El pasado y el futuro


Alejandro Oliva  [@betandtuit] 

Real Murcia, 0; Melilla, 0.
La consolidación definitiva en Segunda B, los nuevos precios de los abonos y el cierre de la grada lateral han regenerado esta temporada casi todo el universo nuevocondominero. En general, siempre viene bien que entre aire fresco. Este estadio, además, y a pesar de su juventud, empezó pronto a oler a rancio. A mi pequeño trozo de grada, en ese mundo propio que supone cada trozo de grada, han llegado novedades por detrás y por delante. Atrás, tres o cuatro aficionados serios de mediana edad, en principio animados con el Murcia de Paco, pero que pronto dejaron dudas sobre el estilo de Paco: así no se puede jugar en Segunda B, oí el primer día; mucho toque, pero sin profundidad, el segundo. En la fila de delante, un tipo algo más joven, fino, elegante con su polico, incluso guapo, me atrevería a decir sin haberlo visto bien. En las dos primeras jornadas le acompañó su hijo, de unos 5 años, y cuando marcó Roberto Alarcón contra el Lorca el niño enloqueció, como con un gol de ascenso, y nos transmitió su emoción de esa manera que sólo un niño feliz puede transmitir.

Contra el Melilla, hacia la mitad de la primera parte, entre las primeras quejas de la fila de atrás, me pareció escuchar a uno pedir tranquilidad, porque “siempre marcamos en el 93”. Se ve que tenía uno de esos días de inocencia desmesurada, así que comencé a buscar mentalmente nuestra última victoria importante en el descuento y, cuando estaba llegando al inicio de la década, escuché los nombres de Sergio Ramos y de Morata. Estaban hablando de su equipo, claro. Después siguieron hablando de Guardiola y de la posesión, de que el Murcia no tira a puerta, de que el partido era aburrido. Entonces pensé que, como tantas otras veces en su historia, al Murcia empezaba a juzgarlo en la grada algo que no tiene nada que ver con el murcianismo. Y tampoco tiene que ver con el madridismo, no, aunque lo parezca. Se trata del cortoplacismo, ese enemigo ya no del Murcia, sino de la vida en general, que aparece siempre ansioso, pendiente del maldito resultado, del hoy, del ahora. Se trata de la incapacidad de valorar el trabajo de Paco García, su impecable puesta en escena el domingo, en el mejor partido del Murcia en casa, que no sirve de nada si el equipo no gana. Se trata de ignorar que a veces el buen trabajo sólo da resultado a medio plazo, quizá en la segunda vuelta, ojalá en la recta final, quién sabe si en los playoffs. O qué cojones, el año que viene, o el siguiente. Y mientras el cortoplacismo dudaba, el Murcia crecía. Benito volvía a ser dueño del partido, quizá mejor escoltado por Armando, los laterales llegaban continuamente a Isi y Roberto, y Cuero mostraba que va a ser lo que prometía. Y el Murcia no dejó de crecer tras el descanso, impulsado por los cambios, fresco pese al calor, aplastando al Melilla y haciéndolo todo bien para que el gol llegara tarde, como contra el Lorca, si no hubiera sido por la expulsión. El 0-0 dejó un silencio escéptico en el estadio, que ahora se debate entre el cortoplacismo y las sensaciones. "El pasado y el futuro se unen por tu escudo", canta el himno, pero el Murcia de Paco García va a necesitar que por una vez en cien años dejemos de escuchar a la fila de atrás, pensé mientras miraba el asiento vacío del niño.

Real Murcia: Simón; José Ruiz, Morante, Jaume, Pumar; Armando, Diego Benito; Isi (Iru, 80'), Saura (Titi, 56'), Roberto Alarcón (Nacho Pérez, 69') y Cuero.
Goles: no les hubo.

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