El proceso

 

Balompédica Linense, 3; Real Murcia, 1
Carver se lo preguntaba en ‘De qué hablamos cuando hablamos de amor’, aunque al final la única respuesta estaba en el ruido silencioso que flota cuando se termina la ginebra. Pero algunos se toman muy en serio la pregunta y siguen dándole vueltas a la naturaleza del amor. Como ante cualquier cuestión, la gente parece dividirse en dos bandos: los del destello apasionado, eso que llaman amor a primera vista o flechazo; y los del amor elaborado, más serio; un amor forjado a largo plazo, que crece y se enriquece, más formalico. El amor como si fuera un proceso, visto como “una secuencia de pasos dispuesta con algún tipo de lógica enfocados a lograr algún resultado específico”, como mecanismo diseñado para eliminar problemas y tener cierta seguridad. Un proceso se explica. Un proceso se puede intentar controlar y eso da menos miedo. Es un amor racional, que mantiene su lucha eterna con el que nace de las entrañas. Yo no tengo las cosas muy claras y, quizá como Carver, creo que lo único importante es saber de qué estamos hablando.

Escuché la Balona-Real Murcia con la radio apagada, y quizá por eso terminé preguntándome por la naturaleza de un partido de fútbol. La lectura clásica nos ha empujado siempre a ver los partidos como procesos: como secuencias de pasos con algún tipo de lógica para lograr un resultado específico, y así quizá poder comprenderlos, incluso explicarlos. Si son procesos dan menos miedo. Paco García salió con otro plan: sin medias tintas (si Benito no va a dominar el partido, como en Jumilla, mejor sin Benito, debió pensar) y con más contundencia arriba. Y el plan funcionó en la primera parte. El silencio de la radio, las declaraciones posteriores y las crónicas hablaron de un Murcia mejor, probablemente ganador si los partidos fueran procesos. Pero en el fútbol moderno, profesionalizado, rocoso, tecnificado, casi todos los partidos suelen ser destellos. El Murcia la tuvo y nada, el Murcia la tuvo y nada, la Balona la tuvo y gol. No hay más proceso ni explicación que la del destello apasionado en el área, el flechazo; algo que el Murcia de este año, de momento, no está dominando. Pero lo importante es saber de qué estamos hablando. Saber que no debemos confundir un partido, ni cinco, ni veinte, con una trayectoria, una temporada, un futuro, que sí debe formar parte de un proceso, como bien sabe Paco García, enamorado de ese concepto (“el objetivo es el proceso, hacer las cosas bien durante el proceso”). No recuerdo cómo llegué a querer al Murcia, si fue un amor a primera vista o algo más elaborado, aunque me temo que al Murcia sólo se le quiere desde las entrañas. No estoy seguro de cómo fue, pero sí de que hay que agarrarse al Bielsa del Barrio del Carmen por muchas derrotas que lleguen, a su idea, a su proyecto de un Murcia que siga haciéndonos sentir que hay algo más allá del ruido silencioso que flota cuando se termina la ginebra.

Real Murcia: Diego Rivas, Paris Adot, Jaume Sobregrau, Román Golobart, Pumar, Jon Iru (Diego Benito, 67'), Armando, Titi, Isi, Borjas (Nacho Pérez, 75') y Wilson Cuero (Roberto Alarcón, 31').
Goles: puff.

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