alaridos las ancianas. El Numancia nos comía, firmaba el empate a uno hasta el dueño de la cantina. Pero entonces, de la nada, al borde del final, Carlos Isach se sacó un misil por la escuadra desde fuera del área y nos llevamos aquel partido de cinco puntos. Qué sensación debió ser llegar después al vestuario y poder decir: Hasta con diez, hostia. Cómo no vamos a subir si ganamos hasta con uno menos. Y realmente subimos. Contra el Linares buscamos durante casi todo el segundo tiempo esa sensación, ese refuerzo divino. Superar este tipo de partidos retorcidos te lleva a otro nivel. No llegamos a ese otro nivel por centímetros. 

La primera parte no sé lo que fue. Una amalgama, una miscelánea extraña, una de esas comidas que sirven en las residencias de ancianos. Un potaje de color indefinido. La solidez en el centro del campo pareció tan lejana como siempre, y dimos por bueno ese idayvueltismo que permite a cualquier rival acercarse sin grandes problemas a nuestra área. Lanzaron un balón al poste y merodearon más de lo que incluso ellos mismos querían merodear, porque luego, en la segunda parte, nos demostraron con sus caricias al empate que tampoco eran entusiastas del merodeo sino entusiastas de la conservación. Ni con un jugador más se lanzaron a por nosotros, lo cual nos hizo crecernos, nos hizo sentir importantes. Ellos sobrevaloraron el poder de nuestro escudo, y cedieron metros, pero nosotros también sobrevaloramos el poder de nuestro escudo, y tomamos esos metros. Fernando Pumar, el mejor, apareció entonces para acercarnos a la victoria de cinco puntos: una internada suya acabó con pase mortal a Azkorra, que ya sin gasolina, estiró las piernas sin acompasarlas bien. El frenesí por llegar a la victoria ocultaba algunas dudas todavía serias.

David Vidal viaja en el tiempo y tiene palabras para José Ruiz y su pasión por cruzar sus cables: "Usted quién es, ¿Mazinger Zeta? ¿El asesino del área? Esos jugadores a mí no me interesan. Los que hacen faltas a mí no me interesan. Le gusta mucho meter unas hostias. Conmigo, nada". Cuatro amarillas lleva ya José Ruiz, que defendió bien pero no renunció a sus dos faltas laterales de cada partido. A José Ruiz le dio igual que el rival estuviera de espaldas en línea de fondo, sin nada que hacer desde ahí: pam, tarascada. No sé si a Aira también le dan igual estas cosas. Lo que tampoco nos dejó indiferentes, para bien, fueron las dos carreras jamaicanas de Germán, ese surcarse medio campo como un camión. Entre los adjetivos 'rápido' y 'potente', yo me quedo con 'potente', lo veo superior, y Germán es potente y potentísimo. ¿Más buenas noticias? Que con muchas lagunas en el centro del campo y algunos trotes camineros bastante sospechosos en algún que otro futbolista, el Murcia llegó al 92 con todas las opciones de sumar cinco puntos. Los cinco puntos salieron rozando el palo. Chavero recibió un pase que olía a cinco puntos, se sacó de la manga un control de cinco puntos y, cuando nos tenía a todos congelados en el espacio-tiempo, preparados para gritar ¡Cinco puntos!, entonces, por apenas unos centímetros, fuimos Pedro Páramo, fuimos el final elegido por Juan Rulfo: «Después de unos cuantos pasos cayó, suplicando por dentro, pero sin decir una sola palabra. Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras.»

Real Murcia: Fernando; José Ruiz, Pumar, Satrustegui, armando, Sobregrau, Azkorra, Chavero, Carlos Álvarez (Isi, 56′) Germán (Rafa, 67′) y Sergio García (Fran Moreno, 72′)

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