Capitán


Villanovense, 0; Real Murcia, 2
A Fernando intentas ponerle el traje de héroe y resulta que las mangas empiezan a quedarle muy cortas, o muy largas, y luego de cintura le va demasiado ancho, o demasiado estrecho. No es un traje que le siente bien, porque todo en él (por dentro) es opuesto al afán de destacar entre el resto, al afán de hacerse notar. Tan silencioso, tan discreto. No cuesta imaginarle como protagonista de una película Nouvelle Vague, paseando con las manos en los bolsillos a orillas del Sena, en un plano secuencia de 20 minutos en el que no se pronuncia una sola palabra, en el que sólo se frunce el ceño. Fernando no es un capitán bravucón, ni charlatán, él no es partidario del verbo decir. De hecho, tan poco aficionado es al verbo decir que algún compañero le ha llegado a pedir que ruja con más volumen en las jugadas a balón parado, para que su ley sea todavía más respetada. A lo que sí es aficionado últimamente Fernando es a proteger los partidos, a plastificarlos para que no se arruguen: ya nos plastificó el choque en casa contra el Algeciras, y el sábado le puso doble forro a lo de Villanueva. 

José Ruiz había edificado un 0-1 en la primera parte, y en ese edificio nos metimos todos y nos resguardamos, esperando que no se derrumbara. Pero el Villanovense, según parece, puso mucho interés en tirar abajo ese edificio, y Fernando tuvo que ahuyentarlos muy esforzadamente. La contención final llegó con el penalti detenido, a mediados de la segunda parte. Un prodigio. Es que nuestro capitán abarcó más espacio del que suele abarcar un portero, es que nuestro capitán mandó una comitiva de su cuerpo a su lado derecho, y, no contento con eso, dejó además otra comitiva en el centro de la portería. Por eso el lanzamiento a lo panenka del jugador del Villanovense se encontró con una comitiva de Fernando, concretamente la comitiva formada por las piernas de Fernando, que negaron el empate y por tanto nos mantuvieron a resguardo y plastificados, aferrados aún a la victoria. "Mi jugador no falló el penalti, sino que lo paró el portero del Murcia", esa deferencia tuvo en rueda de prensa el entrenador del Villanovense. 

Luego, Germán. Luego, el jamaicano, que ya había ayudado a José Ruiz a poner los ladrillos del primer gol. Es la última vez que este chico juega en estos campos: su galopada en el 0-2 es su galopada a una categoría superior, ojalá que en Murcia. Si no, será en cualquier otro sitio. Nadie se desboca así en Segunda B, nadie es capaz de hacer carreras jamaicanas como ésas y después rematarlas con algo delicado, sutil. Un potro salvaje que además sabe tocar el piano, eso es Germán. La Segunda División lo ve todo, y esa carrera no la olvidará fácilmente. Germán celebra su formidable gol sin estridencias, esperando a sus compañeros en una esquina del campo para anexionarse a ellos. En las gradas, medio centenar de murcianistas enajenados ponen los coros al orgasmo. Y en la portería, observándolo todo, seguramente con el ceño fruncido, como en un plano secuencia de peli taciturna, el hombre que había plastificado la victoria. Nuestro capitán.

Real Murcia: Fernando; José Ruiz, Tomás Ruso, Satrústegui, Hostench; Chavero, Rafa (Guilló 63’), Armando, Javi López; Germán (Sergio García 77’) y Azkorra (Arturo 81’).
Goles: 0-1 (José Ruiz, 14') 0-2 (Germán, 75')

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