Trastorno de personalidad


Betis B, 0; Real Murcia, 0
En condiciones normales habríamos salido nosotros agitando la fusta, muy seguros, y ellos se habrían dedicado a esquivar los golpes y a revolverse cuando hubieran podido, pero en la segunda vuelta los equipos en descenso suelen invertir el orden lógico de las condiciones, y las urgencias los visten de líderes. Así, los que cogieron la fusta fueron ellos. Sin grandes ostentaciones, el Betis B fue engañándose a sí mismo en la primera parte hasta convencerse de que ellos eran los líderes, y nosotros el filial doliente. Yo soy tú, y tú eres yo, eso nos dijeron, y nosotros entonces teníamos que haber negado con la cabeza, pero en vez de eso, asentimos. Una vez instalados en ese convencimiento, les dio igual que nosotros nos llamáramos Real Murcia o Bormujos. El Betis B, hoy, habría adelantado la defensa al centro del campo aunque hubiera recibido al Bayern de Guardiola. 

El empate no les valía, y eso a mí al principio me gustó, porque no perdían tiempo y nos jugaban de tú a tú, tomando riesgos. Pero luego me di cuenta de que, al no valerles el empate, se estaban acercando mucho a la victoria, y eso ya no me gustó. Nosotros no estábamos dormidos, pero sí algo pasmados, sorprendidos de que hoy nos tocara ser ellos, en vez de nosotros. En la primera parte, la crisis de identidad casi nos llevó por delante, pero nos aferramos al partido. Lo más problemático era llevar el balón a los delanteros con cierta claridad. Un laberinto había que recorrer para que Carlos y Azkorra recibieran algo en condiciones, pero la salida del laberinto nunca la encontramos. Siempre nos quedábamos enmarañados en continuas pérdidas, y faltas, y en un tráfico que se volvió imposible. "Espesos", dijeron unos. "Planos", dijeron otros. "Sin ideas", añadió alguien. Y sí, sí.

En la segunda parte parecimos recordar quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos. Había que hacer más, y había que dejarse hacer menos. Realmente tuvimos algo más de claridad en ese arranque, combinamos mejor, pero, por razones misteriosas, perdimos esa claridad cuando ellos se quedaron con un jugador menos. Esa superioridad sólo incrementó la frustración, porque de nuestras jugadas sólo nacían niños muertos, porque el centro del campo (aligerado sin Rafa de Vicente) seguía sin saber llegar a las islas de arriba. En la última media hora, el Betis B también recordó quién era exactamente, y sustituyó todos los recogepelotas por tullidos y ancianos, que iban a por los balones entre espasmos y a ritmo subacuático, como si estuvieran andando bajo el agua. Más faltas, más protestas, más pérdidas de tiempo. Nos quedamos atrapados en esa red sin histeria, con cierta aceptación que quizás nos inoculó el colchón en la clasificación. Medio trastornado durante todo el partido, el Murcia firmó probablemente su partido más gris de la temporada, y recibe un serio aviso de cara a las muchas visitas a equipos convalecientes que le restan: ellos querrán ser nosotros, pero nosotros tendremos que impedirlo, recordándoles que, muy al contrario, ellos siguen siendo ellos.

Real Murcia: Fernando; José Ruiz, Satrustegi, Ruso, Hostench, Armando, Chavero, Germán (Arturo, 72'), Sergio García (Isi, 61'), Carlos Álvarez (Javi López, 81) y Azkorra.

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